[Pasado] En los barriles del olvido | [Privado]
#3
Narrador / María Merlot

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¿Cuándo un día era perfecto?
Simple…
Cuando ese día estaba con Hyakinthos.

El hombre de cabellos rosados era quien le había dado la vida, aunque Ashveil fue quien la salvo, el medico no la dejo morir… le dio la oportunidad de seguir respirando y por eso cada latido de su corazón le pertenecía, lo que él dijera, lo que él quisiera, ella movería cielo, mar y tierra para conseguirlo, por suerte, nunca se había aprovechado de su idolatría; Hyakinthos se comportaba como un caballero, como un guardián cuidando algo de suma valía… a veces, de manera fugaz, ella se preguntaba, por qué él le tenia tanta paciencia. Tal vez, no eran tan diferentes, quizás su destino siempre fue encontrarse entre tanta gente.

María estaba radiante, su sonrisa adornaba sus labios. Sonreía a todos, saludaba a los desconocidos, y guiñaba a quienes se quedaban mucho tiempo viéndola. Estaba acostumbrada, y hasta lo tenia como parte de su esencia, no pasar desapercibida… después de todo su herencia sirena, cautivaba siempre a propios y extraños, su mayor tesoro, su peor pesadilla. Su vestimenta en esa salida consistía en un corto pantalón de mezclilla, un top blanco con intrincado diseño tribal hecho con hilo blanco tornasol, y una camisa overside blanca que usaba como “chaqueta”. Muy diferente al estilo “oriental” y etéreo de su Algodón de Azúcar. Si no hubiera tenido miedo de que la dejaran atrás, se hubiera cambiado a algo que combinara con el pelirrosado pero, no podía perder la oportunidad de salir de paseo con él; bueno, de misión.

Quizá es su venganza porque siempre lo molestas con que solo sabe cocinar sopas

La voz del masculino la hizo apartar la vista de una tiendita de antigüedades, que casi juraba... había visto por quinta vez — … es que solo me daba sopas, es su culpa por no variar el menú… — respondió con una sonrisa traviesa mientras se encogía de hombros, la verdad él también le daba ensaladas, pero intentar molestarlo con las sopas siempre le había parecido divertido. Cuando él comento lo del banquete, y que los habían enviado lejos para no estar... ella sonrió  — … Dónde estés tú, ese sería mi lugar favorito siempre, Algodón de Azúcar, así que no importa si tienen una fiesta con enanos, unicornios y una ruleta sambera, porque estoy justo dónde quiero estar… a tu lado — su voz tan alegre y encantadora iba blindada de lealtad. Finalizo sus palabras formando un corazón con sus manos que apuntaban al apuesto profesional de la salud, aunque después las uso como abanico para ayudarlo a mitigar el calor, quizás su atuendo… tenía mucha tela.

Creo que, después de todo, el cocinero no estaba bromeando, jeje

Su voz salió ¿emocionada? al parecer habían encontrado el sitio, aunque en el fondo ella quería continuar caminando a su lado. Sin embargo, esa idea se esfumo, porque hacia rato había empezado a morder su labio, lo que significaba que se estaba estresando, por eso María no dijo nada más, dejo que su cálida mano la sujetara y la llevara con él hasta dónde quisiera. Por un momento el mundo desapareció, para la semi sirena solo estaba el contacto con el masculino, quien era su todo; ella siempre evitaba tocarlo, pero cuando él rompía la distancia, no lo iba a rechazar, más bien lo disfrutaba y atesoraba en su corazón y memorias.

Cuando entraron al sitio, se veía a los ojos de la celeste, como otro restaurante más, lo único distinto que tenía, es que Hyakinthos lo alumbraba con su presencia angelical. Así terminaron en la barra, el contacto entre ambos se había roto, dejando un vacío en el corazón de María, quien solo pudo suspirar resignada a esperar otro momento mágico como esa breve unión de manos.

La joven sintió un par de miradas sobre ella, su sonrisa se mantuvo y no había terminado de sentarse en la barra cuando un hombre de mediana edad apareció del otro lado ofreciéndole algo de beber y la carta — …Hola, buen hombre. Dos limonadas con mucho hielo, y arroz, solo arroz, nada más, un bol con arroz y uno más pequeño con maní, por favor — pidió algo que pudiese comer, y las bebidas más refrescantes para aplacar el golpe de calor de su ídolo.

Antes de poder preguntarle algo, la voz de Hyakinthos se hizo presente, haciendo que la mirada de la celeste se enfocara en él y luego en la enorme y morena mujer sentado a su lado. La sirena parpadeo, ella sabia del problemita de memoria de su nakama. Sin pensarlo mucho se levanto de su puesto, ella estaba al lado del pelirrosado, camino y se sentó al lado de la mujer, haciendo quedar a la desconocida entre ambos en la barra.

— ¡Oye, oye! ¡Despierta! ¿Necesitas un médico? — le pregunto moviéndola por el hombro, luego levanto su mirada a Hyakinthos — ¿Le doy respiración boca a boca? — ella no tenia ni idea de cómo hacerlo, pero había leído algo en uno de los libros del medico — … rápido, tu, trae tijeras, algodones, agua caliente, nuestras limonadas, y crema para las manos — se sentó en la barra empezando a dar ordenes absurdas, o no tan absurdas, en su cabeza con las tijeras apartaría el cabello, con los algodones limpiaría si la cortaba, el agua caliente para desinfectar y las limonadas porque tenían mucho calor… ¿y para qué? No lo sabía, el medico era Hyakinthos… así que lo miro expectante, a que diera inicio a la intervención médica.


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Karma Fanático: Hyakinthos. 
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RE: [Pasado] En los barriles del olvido | [Privado] - por Maria Merlot - 09-02-2026, 03:02 AM

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