09-02-2026, 12:35 AM
Todo en ella me desconcertó.
Parecía envuelta en sedas y misticismo, pues en vez de la sonrisa que me regaló aquella primera vez —o de esa energía desbordante propia de un Holi~— todo en Hae-won era pausado. Una calma contagiosa, que agradecía sobremanera.
—Puede tutearme si lo desea. —Mantuve las formalidades a pesar de mi oferta, pues desconocía si lo contrario podría incomodarla—. Después de todo, somos compañeros.
Pasaríamos más tiempo juntos del que cabría imaginar. Seguí la dirección de su mirada hacia el firmamento y me hallé, sin darme cuenta, rascándome el lunar. Una costumbre adquirida, especialmente patente cuando me encontraba frente a situaciones que no interpretaba con claridad.
—¿Qué me motivó a convertirme en Marine? —Decidí ocupar un lugar a su lado, incluso si eso significaba llenarme los pantalones de arena—. La justicia, por supuesto.
Y la seguridad, en realidad. Sin embargo, esa parte la omití: el anhelo de sentirme dueño y único responsable de mi vida. Había llegado a Baterilla siguiendo las instrucciones de mi ángel de la guarda personal. Tenía razón cuando me dijo que aquí encontraría las respuestas que buscaba.
—Conocí a Nyra cuando tenía dieciocho años. Ella era Marine. Me ayudó en una pequeña trifulca contra un alcohólico y, bueno, —Me encogí de hombros—, me di cuenta de que podía hacer mucho más desde aquí.
Puede que no fuera toda la verdad, pero poco importaba lo demás. Al ver la autoridad que destilaba y el modo en que muchos parecían respetar el uniforme, vi la oportunidad de dejar de recibir puñetazos en trifulcas de poca monda. Me remangué hasta los codos y apoyé sendas manos hacia atrás para reclinaeme y obtener mejor ángulo de las constelaciones.
—¿Y tú? ¿Qué te ha traído hasta aquí? —Hae-won apenas me miraba, así que intenté hacer lo mismo para no incomodarla—. ¿Este es el asunto importante que deseabas tratar?
Me costaba imaginar que no hubiera más.
Parecía envuelta en sedas y misticismo, pues en vez de la sonrisa que me regaló aquella primera vez —o de esa energía desbordante propia de un Holi~— todo en Hae-won era pausado. Una calma contagiosa, que agradecía sobremanera.
—Puede tutearme si lo desea. —Mantuve las formalidades a pesar de mi oferta, pues desconocía si lo contrario podría incomodarla—. Después de todo, somos compañeros.
Pasaríamos más tiempo juntos del que cabría imaginar. Seguí la dirección de su mirada hacia el firmamento y me hallé, sin darme cuenta, rascándome el lunar. Una costumbre adquirida, especialmente patente cuando me encontraba frente a situaciones que no interpretaba con claridad.
—¿Qué me motivó a convertirme en Marine? —Decidí ocupar un lugar a su lado, incluso si eso significaba llenarme los pantalones de arena—. La justicia, por supuesto.
Y la seguridad, en realidad. Sin embargo, esa parte la omití: el anhelo de sentirme dueño y único responsable de mi vida. Había llegado a Baterilla siguiendo las instrucciones de mi ángel de la guarda personal. Tenía razón cuando me dijo que aquí encontraría las respuestas que buscaba.
—Conocí a Nyra cuando tenía dieciocho años. Ella era Marine. Me ayudó en una pequeña trifulca contra un alcohólico y, bueno, —Me encogí de hombros—, me di cuenta de que podía hacer mucho más desde aquí.
Puede que no fuera toda la verdad, pero poco importaba lo demás. Al ver la autoridad que destilaba y el modo en que muchos parecían respetar el uniforme, vi la oportunidad de dejar de recibir puñetazos en trifulcas de poca monda. Me remangué hasta los codos y apoyé sendas manos hacia atrás para reclinaeme y obtener mejor ángulo de las constelaciones.
—¿Y tú? ¿Qué te ha traído hasta aquí? —Hae-won apenas me miraba, así que intenté hacer lo mismo para no incomodarla—. ¿Este es el asunto importante que deseabas tratar?
Me costaba imaginar que no hubiera más.
