16-02-2026, 07:49 AM
Le gustaba pensar que realmente aquel chico iba a cumplir todas y cada una de sus promesas. Tenía la esperanza de que él tuviera una mejor vida, pero estaba claro que él no podía guiarle a ella. Siempre que estuviera bajo la sombra de su paraguas, no iba a poder encontrar un rincón donde pudiera darle la luz. Alastor era más que consciente de la mala vida que había llevado, que había decidido, y en aquel momento dudaba de que pudiera ser buena influencia para el mismo. Si se preocupaba era porque de alguna forma una criatura tan pequeña sacaba fácilmente su lado más humano, por llamarlo de alguna manera. Ni siquiera estaba seguro de porqué pensaba tanto todo aquello.
Tiene la ligera impresión que, aun tomando decisiones, nunca van a ser verdaderos dueños del camino que tomaban, porque sencillamente había quienes les obligaban a ello. Y aun obligados, algún día se darían cuentan que no dejaban de tomar ellos las decisiones. No, no sacaba nada en claro de todo lo que pasaba, ni siquiera era capaz de entablar razones por las que no debía marcharse en aquel momento. Si todo se pudiera arreglar en un abrazo, como aquel, quizá no tendría el sentimiento de culpa sobrecogiendo su pecho, dejándolo sin poder sacar todas las palabras elocuentes que solía tener, más allá de las que ya habían salido. — Es una metáfora... bueno, puede que no tanto. Si quieres explotar algo también puede servir, pero me refiero a que estaré... para quemar todo contigo si así lo deseas, aunque con cabeza: que si uno pierde la cabeza no tiene sentido hacerlo — Y quemar todo por quemar tampoco llevaba a nada bueno.
Eso que se lo dijeran a sus nudillos, a las heridas o los moratones que portaba aquel día, y pasados... y los que estaban por llegar. ¿Cuándo se cansaría de tanta violencia? Años tuvieron que pasar para tal cosa y, aun así, a la violencia tenía que acudir a veces. La paz no era algo que se obtuviera al no hacer nada, o así era como la vida se había molestado en demostrarle que era. Había aprendido que si quería paz debía pegar una paliza primero, para que le dejaran tranquilo, para que le dejasen a su libre albedrío. Siempre que estaba en paz y sin molestar a nadie, alguien se tomaba el honor de perturbarlo. ¡Pirata! Lo único necesario para ello, la excusa perfecta para todos.
— Sueños, aspiraciones, cosas que quieras hacer en tu vida — Todo valía, pero no se daba cuenta que estaba hablando con un crío, que quizá muchas cosas se le escapaban aún de su entendimiento. Quería tratarlo como uno más, aunque obviamente no de su edad. Si quería acabar con todo a través del fuego, debía aprender la responsabilidad y reconocer las acciones que haría por el camino, ¿no? Tampoco creía que esperase nada fuera de lo normal... pero era un niño, al fin de cuentas: él no tendría que estar pensando en estas cosas.
Hizo un gesto despreocupado con su mano hacia él cuando se dio cuenta que estaba nervioso, que no estaba centrando sus ideas, sin perder de vista que estuviera bien. — Te va a explotar el cerebro, tío... Relájate y piénsalo, no tiene- — Entonces cayó de manera abrupta mientras escuchaba como volaba cada uno de los pensamientos del pequeño, sintiéndose orgullo sin ni siquiera pensar exactamente en ello. — Ese si que es un sueño a lo grande, ¿eh? — Ríe abiertamente mientras mira hacia arriba, como si pudiera él soñar con un cielo azul y despejado para vivir aquel momento en la paz que deseaba.
Hay mucha mierda que limpiar, Owen. Aquí y en el más allá — Vuelve la mirada hacia él. — El mundo está llena de ella y, al igual que tu y yo, hay personas que han pasado por mucho. — Podía parecer un pensamiento demasiado desarrollado para una persona descrita por la violencia, pero había tenido mucho tiempo libre y mucha sangre que esperar que cicatrizara... desde luego que aquellos pensamientos los tuvo presentes. — La familia de sangre no es algo que podamos elegir, pero sí que podemos elegir a quien queremos llamar y tratar como familia — Se encoge entonces de hombros. — Y sí, mis padres fueron unos mierdas conmigo, pero mi historia te la contaré cuando seas mayor y puedas entenderla mejor... ¿de acuerdo?
