No sabía que ya estábamos tan cerca del baño, estaba lista para limpiarme, pero no todo se resuelve con agua fría y un poco de cuidado. Cuando la giré y su espalda dio con la pared, fue un impulso nacido por algo diferente y a la vez parecido a lo que es el deseo y la atracción, era la primera chica a quien besaba sin dudarlo. Buscaba la ternura que muestra en apariencia aquella tierna mujer pelirroja que me ayudó a encontrar el baño. Escuché su respiración con mi oído delicado ¿cómo estaría su corazón?
Tenía el impulso de inspeccionar, probar, empujar, pero ese deseo de afecto no lo formulaba con palabras, solo se verifica con actos, teniendo en cuenta que nadie me enseñó los límites, el alcohol menos me hacía dar cuenta de cuando lo estaba haciendo. Tomé su afecto sin preguntar, sin sentirme culpable y sin querer huir. La tomé de su cintura como ella tomaba su instrumento y cuando mis labios tocaron los suyos creo sentir a ella reaccionar. Con los ojos entreabiertos vi sus ojos y como el color le subía a las mejillas. No la besé solo por ser una hermosa mujer, pero de todas maneras…
Mis labios se movieron despacio y cuando sentí sus manos en mis hombros no lo me pareció un rechazo, solo una pausa, ¿quería respirar? Antes de separarnos intenté grabar el momento antes de que ella se me escapara. La miré con una sonrisa pero que ya no era una provocación. Luego respondió con un titubeo, confirmando su nombre y la vi alejarse un poco, creando espacio, pero no intenté invadírselo. Solté su cintura despacio, devolviendo su lugar, su dominio, su cuerpo, mientras ella también se movía a un lado. Mi mano quedó suspendida un segundo, indecisa, y después cayo a mi costado.
—¿Estás bien? Lo lamento, ¿trabajas aquí, verdad? ¿Aquí tambien se paga con besos?— pregunté a la muchacha a quien la sentía confundida. A donde iba pagaba las cosas con besos, solo a las mujeres, aunque a veces no sabía quien era hombre. Ya casi con el tiempo llega a dar igual y mis actos ya casi no necesitaban una interpretación de que fuesen por algo emocional, o al menos eso me decía siempre, porque yo no creía en el amor. Lo reprimía hasta que desapareciera, pero no, nunca desaparece. Intentaba matarlo miles de veces diciéndome que todo es una ilusión y que sería una tonta en creer en los sentimientos.
—¿Enfriarnos el rostro? ¿Quieres entrar al baño conmigo?— Le pregunté aun manteniendo la pequeña sonrisa. Si la mujer deseaba algo más creo que con ella sería la única con la que no dudaría en aceptar un momento así. Pero vaya… no podía pensar en eso ahora, tenía un plan. —Ah… mi nombre es Lana, solo Lana. Es un gusto, Miyori.— Respondí colocando mis manos detrás de la espalda. —Estoy bien… empapada. También necesitaré ropa nueva, ¿podrías buscarme algo?—
Tenía el impulso de inspeccionar, probar, empujar, pero ese deseo de afecto no lo formulaba con palabras, solo se verifica con actos, teniendo en cuenta que nadie me enseñó los límites, el alcohol menos me hacía dar cuenta de cuando lo estaba haciendo. Tomé su afecto sin preguntar, sin sentirme culpable y sin querer huir. La tomé de su cintura como ella tomaba su instrumento y cuando mis labios tocaron los suyos creo sentir a ella reaccionar. Con los ojos entreabiertos vi sus ojos y como el color le subía a las mejillas. No la besé solo por ser una hermosa mujer, pero de todas maneras…
Mis labios se movieron despacio y cuando sentí sus manos en mis hombros no lo me pareció un rechazo, solo una pausa, ¿quería respirar? Antes de separarnos intenté grabar el momento antes de que ella se me escapara. La miré con una sonrisa pero que ya no era una provocación. Luego respondió con un titubeo, confirmando su nombre y la vi alejarse un poco, creando espacio, pero no intenté invadírselo. Solté su cintura despacio, devolviendo su lugar, su dominio, su cuerpo, mientras ella también se movía a un lado. Mi mano quedó suspendida un segundo, indecisa, y después cayo a mi costado.
—¿Estás bien? Lo lamento, ¿trabajas aquí, verdad? ¿Aquí tambien se paga con besos?— pregunté a la muchacha a quien la sentía confundida. A donde iba pagaba las cosas con besos, solo a las mujeres, aunque a veces no sabía quien era hombre. Ya casi con el tiempo llega a dar igual y mis actos ya casi no necesitaban una interpretación de que fuesen por algo emocional, o al menos eso me decía siempre, porque yo no creía en el amor. Lo reprimía hasta que desapareciera, pero no, nunca desaparece. Intentaba matarlo miles de veces diciéndome que todo es una ilusión y que sería una tonta en creer en los sentimientos.
—¿Enfriarnos el rostro? ¿Quieres entrar al baño conmigo?— Le pregunté aun manteniendo la pequeña sonrisa. Si la mujer deseaba algo más creo que con ella sería la única con la que no dudaría en aceptar un momento así. Pero vaya… no podía pensar en eso ahora, tenía un plan. —Ah… mi nombre es Lana, solo Lana. Es un gusto, Miyori.— Respondí colocando mis manos detrás de la espalda. —Estoy bien… empapada. También necesitaré ropa nueva, ¿podrías buscarme algo?—
