07-11-2023, 04:42 PM
Una cosa quedaba claro, esa chica estaba coqueteando con ella. Lo que no tenía tan claro es si era una treta o realmente tenía interés. Había esperado poder solucionar el asunto rápido, pero las cosas no estaban saliendo como ella quería. Se sentía algo frustrada, pero también divertida. Por lo que había escuchado cuando estaba dentro de la tienda, la chica ya conocía al viejo, por lo que era probable que fuese habitante de la isla. ¿Podría sacarle algo de información de valor?
No perdía nada por intentarlo, así que decidió seguirle el juego. Le había propuesto irse a algún lugar alejado, y no parecía que tuviese malas intenciones, tan solo mucha desfachatez.
Desvió la mirada a los labios de ella, que se mordía con picardía. Alzó de nuevo la vista a sus ojos y ladeó la cabeza, devolviéndole la picardía con la mirada.
-Pues vayamos a un sitio más privado -sugirió mientras se pasaba un mechón detrás de la oreja-.
Echó un vistazo y vio que la calle a su derecha desembocaba en un pequeño huerto de frutales en el que no había nadie, justo en la dirección contraria de los guardias. Era mediodía y el sol estaba en su máximo apogeo, y aunque era primavera, la humedad en el aire aumentaba la sensación térmica, un tanto agobiante. Comenzó a andar en esa dirección.
-Podemos ir a hablar allí, a la sombra de un árbol. -se giró suavemente para ver si le seguía y le dedicó otra sonrisa-. No soy muy fan del sol, la verdad -dijo seguido de una ligera risa que sonó como un leve siseo-. Por cierto, aún no me has dicho tu nombre. Yo soy Ikirami, encantada.
No perdía nada por intentarlo, así que decidió seguirle el juego. Le había propuesto irse a algún lugar alejado, y no parecía que tuviese malas intenciones, tan solo mucha desfachatez.
Desvió la mirada a los labios de ella, que se mordía con picardía. Alzó de nuevo la vista a sus ojos y ladeó la cabeza, devolviéndole la picardía con la mirada.
-Pues vayamos a un sitio más privado -sugirió mientras se pasaba un mechón detrás de la oreja-.
Echó un vistazo y vio que la calle a su derecha desembocaba en un pequeño huerto de frutales en el que no había nadie, justo en la dirección contraria de los guardias. Era mediodía y el sol estaba en su máximo apogeo, y aunque era primavera, la humedad en el aire aumentaba la sensación térmica, un tanto agobiante. Comenzó a andar en esa dirección.
-Podemos ir a hablar allí, a la sombra de un árbol. -se giró suavemente para ver si le seguía y le dedicó otra sonrisa-. No soy muy fan del sol, la verdad -dijo seguido de una ligera risa que sonó como un leve siseo-. Por cierto, aún no me has dicho tu nombre. Yo soy Ikirami, encantada.
Karmas
