08-11-2023, 01:59 PM
Cuando Erika extendió su brazo y con la gracia de una bailarina señaló hacia un majestuoso árbol, Ikirami se acercó hacia él en busca del cobijo de su sombra. Se movió con pasos medidos, casi reverentes. Estaban en pleno corazón de la primavera, y el lugar estaba inundado de cerezos en pleno esplendor, cuyas ramas se mecían suavemente al ritmo de la estación, engalanadas con el rosado de sus flores. El viento, juguetón y fresco, provenía del norte y tejía en el aire un baile encantador con los pétalos que, uno a uno, se despedían de sus cunas para emprender un último viaje, tiñendo así de poesía cada rincón de esa zona.
La atmósfera se cargó de un sutil encanto cuando Ikirami escuchó la broma de Erika sobre derretirse bajo el sol. Con una sonrisa tímida, pero llena de complicidad, se inclinó para tomar una de las flores que habían emprendido su danza descendente. Con una delicadeza que parecía honrar la belleza del momento, se la colocó a Erika en el cabello, apartando con gentileza unos mechones para posicionarla detrás de su oreja.
-Así que Erika... Bonito nombre-comentó con un tono que revelaba una mezcla de admiración y curiosidad.-. ¿Sabías que significa 'la princesa eterna'?
La pregunta quedó suspendida en el aire, casi como los pétalos que los rodeaban, y antes de que Erika pudiera reaccionar a la afirmación, Ikirami se volteó para absorber una vez más la belleza del paisaje.
-Realmente he venido por trabajo- comenzó a explicar, rompiendo brevemente el encantamiento del momento cuando Erika le preguntó el porqué de su visita-. Y debo admitir que es bastante aburrido. Sin embargo, Ohara tiene un encanto inigualable-Hizo una pausa, considerando sus siguientes palabras.-. Y hablando de cosas fascinantes, ¿qué hace alguien como tú en Ohara? Este lugar es un santuario de libros antiguos, sabiduría y arqueología. No es que me incumba, pero me resulta curioso encontrarte aquí- dijo, girándose de nuevo hacia ella con una sonrisa juguetona-. Resaltas entre la multitud, eres como un relámpago en el cielo nocturno, imposible de ignorar. Shishishi.
La conversación tomó un giro más serio cuando Erika trajo a colación el tema de las akumas. Ikirami sintió un escalofrío, una contracción involuntaria en su estómago, reveladora de emociones que prefería mantener ocultas. Se abrazó a sí misma, su mirada se tornó sombría y su postura defensiva. Hubo una lucha interna evidente en su rostro, debatiendo si abrir ese capítulo de su vida a una casi desconocida.
-No, no soy una usuaria- confesó finalmente, bajando la mirada en un gesto de vulnerabilidad-. Mis experiencias con ellas han sido... menos que favorables. Prefiero reservar esos recuerdos para mí, lo siento- La sinceridad de su tono dejaba claro que era un tema doloroso para ella.
Ikirami entonces elevó una mano y apoyó la cabeza en ella, inclinando la cabeza ligeramente, una pose que reflejaba contemplación. Su atención volvió a Erika, casi como si buscara en ella una especie de refugio.
-Aun así, me atrae la idea de conocer más sobre ellas. A lo largo de mi vida, he dedicado muchas horas a la lectura, pero las akumas son entidades tan enigmáticas que siento que lo que sé es apenas un rasguño en la superficie de su verdadera naturaleza. Y deseo desentrañar todos sus secretos- dijo con una mezcla de determinación y anhelo-. Puede que no sea lo más emocionante para ti, pero esa es la razón por la que deseaba ese libro. Para ver si entre sus páginas descubro algo nuevo, algo revelador.
La atmósfera se cargó de un sutil encanto cuando Ikirami escuchó la broma de Erika sobre derretirse bajo el sol. Con una sonrisa tímida, pero llena de complicidad, se inclinó para tomar una de las flores que habían emprendido su danza descendente. Con una delicadeza que parecía honrar la belleza del momento, se la colocó a Erika en el cabello, apartando con gentileza unos mechones para posicionarla detrás de su oreja.
-Así que Erika... Bonito nombre-comentó con un tono que revelaba una mezcla de admiración y curiosidad.-. ¿Sabías que significa 'la princesa eterna'?
La pregunta quedó suspendida en el aire, casi como los pétalos que los rodeaban, y antes de que Erika pudiera reaccionar a la afirmación, Ikirami se volteó para absorber una vez más la belleza del paisaje.
-Realmente he venido por trabajo- comenzó a explicar, rompiendo brevemente el encantamiento del momento cuando Erika le preguntó el porqué de su visita-. Y debo admitir que es bastante aburrido. Sin embargo, Ohara tiene un encanto inigualable-Hizo una pausa, considerando sus siguientes palabras.-. Y hablando de cosas fascinantes, ¿qué hace alguien como tú en Ohara? Este lugar es un santuario de libros antiguos, sabiduría y arqueología. No es que me incumba, pero me resulta curioso encontrarte aquí- dijo, girándose de nuevo hacia ella con una sonrisa juguetona-. Resaltas entre la multitud, eres como un relámpago en el cielo nocturno, imposible de ignorar. Shishishi.
La conversación tomó un giro más serio cuando Erika trajo a colación el tema de las akumas. Ikirami sintió un escalofrío, una contracción involuntaria en su estómago, reveladora de emociones que prefería mantener ocultas. Se abrazó a sí misma, su mirada se tornó sombría y su postura defensiva. Hubo una lucha interna evidente en su rostro, debatiendo si abrir ese capítulo de su vida a una casi desconocida.
-No, no soy una usuaria- confesó finalmente, bajando la mirada en un gesto de vulnerabilidad-. Mis experiencias con ellas han sido... menos que favorables. Prefiero reservar esos recuerdos para mí, lo siento- La sinceridad de su tono dejaba claro que era un tema doloroso para ella.
Ikirami entonces elevó una mano y apoyó la cabeza en ella, inclinando la cabeza ligeramente, una pose que reflejaba contemplación. Su atención volvió a Erika, casi como si buscara en ella una especie de refugio.
-Aun así, me atrae la idea de conocer más sobre ellas. A lo largo de mi vida, he dedicado muchas horas a la lectura, pero las akumas son entidades tan enigmáticas que siento que lo que sé es apenas un rasguño en la superficie de su verdadera naturaleza. Y deseo desentrañar todos sus secretos- dijo con una mezcla de determinación y anhelo-. Puede que no sea lo más emocionante para ti, pero esa es la razón por la que deseaba ese libro. Para ver si entre sus páginas descubro algo nuevo, algo revelador.
