El whisky de los condenados [Priv. María Merlot] [Pasado]
#4
Narrador / María Merlot

………………….

En toda isla hay comercio

La voz del pelirrosado acaricio cada fibra de su ser, pensó que se quedaría callado, contemplando las estrellas. Su tono no era el habitual, eso hizo temblar a María. ¡SI! Porque Hyakinthos era la única constante de su vida, él siempre estaba firme, sereno y confiable, si él se tambaleaba, ella colapsaría también. El silencio que siguió, ella no lo interrumpió, solo cerro sus ojos y se quedo apoyada contra la cálida pierna del masculino. Hubo un tiempo muy, muy, distante dónde ella se sintió así de apegada, con un ser de color rojizo que llamaba Papá, un gyojin como ella que murió a manos de… ÉL. Ahí comenzaron todas sus desgracias, el juego del gato y del ratón, dónde el ratón siempre terminaba perdiendo. Ahora era distinto, desde que estaba en esa tripulación pirata… su pesadilla la había olvidado, Fantasma se lo dijo, había quemado aquella pocilga… y con ello las ataduras a una vida que odiaba.

Un suave suspiro salió de sus labios, un suspiro mezclado con licor y alivio. No quería mirar atrás, no quería soltar la libertad prometida, ahora tenía un posible sueño… una vida que pintaba a todas luces de felicidad, aunque estuviera del lado marginado de la sociedad, ahora era capaz de flotar más allá de una misera clemencia.  Poco a poco abrió sus orbes, la noche la recibió y el silencio la abrazo, uno muy cómodo, uno que atesoraba porque venia de su objeto de fanatismo. Hyakinthos se había convertido, no solo en su ancla, sino en su propia vida, él se la dio… ella la daría por él sin pensarlo, sin dudar por quien estuviera al frente. Nadie podría jamás llegar a imaginar, el amor obsesivo que la joven semi sirena sentía por el de pálidos cabellos rosados, ni él mismo.

No era tangible, tal vez ni visible, pero había una posesividad holgada que la obligaba (y eso le encantaba) a orbitar a su alrededor. Él siempre parecía perdido en su cabeza, él nunca recordaba caras, él necesitaba ser cuidado, y ese sentido de protección palpitaba con cada latido del corazón de María. Pero cómo podía protegerlo cuando ella no podía ni hacerlo por si misma. Y peor aún, sus propios nakamas parecían dispersos, sino hubiera sido por su hermano Jensen Valentine, ella posiblemente se hubiera muerto en el foso… pero ¿Quién cuido de Hyakinthos? Nunca hablaron de eso, y menos del silencio de Odeth, Thrym… y mas importante aun… de Ashveil… ¿Qué le pasaba a su capitán? María había tenido muchos amos, había visto muchos barcos y negocios, para saber que, si la cabeza estaba errante, el cuerpo fallaría… colapsaría, se extinguirían. Ese pensamiento le dio escalofríos, y la hizo tragar saliva, una que iba con sabor a whisky y a los labios de su médico más ético.

Su compañero se deslizo quedando sentado a su lado, y haciendo que María sonriera, porque esta vez no era su pierna sino su brazo donde apoyaba su cabeza. Si ella fuera solo un poco más alta seria en su hombro, una lástima, la verdad. Él comenzó a consolarla, sus palabras siempre la hacían flotar, su sola presencia y existencia le daban sentido a la suya propia, una hermosa concha marina sin vida, vacía… pero junto a ese hombre, todo parecía florecer. Mientras él hablaba del comercio, ella pensaba si lo que sentía por él era ¿AMOR? Él era hermoso, tanto por fuera como por dentro. Su largo cabello pastel, sus profundos y cálidos ojos amarillos, aquella personalidad serena, un firme faro en el medio de las tormentas; él la escuchaba, él le respondía, él abrazaba su “rareza”, él nunca la menospreciaba, él siempre la alentaba… ¿Cómo podría no amarlo? Aunque ella no conocía lo que significaba el amor romántico, sabía que, si él se lo pedía, automáticamente lo sentiría por él…. Y si eso no era amor, entonces ¿qué lo era?

Lo vio tomar de la botella. Sus labios rozando el frio vidrio del licor. Si, sin duda un hombre apuesto y que la tenia en sus manos, esclava de sus deseos y sueños. La sonrisa que le dedico, una poco habitual, hizo saltar su corazón. Si le ofrecía ser su enfermera y aprender medicina con él… ella no se negaría, y menos si eso significaba estar más tiempo a su lado. Le hizo preguntas, pero María se mantuvo en silencio, escucharlo a él era su música favorita, así que no quiso cortar la sinfonía de sus palabras. Debía robar más licor, y dárselo a su persona favorita del mundo azul; así lo escucharía más y más. La travesura la hizo sonreír, recogiendo sus piernas y abrazando sus rodillas para quedar con su cara viendo directamente el rostro de su nakama.

