08-11-2023, 02:01 AM
- ¿Dónde coño estarán esos malditos papeles? Es como si este barco acabara de ser fletado, como si yo fuera la primera persona que pisa su cubierta. - Jude seguía recorriendo el navío sin encontrar rastro de algún indicio de nada. En aquel barco había ocurrido algo muy extraño, eso estaba claro, pero la razón se hallaba bien oculta o directamente se había esfumado. Alguien no quería que se supiese el secreto que aquella tripulación había encontrado en aquella desamparada isla. Pero ¿Por qué no se habían deshecho del barco directamente? Al fin, en una de las bodegas, la joven semigigante vio una inscripción grabada con un filo en la pared tras una pequeña mesa. Estaba escrito en letra fina y muy pequeña, como marcado por un alfiler, "A los pies de la roca del erizo mirando al mar" El o la autor/a no quiso que fuera visible a simple vista. ¿A quien quería ocultar ese mensaje?
- Igual no tiene nada que ver con esta isla o con esta misión, a saber en cuantos puertos atracó en su día este velero, pero, joder, es lo único que tengo. No quiero que mi primer encargo sea un fracaso, tengo que encontrar esa roca, seguro que está aquí, si no tendré que recorrer la isla entera en busca de esos malditos documentos. Diablos, no me quedará otra. -
Subió a cubierta y oteó la costa desde allí, ninguna de las rocas que alcanzó a ver tenia forma o parecía un erizo. - Mierda, tendré que darme un buen paseo para cubrir toda la zona. - Jude saltó al agua y nadó hasta la playa. Comenzó a recorrer el largo de esta, fijándose bien en todas las piedras grandes y rocas que se iba encontrando. Nada.
Tomo una discreta senda dibujada por pocos pasos, que se adentraba en un bosque. Le llamó la atención, pues por la vegetación que había rebrotado, hacía unos pocos meses que había sido pisada. - Hmmm. Si de verdad esta isla esta deshabitada, este camino lo tuvieron que hacer los agentes de la expedición. - El bosque se volvía cada vez más denso, y el camino se acabó desdibujando, la flora se lo había comido. A partir de allí debía suponer por donde avanzaba la senda, así que volvió a olfatear en busca de algún rastro, pero era casi imposible que siguiera habiendo algún indicio tras meses de lluvias y diferentes arrebatos del clima, solo pudo reconocer olores de animales. Aún así algo le llamaba a adentrarse en aquel bosque que pronto se convertiría en una masa sobrepoblada por la vegetación.
Anduvo durante varios minutos apartando la vegetación con Lucy sin encontrar indicios del camino. Comenzaba a desesperarse, los mosquitos no ayudaban y su altura la obligaba a andar medio encorvada para evitar golpearse con las ramas de los árboles, su enfado iba en aumento. Cansada de andar sin rumbo decidió sentarse para meditar su plan, fue entonces, estando más pegada al suelo cuando su olfato detectó algo que le hizo sonreír, sangre humana. Era un rastro muy ligero y muy poco reciente. Apoyó sus manos y rodillas en el suelo y comenzó a seguir esa pista. Poco a poco se tornaba más clara, tenía que estar cerca. A los pocos metros alzó la mirada tras chocar su cabeza con lo que parecía un montículo de musgo con protuberancias redondeadas, al apoyar su mano en él se le abrieron mucho los ojos. Arrancó un trozo de ese musgo para encontrar debajo una picuda piedra, quitó mas musgo de la superficie del bulto para confirmar que era una roca de más de un metro de altura formada por aristas irregulares. - La roca del erizo. Gishi Gishi Gishi - El olor provenía de allí, del lado de la roca que apuntaba al mar.
Esa piedra no parecía natural, es como si alguien la hubiera colocado allí y el paso del tiempo la hubiera cubierto con musgo. Comenzó entonces a escarbar sobre el leve rastro de olor a sangre. La tierra se endurecía por momentos y temiendo herir sus manos arrancó uno de los pinchos de la roca para usarlo como pico. - Así termino esta sangre aquí, quien fuera, escarbó con sus manos, tenía prisa y pocos medios para esconder algo. Creo que estoy cerca de los documentos. - La herramienta improvisada no tardó mucho en impactar contra algo duro. Machacó la tierra y limpió la zona con sus manos para descubrir una caja metálica rectangular de unos cincuenta por treinta centímetros. La retiró de su escondite, estaba cerrada con llave y algo oxidada. Golpeó un par de veces la parte de la cerradura contra uno de los picos de la roca con forma de erizo consiguiendo abollarla. ¿Qué habría dentro? Un cuaderno, varias hojas sueltas y lo que parecía una fruta de color amarillo con espirales.
