16-02-2026, 11:29 PM
(Última modificación: 16-02-2026, 11:32 PM por Bertram Gaufrid.)
El joven contramaestre se encuentra recopilando diarios, cuadernos y cualquier escrito que pueda contener alguna información sobre la razón por la que la División 86 decidió plantar el campamento en este lugar y el motivo detrás de su propia presencia en una isla anclada en un tiempo perdido, donde todo lo que existe batalla continuamente por sobrevivir en un entorno donde absolutamente todo puede arrebatarte la vida en un descuido. A pesar de que parece haber otras cosas por investigar como las cabañas, los baúles y demás, el ignorar los libros sería un error terrible, pues si realmente era una división científica entonces es impensable que no hubiesen tomado notas sobre el motivo del viaje, los descubrimientos y, lo más importante, sobre el entorno. Desafortunadamente no parecen haber ubicaciones ni coordenadas en los cuadernos, en la mayoría de los 7 cuadernos que el joven arquero recogió y leyó solo había informes internos de la división, protocolos operativos y demás datos diarios del funcionamiento interno de una organización que ya no existe, o al menos, ya no se encuentra en el lugar. Al pelirrojo le sigue pareciendo demasiado extraño la ausencia de cuerpos o esqueletos; siendo que o bien alguna criatura devoró los cuerpos enteros, probablemente serpientes de gran tamaño, o algo o alguien controlaba a las criaturas que atacaron el campamento y se llevó los cadáveres y los que pudieran haber dejado con vida para interrogar si realmente era algo organizado por una persona o grupo y no un ataque de una manada de criaturas altamente inteligentes.
Stroud, como es costumbre en él ante situaciones desconocidas y arriesgadas, avisa a todos que se preparasen para un posible ataque que el lugar no está totalmente libre de riesgo de un nuevo ataque por parte de lo que provocó la destrucción del campamente y la desaparición de la división. Durante breves segundos no hay nada más que el sonido del viento en los árboles, la lona de las cabañas derruidas agitándose y los sonidos de la investigación de los marines, pasos calmados y medidos, madera moviéndose y el pasar de las hojas en manos del arquero. Sin embargo, el silencio se rompe con un misterioso rugido, uno que el joven arquero no ha escuchado en su vida, siendo que tiene buena memoria para los sonidos naturales de cuando prácticamente vivía en el bosque aprendiendo a ser un buen cazador. Sin esperar a ser sorprendido y que le alcancen, Bertram guarda los dos diarios con los diseños y las notas sobre la flora local en el bolsillo exterior de su mochila y salta hacia al centro del campamento mientras saca su arco preparando ya una flecha en la cuerda, listo para disparar a lo que sea que se atreva a aparecer y atacarles. El arquero ve qué es exactamente lo que aparece, y ve un grupo de lagartos de entre dos y tres metros de altura, un aspecto intimidante y un cuerpo claramente potente; pero lo que más destaca, es que no actúan como simples animales salvajes, en lugar de simplemente lanzarse a por ellos los rodean y estudian cómo esperando el momento oportuno para atacar.
Es ahí que ve a Kibai lidiar con un grupo mientras escucha a otro grupo ser atacado a su espalda por alguno de los dos miembros restantes, el arquero espera y observa a las criaturas, y ve como algunos empiezan a buscar la espalda a Kibai aprovechando mientras está con sus compañeros, pero en ese momento el arquero no duda un solo instante y aprovecha que no le prestan atención y su arco para lanzar flechas directamente a los ojos de los dinosaurios, atravesándolos uno a uno mientras dice
-Esto es demasiado extraño, no es normal que una manada de dinosaurios actúe de forma tan calculada. Su aproximación fue en un momento oportuno, se separaron antes de aparecer, nos rodearon y nos observaron en lugar de atacar directamente sir. Esto solo lo vi en animales que ya de por sí se organizaban bien en manadas, pero solo alcanzaron este punto de coordinación y preparación al ser entrenados por alguien, mayormente cazadores experimentados.-
Uno tras otro el arquero pelirrojo lanza flechas a los dinosaurios, aunque una vez tumbó al segundo empiezan a ir a por él por lo que el joven arquero aumenta la velocidad de disparo para aprovechar y tumbar otros dos, terminando de limpiar ese lado del campamento de amenazas y quedando solo que Stroud se encargue de los que quedan vivos. Bertram se acerca a los dinosaurios que tumbó y recupera las flechas utilizadas, no sabe si va a necesitar más o menos de forma que prefiere recuperar cuantas pueda mientras sean reutilizables, de ahí que apuntara siempre a los ojos, acceso más directo al cerebro y un objetivo menos resistente y duro que la piel escamosa de esos lagartos prehistóricos. Una vez recuperadas la mayoría de las flechas, si es que son recuperables y no se rompieron tras matar a las bestias, el arquero toma los otros cinco diarios y los guarda en la mochila junto a los otros dos. Mientras espera a que Stroud termine de lidiar con los dinosaurios restantes el joven se rasca tras la cabeza y dice
