47 de Primavera. Año 11.
Isla Toko, Corriente Daiya - 04:50 a.m.
Música para la lectura
El silencio se hizo sepulcral y eterno.
El mar se movía con parsimonia mientras el viento mecía los flecos de las recogidas velas del barco del gremio y, sobre su cubierta, todas las miradas se centraban en mí. La situación era una mierda. Estaba en el mar, a cientos de metros de tierra firme, en un barco con al menos una veintena hombres dispuestos a darme muerte. Y entre ellos, algunos de los mejores guerreros que he conocido. - Siempre tuvo que serlo. - contesté al que, hasta ahora, había sido mi verdadera figura paterna - Desde el momento en que decidisteis cambiar de cazadores a asesinos. - Vinro chasqueó la lengua tras una pequeña pausa después de mi interacción. - ¿Sabes? Siempre fuiste mi niño bonito. Pensaba que tú me sucederías. Pero resultaste ser un cabrón moralista disfrazado de payaso, así que... me temo que hasta aquí llega tu membresía. - sentenció mientras me señalaba con un dedo. Y yo ya sabía lo que significaba.
Todos los hombres del barco se lanzaron a por mí en batida. Al menos todos menos Urba, Shade y el mismo Vinro, que se quedaron en su posición. Me rodearon en menos de diez segundos y cuando se abalanzaron sobre mí, empujé con el pulgar la tsuka de Shimei Kaeru para mostrar ligeramente su filo, con el consiguiente sonido metálico que vaticinaba sangre. Eso fue suficiente para que todos y cada uno de los hombres frenaran en seco y dieran un tímido paso atrás. A veces la amenaza de una espada mantiene en su vaina a otra. - No quiero hacer eso... - dije, prácticamente sollozando, mientras miraba a mi alrededor a los que hasta ahora eran mis amigos. La turba comenzó a envalentonarse y a gritar furiosa hasta que el primero que consiguió el valor suficiente se lanzó a por mí con un garrote en alto. El movimiento fue rápido. Desenvainé mi filo cortando la extremidad de cuajo y el hombre cayó al suelo gritando desconsolado. El brazo cercenado sangraba profusamente y comenzó a llenar de sangre el suelo de madera que filtraba parte de esta hacia abajo. Tras un silencio que pareció durar una eternidad, todos los miembros del corrillo se lanzaron a por mí. Pasé largos minutos esquivando ataques, bloqueando impactos y seccionando miembros de mis amigos uno tras otro mientras me movía por la cubierta. La sangre que brotaba de sus cuerpos había comenzado a llenar toda la cubierta y la expresión "un baño de sangre" había tomado un significado literal. Cuando todo terminó, tres hombres observaron al superviviente espadachín ante veinte cadáveres. - Os dije que no quería... os dije que... - sollozaba mirando sus cuerpos hasta que un virote atravesó mi hombro izquierdo. La tristeza me hizo desconcentrarme. La verdadera batalla comenzaba ahora, la trinidad había hecho su movimiento.
Barco de Ebony Shard

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