10-02-2026, 04:16 AM
Un toquecito.
Vio el cuerpo moviéndose ligeramente, balbuceando palabras inentendibles.
Dos toquecitos.
No obtuvo una reacción muy distinta, aunque esta vez creyó escuchar un leve jadeo, como el de quien se queja por la mañana cuando no se quiere levantar.
Tres toquecitos.
Por fin algo positivo. Notó el cuerpo moviéndose con pesadez, pero con más destreza que antes, además, logró vislumbrar un movimiento en los párpados de la enorme mujer. Apenas entreabrió sus ojos, pero él pudo notarlo con claridad. Ella estaba despierta.
Aún así, era obvio para él que, aunque despierta, no estaba atenta, algo que comprobó al notar el gran bostezo que dio ella y que lo obligó a él a dar unas cuantas palmaditas más sobre el hombro de la chica y eso sí que le generó una reacción con la que él podía trabajar.
Contuvo el aire un segundo cuando ella alzó su mirada y fue ahí cuando, estratégicamente, la sonrisa dibujada en su rostro níveo pasó de una de satisfacción a una de amabilidad, incluso su mirada pareció suavizarse cuando sus orbes dorados se encontraron por primera vez con aquellas irises rojizas.
No dijo nada de buenas a primeras, no era su intención asustarla, además, él mejor que nadie entendía lo que significaba despertar en un entorno desconocido, alejado de todo lo que reconoces, encerrado por extraños sin escrúpulos, sin pasado, sin memoria… ¿Sería similar con ella? Lo averiguaría.
Dejó que mirara a su alrededor, le permitió emitir aquel grito ahogado sin ordenarle que se callara y tampoco hizo algo para evitar que la chica se girara para quedar de espaldas a él, solo la observó, prestando especial atención a aquellas alas negras que deseó tocar, arrancar unas cuantas plumas y guardarlas para experimentar con ellas, entender cómo es que podía volar, qué los hacía tan especiales. Tenía tantas dudas y debía ser paciente si quería encontrarles una respuesta. Debía ganarse su confianza.
Lo sentía mucho por Rafael y sus recién conocidos socios, pero una espécimen como ella no estaba hecho para ser vendido por partes, estaba hecho para ser estudiado; eso haría él, aunque tuviera que pagar el precio, y ese estudio empezaría justo ahora.
—¿No puedes recordarlo? —Su voz, grave pero suave se levantó apenas para que ella pudiera escucharlo. Procuró que se escuchara atento, casi preocupado…como le hubiera gustado que le hablaran cuando, hace años, despertó en circunstancias similares. —No te culpes por ello, estabas sedada, nada que te lastime, solo te pone a dormir ¿Me entiendes? —Esperó que ella quisiera girarse hacia él o tal vez no, sea como sea, seguiría hablando, explicándole lo que le sucedía. —No tienes porque asustarte, me encargaré de que nadie te haga daño, pero debo explicarte los síntomas que puedes llegar a sentir ahora que estas despierta —. De nuevo esperó por una confirmación de parte de la chica para permitirse seguir avanzando en la conversación, no quería saturar su cabeza de información, pero tampoco quería que hiciera movimientos bruscos o algo que pudiera lastimarla.
—Tu cuerpo se sentirá pesado, tu cabeza atontada, si intentas levantarte podrías tropezar porque tus piernas aún estarían débiles, además, puedes que experimentes mareos, náuseas y, quizá, visión borrosa. Lo mejor será que mientras tanto te quedes quieta —. Les dio unos golpecitos a los barrotes metálicos de la celda antes de levantarse para acercarse a una esquina de la habitación, en donde reposaba una mesa con una jarra metálica con agua fresca y un vaso. No dejarían que ella muriera de sed, por supuesto que no. Sirvió agua en el vaso y volvió a acercarse a la chica. A través de los barrotes metió su mano y dejó que ella decidiera si tomar o no lo que le ofrecía.
—Solo es agua, debes tener la garganta seca —dijo para aclarar y bajar cualquier tipo de tensión que pudiera crearse…pero, no, ser amable no era suficiente en un entorno así, no cuando él lucía como el principal sospechoso de su secuestro. Nada más alejado de la realidad…aunque sí podía ser quien pusiera fin a su existencia si cumplía con lo que Rafael deseaba. —No hay sedantes ni algún tipo de droga dentro. Lo prometo. Podría tomar un poco antes si no me crees.
Para no esperar más, dejó el vaso sobre el suelo y se sentó fuera de la celda, usando toda la paciencia que tenía para hacer que la chica, poco a poco, fuera cayendo en sus redes, intentando sacarle información, por más vaga que fuera.
—¿Sabes? Cuando tenía quince años desperté en una situación similar, En la celda maloliente de un barco pirata, aunque, a diferencia de esta, no era solo para mí, había más personas, estábamos acinados y la transmisión de enfermedades era fácil. Eran traficantes, tal como las personas que te atraparon hoy —. Prefirió ser sincero, a veces eso funcionaba más que una pila de mentiras. —¿Tienes idea cómo me salvé de convertirme en mercancía? Aunque no tenía memoria de mi vida, sabía apenas un poco sobre medicina, lo suficiente para suplir a un faltante médico en su tripulación —. Le sonrió con candidez, como si intentara robar su corazón, esta vez de manera metafórica y no literal, como solía hacerlo con sus víctimas.
—Te preguntarás porqué te cuento esto, puedo suponerlo…solo te lo digo porque quiero recalcar: Soy médico, un doctor. Se supone que mi trabajo es sanar —. Sí, se supone, otra cosa es que en verdad ese sea su principal trabajo, pero no estamos aquí para discutir eso. —No estás aquí gracias a mí, pero podría ayudarte a… salir.
En ese momento sus ojos buscaron encontrarse con los de la mujer de tez morena. Quería mirarla a la cara, generar confianza, un lazo que solo estuviera amarrado del lado de ella.
—O dime…¿Prefieres quedarte a averiguar que piensan hacer contigo los que te capturaron?
