14-02-2026, 09:34 PM
(Última modificación: 14-02-2026, 11:42 PM por Fuguwu.
Razón: Correccion Agilidad
)
“Felix” – la voz del Teniente se escucha, calmada – “Acordone la zona y traiga refuerzos. Ahora.” – el Contramaestre no necesita que se lo repitan. Da media vuelta y sale disparado hacia el sur con una velocidad que él mismo no esperaba. No sabe explicarse la sensación que siente cuando sus botas golpean el suelo empedrado de la calle, simplemente sus piernas responden mejor de lo habitual, como si se sintiera más ligero de lo habitual. El rifle sigue firmemente en sus manos mientras su figura se pierde entre los puestos del mercado central en dirección a las tropas estacionadas al sur, en el puerto de Nanohana. La gente que aún permanecía en los alrededores del perímetro empieza a dispersarse. Aunque no por órdenes exclamadas por el Teniente. Ni por Owen desnudo frente a ellos. Es por el frío. Un frío que no tiene ningún sentido bajo el sol de las 2:30 de la tarde en Arabasta, 38 grados centígrados que de repente ceden ante una temperatura que desciende con una rapidez antinatural en un radio que se expande progresivamente desde algún punto perdido entre los puestos del mercado. El Teniente lo siente en todo su cuerpo, entumeciéndole, y frunce el ceño sin apartar los ojos de Owen. También Owen lo siente, ese frío específico que ya conoce, que tiene un origen específico y una persona específica detrás. Los comerciantes abandonan sus puestos. Los compradores sueltan sus mercancías a medio regatear. Una mujer señala en dirección al origen del frío y grita una sola palabra que otros recogen y amplifican hasta convertirla en el sonido dominante del mercado central de Nanohana – “¡Monstruo!” – y entonces la estampida es inmediata. Quinientas personas que hace apenas diez minutos transitaban el mercado con la normalidad de un día cualquiera se convierten en una marea desordenada que huye en todas direcciones alejándose de Gwen, alejándose del frío inexplicable, alejándose de todo. Los puestos temporales caen, las mercancías ruedan por el suelo empedrado, los toldos de lona naranja y roja se agitan violentamente por el movimiento masivo de personas. En menos de cuarenta segundos el centro del mercado, que hace un momento albergaba quinientas personas, ha quedado en un silencio relativo interrumpido únicamente por el viento y los pasos apresurados de los últimos rezagados.
El Teniente pierde esos segundos mirando la estampida. Son pocos, pero Owen no los desaprovecha. El pelirrojo se lanza con todo su cuerpo hacia adelante. El Teniente reacciona levantando el brazo derecho en el que porta el sable, pero llega tarde. El cuerpo desnudo de Owen impacta contra él, miembro viril y todo. El Teniente recupera su postura en un segundo, sus décadas de experiencia haciendo el trabajo que sus músculos ya no hacen tan rápido. Owen no le da tiempo. Se desplaza hacia la izquierda del Teniente con rapidez y orienta su siguiente ataque directamente al brazo derecho con el cual porta el sable. El golpe llega limpio, concentrado, y el Teniente siente el entumecimiento recorriendo el brazo desde el punto de impacto hasta los dedos. Su mano pierde momentáneamente la sensibilidad pero no suelta el arma, los dedos aprietan el mango del sable por puro instinto de supervivencia. Y el Teniente contraataca. La hoja del sable describe un arco hacia el pecho desnudo de Owen en un corte limpio, diagonal, atravesando la piel desde la parte superior derecha del pecho hacia el centro. La sangre aparece de inmediato, una línea roja que se expande lentamente sobre la piel del pelirrojo bajo el sol implacable de Arabasta. El Teniente recupera su guardia y se dirige a Owen – “Veo que eres un luchador.” – su tono de voz no cambia, su respiración sigue siendo controlada – “Teniente Neko. No volveré a manchar tu honor pidiendo que te rindas, pirata.” – le dice al pelirrojo, sus ojos fijos en Owen – “pero igual debo capturarte, por el bien de Nanohana.” – termina, con una expresión que no ha cambiado desde el principio de todo este asunto.
El Teniente pierde esos segundos mirando la estampida. Son pocos, pero Owen no los desaprovecha. El pelirrojo se lanza con todo su cuerpo hacia adelante. El Teniente reacciona levantando el brazo derecho en el que porta el sable, pero llega tarde. El cuerpo desnudo de Owen impacta contra él, miembro viril y todo. El Teniente recupera su postura en un segundo, sus décadas de experiencia haciendo el trabajo que sus músculos ya no hacen tan rápido. Owen no le da tiempo. Se desplaza hacia la izquierda del Teniente con rapidez y orienta su siguiente ataque directamente al brazo derecho con el cual porta el sable. El golpe llega limpio, concentrado, y el Teniente siente el entumecimiento recorriendo el brazo desde el punto de impacto hasta los dedos. Su mano pierde momentáneamente la sensibilidad pero no suelta el arma, los dedos aprietan el mango del sable por puro instinto de supervivencia. Y el Teniente contraataca. La hoja del sable describe un arco hacia el pecho desnudo de Owen en un corte limpio, diagonal, atravesando la piel desde la parte superior derecha del pecho hacia el centro. La sangre aparece de inmediato, una línea roja que se expande lentamente sobre la piel del pelirrojo bajo el sol implacable de Arabasta. El Teniente recupera su guardia y se dirige a Owen – “Veo que eres un luchador.” – su tono de voz no cambia, su respiración sigue siendo controlada – “Teniente Neko. No volveré a manchar tu honor pidiendo que te rindas, pirata.” – le dice al pelirrojo, sus ojos fijos en Owen – “pero igual debo capturarte, por el bien de Nanohana.” – termina, con una expresión que no ha cambiado desde el principio de todo este asunto.
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