Se apoyó en sus rodillas, primero una y luego la otra, para ponerse en pie y estirar el cuerpo, todos los músculos engarrotados. — ¿Te parece si nos vamos a descansar? Mañana será otro día y tú tienes que conseguir energía para cumplir tu sueño — Con una sonrisa de oreja a oreja, le ofrece la mano para ayudarle a levantarse. — ¿Vamos?
Tiene la ligera impresión que, aun tomando decisiones, nunca van a ser verdaderos dueños del camino que tomaban, porque sencillamente había quienes les obligaban a ello. Y aun obligados, algún día se darían cuentan que no dejaban de tomar ellos las decisiones. No, no sacaba nada en claro de todo lo que pasaba, ni siquiera era capaz de entablar razones por las que no debía marcharse en aquel momento. Si todo se pudiera arreglar en un abrazo, como aquel, quizá no tendría el sentimiento de culpa sobrecogiendo su pecho, dejándolo sin poder sacar todas las palabras elocuentes que solía tener, más allá de las que ya habían salido. — Es una metáfora... bueno, puede que no tanto. Si quieres explotar algo también puede servir, pero me refiero a que estaré... para quemar todo contigo si así lo deseas, aunque con cabeza: que si uno pierde la cabeza no tiene sentido hacerlo — Y quemar todo por quemar tampoco llevaba a nada bueno.
Eso que se lo dijeran a sus nudillos, a las heridas o los moratones que portaba aquel día, y pasados... y los que estaban por llegar. ¿Cuándo se cansaría de tanta violencia? Años tuvieron que pasar para tal cosa y, aun así, a la violencia tenía que acudir a veces. La paz no era algo que se obtuviera al no hacer nada, o así era como la vida se había molestado en demostrarle que era. Había aprendido que si quería paz debía pegar una paliza primero, para que le dejaran tranquilo, para que le dejasen a su libre albedrío. Siempre que estaba en paz y sin molestar a nadie, alguien se tomaba el honor de perturbarlo. ¡Pirata! Lo único necesario para ello, la excusa perfecta para todos.
— Sueños, aspiraciones, cosas que quieras hacer en tu vida — Todo valía, pero no se daba cuenta que estaba hablando con un crío, que quizá muchas cosas se le escapaban aún de su entendimiento. Quería tratarlo como uno más, aunque obviamente no de su edad. Si quería acabar con todo a través del fuego, debía aprender la responsabilidad y reconocer las acciones que haría por el camino, ¿no? Tampoco creía que esperase nada fuera de lo normal... pero era un niño, al fin de cuentas: él no tendría que estar pensando en estas cosas.
Hizo un gesto despreocupado con su mano hacia él cuando se dio cuenta que estaba nervioso, que no estaba centrando sus ideas, sin perder de vista que estuviera bien. — Te va a explotar el cerebro, tío... Relájate y piénsalo, no tiene- — Entonces cayó de manera abrupta mientras escuchaba como volaba cada uno de los pensamientos del pequeño, sintiéndose orgullo sin ni siquiera pensar exactamente en ello. — Ese si que es un sueño a lo grande, ¿eh? — Ríe abiertamente mientras mira hacia arriba, como si pudiera él soñar con un cielo azul y despejado para vivir aquel momento en la paz que deseaba.
Hay mucha mierda que limpiar, Owen. Aquí y en el más allá — Vuelve la mirada hacia él. — El mundo está llena de ella y, al igual que tu y yo, hay personas que han pasado por mucho. — Podía parecer un pensamiento demasiado desarrollado para una persona descrita por la violencia, pero había tenido mucho tiempo libre y mucha sangre que esperar que cicatrizara... desde luego que aquellos pensamientos los tuvo presentes. — La familia de sangre no es algo que podamos elegir, pero sí que podemos elegir a quien queremos llamar y tratar como familia — Se encoge entonces de hombros. — Y sí, mis padres fueron unos mierdas conmigo, pero mi historia te la contaré cuando seas mayor y puedas entenderla mejor... ¿de acuerdo?
Se apoyó en sus rodillas, primero una y luego la otra, para ponerse en pie y estirar el cuerpo, todos los músculos engarrotados. — ¿Te parece si nos vamos a descansar? Mañana será otro día y tú tienes que conseguir energía para cumplir tu sueño — Con una sonrisa de oreja a oreja, le ofrece la mano para ayudarle a levantarse. — ¿Vamos?