Comenzó a llover, guardó rápido las hojas y el cuaderno y se quedó mirando la extraña fruta, que en su gran mano parecía una ciruela. - ¿Cómo es posible que tras tanto tiempo siga siendo comestible? Debería haberse podrido hace mucho... Tiene una pinta deliciosa. - Se la guardó en el bolsillo pectoral de la americana, le encantaba la fruta pero no tenía hambre en ese momento, había desayunado bien aquella mañana.
Deshizo el camino hasta la playa, la lluvia incrementaba su furia y los relámpagos llegaron para cotillear lo que estaba haciendo aquella enorme chica en un lugar tan olvidado de la mano de dios, era irónico el nombre de aquella isla. Subió al barco abandonado e hizo sus velas para poner rumbo hacia el que había servido como medio de transporte desde la octogésima división marine hasta God Valley. Estuvo a punto de seguir sola en aquel velero para regresar hasta la base, pero la idea de tumbarse a la bartola mientras los marines navegaban por ella hizo que saltara de cubierta a cubierta a su paso por el lateral del barco de la marina. Aterrizó haciendo oscilar la embarcación levemente y les gritó a sus "compañeros" que la misión había sido un éxito, que ya podían volver. Entró en su camarote y echo un vistazo a las hojas, parecía una lista de personas, un censo, no le dio importancia, pero seguro que era lo que su superior le había pedido que recuperara, le había dicho que era una lista muy importante. El cuaderno era un diario de abordo, ya tenía entretenimiento para el viaje, los misterios le encantaban, al fin sabría que diablos les había pasado a aquel grupo del cypher pol. Mientras leía el susodicho diario inconscientemente sacó la fruta de su bolsillo y se la comió de un bocado. - Puaj, puta fruta, está rancia... Pero una fruta es una fruta. -
Tras seis días navegando de vuelta, al fin divisaron la isla de la base. El diario no le había aclarado mucho, por lo visto eran un equipo de cinco del cypher pol aegis siete, y la última entrada del diario solo decía que habían terminado de explorar la isla y que estaba desierta, que al día siguiente zarparían para regresar con los documentos. Algo demasiado súbito les debió ocurrir para esconder aquellas hojas deprisa y corriendo antes de desaparecer. Por lo visto eso fue lo último que hicieron ahí, eso e indicar donde habían escondido la caja con un mensaje discreto, como si no quisieran que alguien lo encontrara.
- Igual no tiene nada que ver con esta isla o con esta misión, a saber en cuantos puertos atracó en su día este velero, pero, joder, es lo único que tengo. No quiero que mi primer encargo sea un fracaso, tengo que encontrar esa roca, seguro que está aquí, si no tendré que recorrer la isla entera en busca de esos malditos documentos. Diablos, no me quedará otra. -
Subió a cubierta y oteó la costa desde allí, ninguna de las rocas que alcanzó a ver tenia forma o parecía un erizo. - Mierda, tendré que darme un buen paseo para cubrir toda la zona. - Jude saltó al agua y nadó hasta la playa. Comenzó a recorrer el largo de esta, fijándose bien en todas las piedras grandes y rocas que se iba encontrando. Nada.
Tomo una discreta senda dibujada por pocos pasos, que se adentraba en un bosque. Le llamó la atención, pues por la vegetación que había rebrotado, hacía unos pocos meses que había sido pisada. - Hmmm. Si de verdad esta isla esta deshabitada, este camino lo tuvieron que hacer los agentes de la expedición. - El bosque se volvía cada vez más denso, y el camino se acabó desdibujando, la flora se lo había comido. A partir de allí debía suponer por donde avanzaba la senda, así que volvió a olfatear en busca de algún rastro, pero era casi imposible que siguiera habiendo algún indicio tras meses de lluvias y diferentes arrebatos del clima, solo pudo reconocer olores de animales. Aún así algo le llamaba a adentrarse en aquel bosque que pronto se convertiría en una masa sobrepoblada por la vegetación.
