13-02-2026, 11:34 PM
La máscara era un buen recurso, le permitía pasar desapercibido a ojos de la gente que muy seguramente había visto un cartel de recompensa con su rostro en este mientras tomaban su camino hacia el casino, sus expresiones podían pasar desapercibidas, junto a otra cantidad de razones por las que decidió llevar ese accesorio. Una de estas era crucial para este momento: la capacidad de ocultar sus ojos, dejando incapaces a cualquiera de notar hacia donde miraba. Su cabeza se encontraba al frente, haciendo parecer que observaba a quien ahora lo trataba como un empleado con un gesto serio en el rostro, pero sus ojos buscaban otra información.
El cheque les llegó, Kiyoshi no dudo en aceptarlo, sorprendiendo al cocinero que había pensado que iba a hacer que él se hiciera cargo de sostener, agarrar y manejar todo lo que venga de manos ajenas, aunque de igual manera terminó por pasársela de todas formas. El pelinegro asintió, sin una palabra, sacó del interior de su saco un paño que el mismo Maeda le había entregado antes, utilizándolo para limpiar la chequera mientras su compañero se encargaba de dejar asentado en papel quién iba a pagar por todo si algo les salía mal. Con sus ojos ocultos pudo verlo bien, la tinta sobre el papel que terminó por escribir su nombre, aquel que también se encontraba en los carteles repartidos por la marina. “Esto es malo”, pensó para sí mismo, agradeciendo el ambiente frio que le impedía sudar, o una gota habría rodado por el costado de su rostro en cuanto vio como el cuaderno se cerraba.
Sabía de la sinceridad extrema que poseía el médico, pero no esperaba que fuer a ser utilizada en su contra de esa manera.
Ya habían ingresado al lugar en cuanto pudo volver a doblar el pañuelo que estaba utilizando y volverlo a guardar en el mismo bolsillo. El calor llegó a su cuerpo, haciéndolo quejarse mentalmente por un instante, pero pronto descubrió que tampoco se trataba de una temperatura sofocante, se podía estar en ese lugar como si en la isla no hubiese un clima azotador permanente. “Increíble”, volvió a pensar, junto a una pregunta de si podrían poner algo así en el barco para que Kiyoshi no sufra el frío. Sus ojos volvieron a analizar el lugar, pero manteniendo su rostro hacia el frente era difícil notar muchas cosas. Un grupo de personas sentadas, parecían estar jugando algo con cartas manejado por un crupier, blackjack supuso, más cerca del centro, un par de mesas rodeadas, imposible de saber que juegos contenían sin acercarse, no había mucho más que ver desde esa posición que no sea la cantidad de gente que acudió a cumplir con sus deseos más terrenales.
Adentrarse en el gentío significó tanto un alivio como un problema, pues ahora debía estar más atento a miradas de sospecha y duda, a la vez que mantener su acto a la perfección. Kiyoshi optó por acercarse a una de las mesas centrales, Uker no tuvo más opción que seguirlo muy de cerca y hacer caso a sus ordenes. Sin pedir permiso del crupier, sacó nuevamente el paño que antes ocupó para limpiar la chequera y lo usó para repasar las zonas más cercanas al Maeda en la mesa, notando que desde ahí podría ver cosas que antes no veía. Durante la limpieza, aprovechó sus ojos escondidos para recibir más información: una zona más apartada, conectada por una escalera pequeña, lo dejaba ver a un hombre y mujer rubios sosteniendo palos de madera frente a una mesa un poco más alta que sus caderas, notando que se trataba de una habitación de billar. En esa misma dirección, un poco más al costado, ahora sí en la misma sala que las mesas, un piano de cola, junto al hombre con el traje más extravagante y llamativo del lugar. Algo le decía que esa persona era importante.
Al terminar de limpiar, hizo caso a la siguiente orden. La chequera solo se mantuvo abierta un momento mientras anotaba la cantidad dicha por su “jefe”, arrancando el papel y colocándolo sobre la mesa en la zona correspondiente. Tras eso, retrocedió un paso y guardó sus manos a su espalda, volviendo a su porte serio y vista al frente, esperando otra orden, o más bien actuando. Le parecía arriesgado apostar, sobre todo teniendo su nombre escrito en ese cuaderno de la entrada, pero no hacerlo podría significar sospechas. Si pudieran alejar dudas de cualquiera tirando un poco de dinero y acercándose a otras mesas para obtener información tras eso sería mejor.
