08-02-2026, 07:35 PM
Aquel viejo burro había aprendido, hace ya varios años, a valorar esos pequeños momentos; a dejarse sorprender por la vida e intentar que, así fuese lo más minúsculo o rutinario, su espíritu lograra encontrar un destello de bondad en ello. Y así, el fluir del destino lo había llevado justo a donde debía estar: en aquel rincón escondido del South Blue, en el reino de Samba, donde Zhang tenía que estar en ese preciso instante.
+3
Su pelaje gris se erizó un poco, y su electro se activó apenas un instante, una chispa fugaz que recorrió su cuerpo para apreciar la majestuosidad frente a sus ojos. No necesitaba palabras para expresarlo; su rostro, marcado por los años y las decisiones que marcaron su vida, mostraba una tranquilidad tan profunda que resultaba contagiosa para cualquier alma inquieta.
La voz de su joven compañera logró traerlo de vuelta desde lo más profundo de sus pensamientos, ese lugar donde suele conversar con su propio "burro interior".
+1
—Hmmm... —murmuró Zhang casi instintivamente ante el llamado de Bai, quien parecía haber encontrado finalmente aquello por lo que habían atravesado media selva. —Dragón... —susurró el mink, sin estar del todo seguro, pero con la confianza de quien sabe que los encuentros no son casuales.
+3
Se acercó entonces a aquellos árboles milenarios, que daban la impresión de haber permanecido allí durante cientos de años, aguardando pacientemente este día. Con la curiosidad propia de un recolector, Zhang se aproximó a Bai, quien señalaba su dibujo. El viejo ladeó la cabeza e intentó enfocar la vista con su único ojo bueno, forzándolo lo suficiente para un anciano que llevaba media vida viendo el mundo a medias.
+4
—Vaya suerte tenemos, joven —dijo el burro, soltando un resoplido, aún sin comprender del todo cómo habían terminado en ese lugar exacto.
+1
Bai parecía emocionada y sus movimientos eran algo apresurados; ver tanta energía le dio algo de gracia al viejo médico, quien comenzó a leer con prisa aquellas anotaciones respecto al árbol.
Zhang tomó la revista entre sus manos arrugadas y, acercándola a su ojo, leyó en voz alta con su voz grave y pausada: — El corazón del dragón no emerge en su interior, sino que late en la resina de su corteza...— Cerró el pliego con un golpe seco y siguió a su compañera, quien ya buscaba con la navaja el lugar exacto del tronco. Al pasar cerca de las raíces, se agachó con lentitud y recogió un par de hojas caídas, de un verde tan intenso que parecían contener el espíritu del bosque; las guardó en su bolsa de cuero junto a sus otros remedios naturales.
+3
Finalmente, con un movimiento ceremonioso, sacó su termo de té siempre caliente y un par de tazas de cerámica desgastada. Miró a Bai y, señalando el árbol y luego el vapor que emanaba de la infusión, le preguntó con palabras y señas amables si le apetecía probar un poco de té de dragón bajo aquella sombra sagrada... Al final, había sido un día provechoso, y el burro y el ángel, lograrían abastecerse de insumos naturales.
El burro, terminaría de preparar aquella infusión, mientras observaba a su compañera hacer arte con aquella navaja, parecía muy diestra con ese tipo de artefactos, propios de un medico experimentado. Bai Mudan cada día le mostraba mayores facetas, y Zhang solo deseaba poder hablar con ella como era debido. — Toma un descanso señorita Bai— Dijo el burro, mientras apuntaba el suelo y la taza caliente, luego de tanto alboroto, era necesario un instante de paz.
+3
Su pelaje gris se erizó un poco, y su electro se activó apenas un instante, una chispa fugaz que recorrió su cuerpo para apreciar la majestuosidad frente a sus ojos. No necesitaba palabras para expresarlo; su rostro, marcado por los años y las decisiones que marcaron su vida, mostraba una tranquilidad tan profunda que resultaba contagiosa para cualquier alma inquieta.
La voz de su joven compañera logró traerlo de vuelta desde lo más profundo de sus pensamientos, ese lugar donde suele conversar con su propio "burro interior".
+1
—Hmmm... —murmuró Zhang casi instintivamente ante el llamado de Bai, quien parecía haber encontrado finalmente aquello por lo que habían atravesado media selva. —Dragón... —susurró el mink, sin estar del todo seguro, pero con la confianza de quien sabe que los encuentros no son casuales.
+3
Se acercó entonces a aquellos árboles milenarios, que daban la impresión de haber permanecido allí durante cientos de años, aguardando pacientemente este día. Con la curiosidad propia de un recolector, Zhang se aproximó a Bai, quien señalaba su dibujo. El viejo ladeó la cabeza e intentó enfocar la vista con su único ojo bueno, forzándolo lo suficiente para un anciano que llevaba media vida viendo el mundo a medias.
+4
—Vaya suerte tenemos, joven —dijo el burro, soltando un resoplido, aún sin comprender del todo cómo habían terminado en ese lugar exacto.
+1
Bai parecía emocionada y sus movimientos eran algo apresurados; ver tanta energía le dio algo de gracia al viejo médico, quien comenzó a leer con prisa aquellas anotaciones respecto al árbol.
Zhang tomó la revista entre sus manos arrugadas y, acercándola a su ojo, leyó en voz alta con su voz grave y pausada: — El corazón del dragón no emerge en su interior, sino que late en la resina de su corteza...— Cerró el pliego con un golpe seco y siguió a su compañera, quien ya buscaba con la navaja el lugar exacto del tronco. Al pasar cerca de las raíces, se agachó con lentitud y recogió un par de hojas caídas, de un verde tan intenso que parecían contener el espíritu del bosque; las guardó en su bolsa de cuero junto a sus otros remedios naturales.
+3
Finalmente, con un movimiento ceremonioso, sacó su termo de té siempre caliente y un par de tazas de cerámica desgastada. Miró a Bai y, señalando el árbol y luego el vapor que emanaba de la infusión, le preguntó con palabras y señas amables si le apetecía probar un poco de té de dragón bajo aquella sombra sagrada... Al final, había sido un día provechoso, y el burro y el ángel, lograrían abastecerse de insumos naturales.
El burro, terminaría de preparar aquella infusión, mientras observaba a su compañera hacer arte con aquella navaja, parecía muy diestra con ese tipo de artefactos, propios de un medico experimentado. Bai Mudan cada día le mostraba mayores facetas, y Zhang solo deseaba poder hablar con ella como era debido. — Toma un descanso señorita Bai— Dijo el burro, mientras apuntaba el suelo y la taza caliente, luego de tanto alboroto, era necesario un instante de paz.
Zhang Guolao
"El vacío no se mueve, pero lo contiene todo"
❄ La Calma del Vacío
฿ 226,000,000
?Nv.19 — Logia Yuki Yuki
