[Presente Relativo] Una investigación rutinaria
#1
Tras meses entrenando como Marine y haciendo labores cotidianas en la base, Ikirami había recibido su primera misión. Claramente, no se trataba de algo muy emocionante, una simple revisión del contenido científico de los libros que iban a salir de Ohara en el próximo envío. Para otro Marine, es probable que esta misión fuese aburrida, sin embargo Ikirami estaba extremadamente emocionada. Toda su vida estaba enfocada a un objetivo: conocer más sobre las Akuma no mi y su localización. ¿Y que mejor lugar para conseguir información que Ohara? Pues ninguno. Como todavía tenía tiempo, aprovecharía para investigar.

Tras desembarcar en el puerto junto con algunos otros marines, se cambió su uniforme por ropa común. Si tenia que investigar, mejor pasar desapercivida. Se vistió con una camisa negra ligeramente desabotonada, sus apreciados guantes de piel negra y unos pantalones largos y ceñidos de algodón rojos como su pelo. Por supuesto, se llevó consigo una bolsa con una libreta, catalejo, su identificación de Marine y una botellita de salsa picante. En este caso, salsa Sriracha, una especialidad elaborada con pimientos picantes fermentados con ajo, toda una delicia.

Se encaminó al centro de Engan, que era un pueblo modesto de edificios redondeados, casi como pequeñas torres de ladrillos de roca blanquecina. Todo estaba cubierto de vegetación, pero muy bien cuidada. Los lugareños que caminaban por él a menudo cargaban con libros, material de escritura y de investigación. En general se respiraba un ambiente tranquilo y acogedor.

-Buenos días, señorita. ¿Está aquí por turismo? 
Un hombre mayor de aspecto un tanto desaliñado se había acercado a ella cuando admiraba las edificaciones.

-Buenas tardes, señor. Se podría decir que sí -contestó ella a la vez que le dedicaba una ligera sonrisa al hombre-. He escuchado hablar muy bien de este lugar. Una parada obligatoria para cualquiera que se considere medianamente erudito.

-Oh, ¿es usted una? Pues escuche, tengo algo que le podría interesar -dijo mientras echaba una ojeada rapida a su alrededor. Sacó de un bolsillo un trozo de metal dorado con un intrincado diseño tallado en ella, de apariencia antigua-. Esto es un fragmento de unas ruinas que desenterraron los mejores arqueólogos de Ohara en el Grand Line. Es totalmente de oro, y que formaba parte de una escultura que medía más de quinientos metros, ¡una maravilla de la antiguedad! Mira, acercate -le dijo mientras ponía el fragmento ante ella y señalaba las marcas en ella-. Esto que ves es un lenguaje que nadie ha sido capaz de descifrar. ¿Le interesa? Seguro que el que lo descifre obtendrá fama y reputación por todo el mundo, incluso podría llevarle hasta la estatua. ¿Se imagina? Todo ese oro esperando a que alguien lo encuentre.

Con el primer vistazo, Ikirami se había dado cuenta de que era falso. Una simple piedra coloreada con polvos de mica dorados. Era una estafa muy habitual para hacer pasar algo por oro. Y tenía una forma muy fácil de detectarse, dejaba polvo dorado en los dedos cuando lo tocabas, y los del anciano estaban recubiertos.
"Vaya... Y yo que solo quería buscar una biblioteca..." pensó Ikirami. "Pero el deber me llama. Y quién sabe, tal vez hasta sea divertido"

-Vaya, sí que es todo un descubrimiento. ¡Increíble! -dijo ella aparentando verdadero interés- ¿Y cuánto costaría? ¿Tiene más cosas así de interesantes? Sabía que tenía que venir a Ohara con todos mis ahorros, aunque mi madre dijese que era una estupidez. Por favor, enséneme más, estoy dispuesta a comprarle todo si es así de interesante.

Al escuchar esas palabras, el hombre abrió los ojos y esbozó una sonrisa en su rostro que apenas pudo contener. Era su día de suerte. Con un gesto triunfante, el anciano asintió con entusiasmo y condujo a Ikirami a través de las calles serpenteantes de Engan, hasta llegar a una casa discreta con una puerta de madera que rechinaba al abrirse. 

-Esta es mi humilde tienda- declaró, mientras le hacía señas para que entrara en el sospechoso lugar.

El interior estaba atestado de estantes que crujían bajo el peso de libros de aspecto antiguo, mapas descoloridos y todo tipo de artefactos que prometían historias de otras eras. A Ikirami no le pasó por alto el olor a papel viejo y tinta, una mezcla de sabiduría y decadencia.

-Vea, señorita, estos son los tesoros que Ohara esconde. Cada uno es una puerta a lo desconocido, ¡un enigma esperando ser descubierto!- proclamó el hombre, mostrando una serie de objetos con supuestas historias fascinantes, cada uno con un precio más exorbitante que el anterior.

Ikirami asintió y fingió admirar las reliquias, su mente tejiendo la red de su captura. 

-Esto es magnífico- dijo ella, su voz tan elaborada como las falsificaciones que le mostraban. -No obstante, debo decirle que hay un detalle que usted parece haber pasado por alto.

El anciano, cuyo semblante de avaricia se tensó ante la intriga, inclinó su cabeza, invitando a la revelación. Ikirami se acercó, sacó su identificación de Marine y la mostró con la solemnidad de un juez.

-Está usted bajo arresto por fraude y engaño a los ciudadanos de Ohara -declaró con autoridad, mientras la falsa sorpresa se deslizaba del rostro del hombre, reemplazada por una resignación culpable.

Con un breve forcejeo, el anciano fue sometido y entregado a los guardias de la ciudad, que lo aceptaron con un murmullo de desaprobación. No era la primera vez que uno de los suyos caía en la trampa del oro falso.

-Me ocuparé de examinar el material falso- propuso Ikirami, usando su ingenio para revisar si había algo de valor entre tanta basura. Los guardias asintieron, agradecidos por la ayuda de un Marine.

Mientras fingía su labor, sus ojos se posaron sobre un volumen que destacaba entre los demás: un libro antiguo, con el lomo desgastado y las páginas amarillentas por el tiempo, pero su aura era diferente, casi vibrante con el eco de autenticidad. Con discreción, Ikirami lo tomó, ocultándolo entre sus pertenencias. "Este merece una inspección más detallada," pensó, ya imaginando el momento en el que, en la tranquilidad de su cuarto, desentrañaría los secretos que aguardaban entre sus páginas.

Así, con un libro que prometía conocimiento genuino bajo el brazo, Ikirami se retiró de la tienda del estafador. De vuelta a su objetivo por saciar su curiosidad por las Akuma no mi. Lista para descubrir que más le esperaba en las páginas de la historia de Ohara.
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[Presente Relativo] Una investigación rutinaria - por Ikirami - 06-11-2023, 07:08 PM

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