16-02-2026, 02:15 PM
Verdaderamente su compañera parecía no haber notado su presencia. Desde esa altura tendría que tener un campo de visión muchísimo mayor, pero tal vez necesitaba gafas… Era algo que podría pensar Akira, pero no parecía ser el caso. Y que también estaba avanzando dándole la espalda. Iba tranquila, y cuando por fin Akira se dispuso a acelerar el paso para alcanzarla, dado que una zancada de Sigrid equivalía como a más de diez de Akira, este miró a su brocheta para darle un último bocado y al levantar la vista la había perdido.
—Pero no puede ser… Si mide más de cinco metros… ¿Soy imbécil? ¿Estoy ciego? —empezó a mirar a izquierda y a derecha con velocidad intentando diferenciar a su amiga, pero no había manera. Lo único que consiguió diferenciar fue un alejado callejón algo oscuro, típica calle donde se colocaban los contenedores de basura dada su mala ubicación, y decidió acercarse.
Pero no de una manera sencilla, sino saltando de nuevo por los tejados. Seguramente Sigrid había escuchado al igual que el aquel par de voces elevadas y agresivas y se había dirigido al lugar. Un buen marine haría eso, y en su división no había marines malos.
Saltando de tejado en tejado consiguió por fin identificar la voz de Sigrid que estaba proponiendo a aquel par de molestos una ¿cerveza? Con aquellas frases tan tensas captaban la atención de todo aquel que pasara por la entrada de la calle, y eso no era plato de buen gusto, Baquella era un pueblo tranquilo.
—¡¿Cerveza y algo para picar?! ¡¡ME APUNTO!! —gritó Akira desde lo alto del tejado mientras descendía de forma vertical justo y directo para enganchar a aquel par de gritones del cuello, pero no con intención de hacer daño, sino como quien le pasa el brazo sobre los hombros a un colega. Esta acción hizo que con la inercia de la bajada tuvieran que inclinarse a la altura del rubio.
—¿Qué tal Sigrid? ¿Entonces nos vamos? —levantó la vista a su amiga y le sonrió. Sabía perfectamente que su compañera estaba trabajando y que no podía hacer eso, pero quería hacer la broma. Aunque Akira no llevara puesto el uniforme, seguía siendo marine y tampoco podía quedarse de brazos cruzados si notaba algo que pudiera alterar el orden público—. ¿Estás en mitad de alguna misión o patrullando? —y soltó a aquel par tras su forcejeo de querer soltarse. Pero ahí seguían, el plan les había convencido.
—Pero no puede ser… Si mide más de cinco metros… ¿Soy imbécil? ¿Estoy ciego? —empezó a mirar a izquierda y a derecha con velocidad intentando diferenciar a su amiga, pero no había manera. Lo único que consiguió diferenciar fue un alejado callejón algo oscuro, típica calle donde se colocaban los contenedores de basura dada su mala ubicación, y decidió acercarse.
Pero no de una manera sencilla, sino saltando de nuevo por los tejados. Seguramente Sigrid había escuchado al igual que el aquel par de voces elevadas y agresivas y se había dirigido al lugar. Un buen marine haría eso, y en su división no había marines malos.
Saltando de tejado en tejado consiguió por fin identificar la voz de Sigrid que estaba proponiendo a aquel par de molestos una ¿cerveza? Con aquellas frases tan tensas captaban la atención de todo aquel que pasara por la entrada de la calle, y eso no era plato de buen gusto, Baquella era un pueblo tranquilo.
—¡¿Cerveza y algo para picar?! ¡¡ME APUNTO!! —gritó Akira desde lo alto del tejado mientras descendía de forma vertical justo y directo para enganchar a aquel par de gritones del cuello, pero no con intención de hacer daño, sino como quien le pasa el brazo sobre los hombros a un colega. Esta acción hizo que con la inercia de la bajada tuvieran que inclinarse a la altura del rubio.
—¿Qué tal Sigrid? ¿Entonces nos vamos? —levantó la vista a su amiga y le sonrió. Sabía perfectamente que su compañera estaba trabajando y que no podía hacer eso, pero quería hacer la broma. Aunque Akira no llevara puesto el uniforme, seguía siendo marine y tampoco podía quedarse de brazos cruzados si notaba algo que pudiera alterar el orden público—. ¿Estás en mitad de alguna misión o patrullando? —y soltó a aquel par tras su forcejeo de querer soltarse. Pero ahí seguían, el plan les había convencido.