-Encontré unos cuantos dibujos sobre la flora local además de los informes y registros internos de la División 86 sir. Tal vez si los analizamos podamos saber qué es ese dichoso tesoro y si alguien más puede estar tan interesado en él como para tomarse el tiempo y esfuerzo de adiestrar dinosaurios para ayudarle, sir.-
Stroud, como es costumbre en él ante situaciones desconocidas y arriesgadas, avisa a todos que se preparasen para un posible ataque que el lugar no está totalmente libre de riesgo de un nuevo ataque por parte de lo que provocó la destrucción del campamente y la desaparición de la división. Durante breves segundos no hay nada más que el sonido del viento en los árboles, la lona de las cabañas derruidas agitándose y los sonidos de la investigación de los marines, pasos calmados y medidos, madera moviéndose y el pasar de las hojas en manos del arquero. Sin embargo, el silencio se rompe con un misterioso rugido, uno que el joven arquero no ha escuchado en su vida, siendo que tiene buena memoria para los sonidos naturales de cuando prácticamente vivía en el bosque aprendiendo a ser un buen cazador. Sin esperar a ser sorprendido y que le alcancen, Bertram guarda los dos diarios con los diseños y las notas sobre la flora local en el bolsillo exterior de su mochila y salta hacia al centro del campamento mientras saca su arco preparando ya una flecha en la cuerda, listo para disparar a lo que sea que se atreva a aparecer y atacarles. El arquero ve qué es exactamente lo que aparece, y ve un grupo de lagartos de entre dos y tres metros de altura, un aspecto intimidante y un cuerpo claramente potente; pero lo que más destaca, es que no actúan como simples animales salvajes, en lugar de simplemente lanzarse a por ellos los rodean y estudian cómo esperando el momento oportuno para atacar.
Es ahí que ve a Kibai lidiar con un grupo mientras escucha a otro grupo ser atacado a su espalda por alguno de los dos miembros restantes, el arquero espera y observa a las criaturas, y ve como algunos empiezan a buscar la espalda a Kibai aprovechando mientras está con sus compañeros, pero en ese momento el arquero no duda un solo instante y aprovecha que no le prestan atención y su arco para lanzar flechas directamente a los ojos de los dinosaurios, atravesándolos uno a uno mientras dice
-Esto es demasiado extraño, no es normal que una manada de dinosaurios actúe de forma tan calculada. Su aproximación fue en un momento oportuno, se separaron antes de aparecer, nos rodearon y nos observaron en lugar de atacar directamente sir. Esto solo lo vi en animales que ya de por sí se organizaban bien en manadas, pero solo alcanzaron este punto de coordinación y preparación al ser entrenados por alguien, mayormente cazadores experimentados.-
Uno tras otro el arquero pelirrojo lanza flechas a los dinosaurios, aunque una vez tumbó al segundo empiezan a ir a por él por lo que el joven arquero aumenta la velocidad de disparo para aprovechar y tumbar otros dos, terminando de limpiar ese lado del campamento de amenazas y quedando solo que Stroud se encargue de los que quedan vivos. Bertram se acerca a los dinosaurios que tumbó y recupera las flechas utilizadas, no sabe si va a necesitar más o menos de forma que prefiere recuperar cuantas pueda mientras sean reutilizables, de ahí que apuntara siempre a los ojos, acceso más directo al cerebro y un objetivo menos resistente y duro que la piel escamosa de esos lagartos prehistóricos. Una vez recuperadas la mayoría de las flechas, si es que son recuperables y no se rompieron tras matar a las bestias, el arquero toma los otros cinco diarios y los guarda en la mochila junto a los otros dos. Mientras espera a que Stroud termine de lidiar con los dinosaurios restantes el joven se rasca tras la cabeza y dice
-Encontré unos cuantos dibujos sobre la flora local además de los informes y registros internos de la División 86 sir. Tal vez si los analizamos podamos saber qué es ese dichoso tesoro y si alguien más puede estar tan interesado en él como para tomarse el tiempo y esfuerzo de adiestrar dinosaurios para ayudarle, sir.-
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