Rechazó un ofrecimiento de bebidas y comida de uno de los trabajadores, recordando a sus otros dos compañeros que, a su parecer, tenían la parte más difícil. ¿Qué tal les estaría yendo?
El cheque les llegó, Kiyoshi no dudo en aceptarlo, sorprendiendo al cocinero que había pensado que iba a hacer que él se hiciera cargo de sostener, agarrar y manejar todo lo que venga de manos ajenas, aunque de igual manera terminó por pasársela de todas formas. El pelinegro asintió, sin una palabra, sacó del interior de su saco un paño que el mismo Maeda le había entregado antes, utilizándolo para limpiar la chequera mientras su compañero se encargaba de dejar asentado en papel quién iba a pagar por todo si algo les salía mal. Con sus ojos ocultos pudo verlo bien, la tinta sobre el papel que terminó por escribir su nombre, aquel que también se encontraba en los carteles repartidos por la marina. “Esto es malo”, pensó para sí mismo, agradeciendo el ambiente frio que le impedía sudar, o una gota habría rodado por el costado de su rostro en cuanto vio como el cuaderno se cerraba.
Sabía de la sinceridad extrema que poseía el médico, pero no esperaba que fuer a ser utilizada en su contra de esa manera.
Ya habían ingresado al lugar en cuanto pudo volver a doblar el pañuelo que estaba utilizando y volverlo a guardar en el mismo bolsillo. El calor llegó a su cuerpo, haciéndolo quejarse mentalmente por un instante, pero pronto descubrió que tampoco se trataba de una temperatura sofocante, se podía estar en ese lugar como si en la isla no hubiese un clima azotador permanente. “Increíble”, volvió a pensar, junto a una pregunta de si podrían poner algo así en el barco para que Kiyoshi no sufra el frío. Sus ojos volvieron a analizar el lugar, pero manteniendo su rostro hacia el frente era difícil notar muchas cosas. Un grupo de personas sentadas, parecían estar jugando algo con cartas manejado por un crupier, blackjack supuso, más cerca del centro, un par de mesas rodeadas, imposible de saber que juegos contenían sin acercarse, no había mucho más que ver desde esa posición que no sea la cantidad de gente que acudió a cumplir con sus deseos más terrenales.
Adentrarse en el gentío significó tanto un alivio como un problema, pues ahora debía estar más atento a miradas de sospecha y duda, a la vez que mantener su acto a la perfección. Kiyoshi optó por acercarse a una de las mesas centrales, Uker no tuvo más opción que seguirlo muy de cerca y hacer caso a sus ordenes. Sin pedir permiso del crupier, sacó nuevamente el paño que antes ocupó para limpiar la chequera y lo usó para repasar las zonas más cercanas al Maeda en la mesa, notando que desde ahí podría ver cosas que antes no veía. Durante la limpieza, aprovechó sus ojos escondidos para recibir más información: una zona más apartada, conectada por una escalera pequeña, lo dejaba ver a un hombre y mujer rubios sosteniendo palos de madera frente a una mesa un poco más alta que sus caderas, notando que se trataba de una habitación de billar. En esa misma dirección, un poco más al costado, ahora sí en la misma sala que las mesas, un piano de cola, junto al hombre con el traje más extravagante y llamativo del lugar. Algo le decía que esa persona era importante.
Al terminar de limpiar, hizo caso a la siguiente orden. La chequera solo se mantuvo abierta un momento mientras anotaba la cantidad dicha por su “jefe”, arrancando el papel y colocándolo sobre la mesa en la zona correspondiente. Tras eso, retrocedió un paso y guardó sus manos a su espalda, volviendo a su porte serio y vista al frente, esperando otra orden, o más bien actuando. Le parecía arriesgado apostar, sobre todo teniendo su nombre escrito en ese cuaderno de la entrada, pero no hacerlo podría significar sospechas. Si pudieran alejar dudas de cualquiera tirando un poco de dinero y acercándose a otras mesas para obtener información tras eso sería mejor.
Rechazó un ofrecimiento de bebidas y comida de uno de los trabajadores, recordando a sus otros dos compañeros que, a su parecer, tenían la parte más difícil. ¿Qué tal les estaría yendo?
Libro de recetas
