Me quedé mirándola un segundo más, me encontraba erguida y ella negó con la cabeza, se cruzo de brazos. —Entonces no es ese tipo de lugar. No era un juego la pregunta con pagar con besos. Es algo que me piden, pero supongo que eres más normal de los que he conocido— Dije sin burla, meditando de qué tal vez la chica venía de un lugar más protegido, y no le pasan cosas locas. Estaba igual que la pelirroja, a mi tampoco me gusta hacer cosas sin ganas.
Alzo la voz para responder mis preguntas sobre el baño y parpadee dos veces o tres o muchas veces. —¿Por qué te enojas, pelirroja? Si fue algo que tú dijiste— Le pregunté confundida, claro, a mi me pareció que al decir que quería lavarse la cara era que quería usar el baño. Me llevé un dedo a los labios, como si quisiera descubrir lo que la otra pudiese estar pensando. Mi mente pensaba mal muchas veces, con doble sentido, y antes de ser directa me gusta preguntar, pero parece que eso molesta igual.
Después se calmó, estaba más tranquila al escuchar mi nombre. Pero su cambio de emoción me hizo entender que la muchacha no era apta para lo que pensaba hacer. Le pedí entonces a la sirvienta que robara… buscara una ropa de cambio y de allí di unos pasos en dirección del baño y entré, pero antes me detuve a decirle —Oye. Tocas bien esa cosa que tienes. ¿Y la ropa? Debes entrar a la puerta de allá, al final de todo esto—. Dije indicándole con la mano sin mucho esfuerzo, fue algo al azar.
En el baño tomé algunos papeles, unos varios, los arrugué en mi mano y empecé a pasarlos sobre mis clavículas y el pecho, lo que molestaba era más el olor que le quedó al vestido, pero después de la limpieza salí, esperando no encontrarme con la pelirroja y fui de nuevo al salón, junto con los demás fiesteros y pasé al lado de ellos, con cuidado, tomando cada pertenencia. Aunque no podía decir que era experta. Hasta que de repente alguien gritó, un hombre —Ladrona, te vi sacándome el reloj! No te lleves mi reloj! te voy a hacer picadillo— “Carajo” fue lo unico que pensé y corrí.
Corrí fuera del salón, pasé el pasillo, salté por la baranda y caí a la orilla, cerca de la arena mojada. No era buena idea correr ni caer con tacones. Cansada avance a la arena seca y me arrodille para ordenar lo que robé: el reloj, un anillo, un collar… pero espera, nada era de oro, todo imitación, ¿era acaso una fiesta de disfraces?
Alzo la voz para responder mis preguntas sobre el baño y parpadee dos veces o tres o muchas veces. —¿Por qué te enojas, pelirroja? Si fue algo que tú dijiste— Le pregunté confundida, claro, a mi me pareció que al decir que quería lavarse la cara era que quería usar el baño. Me llevé un dedo a los labios, como si quisiera descubrir lo que la otra pudiese estar pensando. Mi mente pensaba mal muchas veces, con doble sentido, y antes de ser directa me gusta preguntar, pero parece que eso molesta igual.
Después se calmó, estaba más tranquila al escuchar mi nombre. Pero su cambio de emoción me hizo entender que la muchacha no era apta para lo que pensaba hacer. Le pedí entonces a la sirvienta que robara… buscara una ropa de cambio y de allí di unos pasos en dirección del baño y entré, pero antes me detuve a decirle —Oye. Tocas bien esa cosa que tienes. ¿Y la ropa? Debes entrar a la puerta de allá, al final de todo esto—. Dije indicándole con la mano sin mucho esfuerzo, fue algo al azar.
En el baño tomé algunos papeles, unos varios, los arrugué en mi mano y empecé a pasarlos sobre mis clavículas y el pecho, lo que molestaba era más el olor que le quedó al vestido, pero después de la limpieza salí, esperando no encontrarme con la pelirroja y fui de nuevo al salón, junto con los demás fiesteros y pasé al lado de ellos, con cuidado, tomando cada pertenencia. Aunque no podía decir que era experta. Hasta que de repente alguien gritó, un hombre —Ladrona, te vi sacándome el reloj! No te lleves mi reloj! te voy a hacer picadillo— “Carajo” fue lo unico que pensé y corrí.
Corrí fuera del salón, pasé el pasillo, salté por la baranda y caí a la orilla, cerca de la arena mojada. No era buena idea correr ni caer con tacones. Cansada avance a la arena seca y me arrodille para ordenar lo que robé: el reloj, un anillo, un collar… pero espera, nada era de oro, todo imitación, ¿era acaso una fiesta de disfraces?