Cuando Hyakinthos pidió más Whisky, la semi sirena estuvo a punto de saltar como un resorte e ir a traérselo, pero el velo que cubrió el rostro del médico la detuvo, haciéndola borrar su sonrisa. Él parecía… desencajado, pero no hacia si mismo, sino como un desprecio hacia el exterior, la muchacha se mantuvo en silencio, expectante a las palabras que noto brotarían a continuación.

Nunca debimos dejar ese lugar

María lo escucho con toda su atención puesta en él, su visión dotaba de una gran calidad, siguió cada movimiento y expresión. El siempre tranquilo y dueño de sí mismo, Algodón de Azúcar, estaba dejando entrever un malestar que lo carcomía… y ella no era ajena a este. Cada vocablo era un disparo directo a su corazón, no por su connotación hacia la tripulación misma, sino porque en todo ese tiempo no había podio ver el tormento de su amado medico… uno que ella misma sentía, también se sentía abandonada por Fantasma, pero imagino en su inocencia (o más bien porque no quería admitirlo) que… la libertad de la que tanto hablo, y que los hizo cruzar mares tempestuosos, tal vez, y solo tal vez, no era la libertad que los individuos que formaban ese grupo buscaban. Un rompecabezas de piezas mezcladas, un rompecabezas que no se armaría con esas piezas porque nunca formaron parte del mismo sueño.

Sus palabras no solo eran dardos, sus palabras iban cargadas de veneno… uno que buscaba flagelar a otros y así mismo. La semi sirena mordió su labio inferior, un hábito que había adoptado del hombre, necesitaba sentir un poco de dolor que la hiciera conectar sus sentimientos con sus pensamientos. ¿Habían culpables? Quizás, pero no le importaba, solo había una cosa en el mundo, luego de renacer entre los brazos de Hyakinthos, que le interesaba y por la que seria capaz de mentir, robar y matar… Hyakinthos. Si él estaba mal, no era su culpa, era culpa del mundo… y él mundo debería pagar por ello.

¿Por qué decidiste quedarte en un grupo tan roto?

Pregunto, y el brillar de las lágrimas no derramadas la hicieron odiar a todos los Manos Muertas, incluida ella misma. El sabor a metal invadió su boca, sus dientes rompieron el labio inferior prisionero. La chica desvió la mirada, y con su diestra limpio la sangre, mirándola por unos segundos en el dorso de su mano, tan roja, tan viva… sí él sufría, ella lo hacía… así que, como una reacción incomprensible, sus ojos también se llenaron de lágrimas no derramadas. Ella sería sincera, como él lo estaba siendo — … no lo sé. Nunca he pertenecido a ningún lado, Fantasma me dio esa posibilidad, y tu me diste la vida para hacerlo… ¿dónde más podría estar sino es con ustedes... contigo? — musito en un tono de voz vacío, poco habitual en ella, mientras las lágrimas caían sin esfuerzo de sus orbes y la diestra volvía a limpiar el labio roto — … yo… si tu… eeh  — intento decirle algo más pero su garganta se cerró. Sorbió por la nariz, y se dejo caer de nuevo contra el brazo del hombre, enterrando su rostro ahí (y posiblemente llenándolo con algo de la sangre de su labio) — … ojalá pudiese tener esa memoria tuya… olvidar mi pasado con cada nuevo amanecer…  — dijo luego de un largo silencio, su corazón estaba roto al ver a su ancla así — … yo… siempre quise morir… yo lo intenté muchas veces ¿sabes? Pero nunca me dejaron, tu tampoco… por eso mi vida te pertenece… si estas mal, yo lo estaré… Dime… ¿qué puedo hacer para no verte así? — se despego de él, y limpio sus propias lagrimas amargas que fluían por el estado anímico del hombre, así la afectaba él: a nivel físico, mental y emocional. Luego procedió a arrodillarse para quedar a su lado, pero frente a su cara — … Algodón de Azúcar — lo llamo alzando la diestra y limpiado la lagrima no derramada del hombre, luego acerco su rostro mucho, tanto que sus narices casi se tocaron, en ese espacio reducido, con la brisa moviendo sus largos cabellos celestes, haría lo único que sabia hacer… y a él como hombre posiblemente lo animaría — … ¿quieres que te ayude a olvidar lo que esta noche te acongoja?  — le pregunto con sus ojos ámbar brillando, nunca se hubiera atrevido a proponérselo, él nunca la había visto de esa forma, ella tampoco, pero si su cuerpo lo ayudaba a pasar el mal rato, ella se lo ofrecería sin pensarlo.

Sin esperar su respuesta, acerco sus labios… un suave toque, como el de antes en su pierna, un roce tan puro y casto como el aleto de una mariposa. Ella no sentía deseo sexual por su médico, sabía que posiblemente él tampoco, pero si algo había aprendido en su corta vida, es que todos los hombres dejaban de pensar cuando ven desnudo el cuerpo de una mujer…
Karma Fanático: Hyakinthos. 
[Imagen: mmocheja.png]
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RE: El whisky de los condenados [Priv. María Merlot] [Pasado] - por Maria Merlot - 15-02-2026, 09:50 PM

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