Anduvo durante varios minutos apartando la vegetación con Lucy sin encontrar indicios del camino. Comenzaba a desesperarse, los mosquitos no ayudaban y su altura la obligaba a andar medio encorvada para evitar golpearse con las ramas de los árboles, su enfado iba en aumento. Cansada de andar sin rumbo decidió sentarse para meditar su plan, fue entonces, estando más pegada al suelo cuando su olfato detectó algo que le hizo sonreír, sangre humana. Era un rastro muy ligero y muy poco reciente. Apoyó sus manos y rodillas en el suelo y comenzó a seguir esa pista. Poco a poco se tornaba más clara, tenía que estar cerca. A los pocos metros alzó la mirada tras chocar su cabeza con lo que parecía un montículo de musgo con protuberancias redondeadas, al apoyar su mano en él se le abrieron mucho los ojos. Arrancó un trozo de ese musgo para encontrar debajo una picuda piedra, quitó mas musgo de la superficie del bulto para confirmar que era una roca de más de un metro de altura formada por aristas irregulares. - La roca del erizo. Gishi Gishi Gishi - El olor provenía de allí, del lado de la roca que apuntaba al mar.
Esa piedra no parecía natural, es como si alguien la hubiera colocado allí y el paso del tiempo la hubiera cubierto con musgo. Comenzó entonces a escarbar sobre el leve rastro de olor a sangre. La tierra se endurecía por momentos y temiendo herir sus manos arrancó uno de los pinchos de la roca para usarlo como pico. - Así termino esta sangre aquí, quien fuera, escarbó con sus manos, tenía prisa y pocos medios para esconder algo. Creo que estoy cerca de los documentos. - La herramienta improvisada no tardó mucho en impactar contra algo duro. Machacó la tierra y limpió la zona con sus manos para descubrir una caja metálica rectangular de unos cincuenta por treinta centímetros. La retiró de su escondite, estaba cerrada con llave y algo oxidada. Golpeó un par de veces la parte de la cerradura contra uno de los picos de la roca con forma de erizo consiguiendo abollarla. ¿Qué habría dentro? Un cuaderno, varias hojas sueltas y lo que parecía una fruta de color amarillo con espirales.
Comenzó a llover, guardó rápido las hojas y el cuaderno y se quedó mirando la extraña fruta, que en su gran mano parecía una ciruela. - ¿Cómo es posible que tras tanto tiempo siga siendo comestible? Debería haberse podrido hace mucho... Tiene una pinta deliciosa. - Se la guardó en el bolsillo pectoral de la americana, le encantaba la fruta pero no tenía hambre en ese momento, había desayunado bien aquella mañana.
Deshizo el camino hasta la playa, la lluvia incrementaba su furia y los relámpagos llegaron para cotillear lo que estaba haciendo aquella enorme chica en un lugar tan olvidado de la mano de dios, era irónico el nombre de aquella isla. Subió al barco abandonado e hizo sus velas para poner rumbo hacia el que había servido como medio de transporte desde la octogésima división marine hasta God Valley. Estuvo a punto de seguir sola en aquel velero para regresar hasta la base, pero la idea de tumbarse a la bartola mientras los marines navegaban por ella hizo que saltara de cubierta a cubierta a su paso por el lateral del barco de la marina. Aterrizó haciendo oscilar la embarcación levemente y les gritó a sus "compañeros" que la misión había sido un éxito, que ya podían volver. Entró en su camarote y echo un vistazo a las hojas, parecía una lista de personas, un censo, no le dio importancia, pero seguro que era lo que su superior le había pedido que recuperara, le había dicho que era una lista muy importante. El cuaderno era un diario de abordo, ya tenía entretenimiento para el viaje, los misterios le encantaban, al fin sabría que diablos les había pasado a aquel grupo del cypher pol. Mientras leía el susodicho diario inconscientemente sacó la fruta de su bolsillo y se la comió de un bocado. - Puaj, puta fruta, está rancia... Pero una fruta es una fruta. -
Tras seis días navegando de vuelta, al fin divisaron la isla de la base. El diario no le había aclarado mucho, por lo visto eran un equipo de cinco del cypher pol aegis siete, y la última entrada del diario solo decía que habían terminado de explorar la isla y que estaba desierta, que al día siguiente zarparían para regresar con los documentos. Algo demasiado súbito les debió ocurrir para esconder aquellas hojas deprisa y corriendo antes de desaparecer. Por lo visto eso fue lo último que hicieron ahí, eso e indicar donde habían escondido la caja con un mensaje discreto, como si no quisieran que alguien lo encontrara.
