[Pasado] People help the people | Uker - Social
#7

”Hiciste bien en no encontrarme.”

El número de personas que conocen a la pequeña Runin se reduce a un puñado al que poco o nada ha vuelto a ver en su vida; y es justamente así como desea que continúe siendo. No es una época que desee rememorar, al menos no del todo, porque lo único bueno que tuvo ya no existe. Lo único que le queda es una copa de vino que vuelve a rellenarse y la curiosidad insaciable de quien busca respuestas en todo aquel —y en todo aquello— capaz de ofrecérselas. ¿Qué tipo de réplicas podrá obtener de Rackham Uker? ¿Cuántas emociones, y cuáles de ellas, se reflejarán entre ambos?

”Aprende rápido.”

Irrelevante se torna el carmín que tiñe los inocentes pómulos del hombre ante la osadía de los vocablos que profesa. Ligera, entrañable y gustosa es la sonrisa que la fémina expresa ante el caballero sin armadura que la atrapa entre los barriles de vino y su presencia. El labio perfila la comisura de su propio labio, indagando en la postura ajena, en la mirada profunda y chispeante, en el íntimo matiz de su voz. ¿Está jugando? ¿Probando la existencia de límites y asimilando la comprensión del entorno?

"¿Conoces algún lugar a donde pueda hacerlo?"



—¿Seguimos hablando de comida, cariño?

La vergüenza no es propia de quien se sincera en acciones y palabras, destiladas con la dulzura de quien busca encandilar, mas no ser encandilada. La invitación navega en el ambiente, ondulante, retorciéndose alrededor y enroscándose entre ambos como si de un peligroso elixir se tratase. El aroma a vino de sus hálitos se funde con el del perfume que no duda en filtrarse por cada rincón de la bodega, impregnando incluso en las vestimentas del fornido hombre, quien toma su mano y la guía con deliberada lentitud y prudencia sobre sus ropajes.

¿Cuántas invitaciones es capaz de emitir sin necesidad de mostrarse en evidencia? ¿Cuántas verdades y mentiras esconde el inocuo rostro que se atreve a acercarse provocando que la mirada chocolate descienda hacia los labios de su interlocutor? Las voces externas parecen cercanas cuando Uker decide susurrar creando algún tipo de cúpula que tan solo pueda encerrar a ambos. Un pasaje seguro que súbitamente desaparece, expulsando cualquier intención y denotando un juego que jamás podrá ser una sola persona.

—Rackham Uker. —Pronuncia y el nombre del hombre parece vibrar en la punta de su lengua. —Conozco tu nombre, significa que ya no somos tan desconocidos. —El aire regresa a sus pulmones, aunque este nunca le faltó en primer lugar.  La copa de vino es sujetada con gracilidad, menea el contenido de la copa sin atreverse a beberlo, no sin antes evaluar la sonrisa desafiante que el más alto parece dedicar.

—¿Un hombre carente de decisión que necesita obtener más de un empujón para empezar a moverse? —La falsedad de un gesto curioso y pensativo hace mella en las juveniles expresiones de la fémina; nada puede arrebatar el encanto de la burla tras los vocablos expuestos, como si la sorpresa y la intriga se volvieran uno. Al cabo de un segundo vuelve a sonreír dejando de parecer ingenua para degustar la diversión en su paladar, así como un sorbo más de vino.

—No lo sé, Uker, no parece que supieras qué es lo que quiero. —Niega, escondiendo una risilla que se estampa sobre el plástico bañado en ámbar. —No soy una mujer de multitudes, cariño. Entre más únicas se presenten las situaciones de la vida, mejor para mí. —Esta vez la copa no se vacía con prontitud, no. Deposita el recipiente sobre uno de los barriles, procediendo a acercarse al ajeno.



—¿Te gusta mostrar los dientes pero no atacar?

Esta vez es la amazona quien baja los decibeles de su voz. Sus pasos la llevan hasta él, sus dedos ascienden hasta arrebatarle el alcohol. —¿Disfrutas llamándote un gran chef para después acobardarse ante un platillo exclusivo? —Niega. Los labios de la morena se presionan contra la copa antes de beber de ella, solo un ligero sorbo. —¿Me temes, Uker? —Los oscuros orbes no se despegan de él.

—No deberías hacerlo, no muerdo… mucho. —Bromea sin dar tregua; la izquierda se posa sobre el torso del ajeno, volviendo a sentir la cicatriz en el mismo, sus falanges descienden y ascienden con la lentitud propia de quien trata con lo vulnerable. —Ser una cazadora no te convierte en mi presa, cariño. A menos que te entregues a mi en bandeja de plata. —La fémina logra ponerse de puntillas, tan solo un poco, lo suficiente como para hablar al oído del ajeno. —Solo cazo hasta donde el interés me llama. No lo pierdas de vista, Uker.
[Imagen: MQT49Lq.png]
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RE: [Pasado] People help the people | Uker - Social - por Runin D. Kitay - 18-02-2026, 07:06 AM

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