08-02-2026, 10:20 PM
Moja escuchó con atención las indicaciones y observó cómo el grupo finalmente tomaba el camino de la izquierda. Durante ese tramo decidió mantenerse a ras de suelo, avanzando junto al resto de la unidad. Aun así, no bajó la guardia: mantuvo sus dos flechas vectoriales activas, flotando a ambos lados de su cuerpo, listas para reaccionar ante cualquier ataque repentino. No tardó en notar el primer peligro. Una nube de insectos emergió desde la vegetación frontal y se lanzó contra la vanguardia del grupo. Moja tensó el cuerpo de inmediato, colocándose ligeramente de lado, preparado para intervenir si la situación se descontrolaba. Observó con atención cómo el enjambre se dispersaba poco a poco, memorizando el comportamiento de aquellas criaturas; no eran insectos comunes, y eso le dejó una sensación incómoda en el estómago.
Poco después, llegaron al lago que Moja había divisado desde las alturas. Ahora, desde tierra firme, el lugar resultaba aún más inquietante. El agua tenía un tono apagado, antinatural, y el aire a su alrededor desprendía un olor extraño, denso. Moja frunció ligeramente el ceño: todo en aquel entorno transmitía la impresión de estar contaminado o envenenado. Instintivamente, ajustó su respiración y aceptó el tabaco que se repartía, utilizándolo como repelente improvisado contra los insectos que aún rondaban la zona. Con los sentidos alerta, Moja reanudó la marcha junto al grupo por el sendero que bordeaba el lago. Sus pasos eran silenciosos, calculados. Las flechas vectoriales se desplazaban con él, girando suavemente como si respondieran a su estado de alerta.
Cuando el grupo se dividió para avanzar por ambos flancos del camino, Moja se desplazó hacia el lado derecho, colocándose de forma natural unos pasos por detrás. Giró la cabeza un instante para asegurarse de que nadie quedaba expuesto y entonces habló con voz firme y calmada:
-A sus órdenes, comandante. Le cubro la retaguardia.-
Tras pronunciar aquellas palabras, Moja adoptó una postura más baja y flexible, preparado para reaccionar ante cualquier amenaza que surgiera desde la espesura. Sus ojos dorados recorrían cada sombra, cada movimiento entre los árboles. Si algo intentaba atacar por detrás, no pasaría de él. La tensión aumentaba a cada paso, y Moja lo sabía: aquel lago no era solo un punto de paso, sino una advertencia de que algo muy errado aguardaba más adelante.
Poco después, llegaron al lago que Moja había divisado desde las alturas. Ahora, desde tierra firme, el lugar resultaba aún más inquietante. El agua tenía un tono apagado, antinatural, y el aire a su alrededor desprendía un olor extraño, denso. Moja frunció ligeramente el ceño: todo en aquel entorno transmitía la impresión de estar contaminado o envenenado. Instintivamente, ajustó su respiración y aceptó el tabaco que se repartía, utilizándolo como repelente improvisado contra los insectos que aún rondaban la zona. Con los sentidos alerta, Moja reanudó la marcha junto al grupo por el sendero que bordeaba el lago. Sus pasos eran silenciosos, calculados. Las flechas vectoriales se desplazaban con él, girando suavemente como si respondieran a su estado de alerta.
Cuando el grupo se dividió para avanzar por ambos flancos del camino, Moja se desplazó hacia el lado derecho, colocándose de forma natural unos pasos por detrás. Giró la cabeza un instante para asegurarse de que nadie quedaba expuesto y entonces habló con voz firme y calmada:
-A sus órdenes, comandante. Le cubro la retaguardia.-
Tras pronunciar aquellas palabras, Moja adoptó una postura más baja y flexible, preparado para reaccionar ante cualquier amenaza que surgiera desde la espesura. Sus ojos dorados recorrían cada sombra, cada movimiento entre los árboles. Si algo intentaba atacar por detrás, no pasaría de él. La tensión aumentaba a cada paso, y Moja lo sabía: aquel lago no era solo un punto de paso, sino una advertencia de que algo muy errado aguardaba más adelante.
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