19-02-2026, 09:23 PM
Se mantiene quieto, estoico y paciente mientras el músico termina de deleitarlos con su pieza. Una leve mirada hacia Uker transmite lo suficiente para que entienda que su deber es esperar, y termina por confirmarse cuando Pegasus acepta el vaso una vez ya tiene las manos desocupadas. Kiyoshi alza su propio trago y delicado acepta el brindis, no queriendo que ambos vasos se toquen demasiado. No está seguro de si su compañero desinfectó el que le entregó al otro tipo, por lo que no se arriesga a sustraer algún germen que no fue debidamente eliminado.
— Conque el dueño. Mis preguntas fueron tontas, entonces. Es usted quien coloca las reglas aquí. — Lamentablemente, Kiyoshi es tomado por la guardia baja. Por mucho que su rostro intenta mantenerse inexpresivo, una de sus cejas cede en un leve tic que seguramente no escape a la visión ajena. Han sido descubiertos, pero no solo por lo que Pegasus dice, sino porque el médico tiene una pequeña peculiaridad que dependiendo del contexto puede marcar un antes y un después en el transcurso de una historia: no miente.
Sosteniendo el vaso con su mano zurda, estira la diestra hacia Uker y luego hacia una silla que se encuentra cerca. Un ligero movimiento con el índice le ordena que la traiga para así tomar asiento. Eso sí, apunta a que sea colocada sobre la plataforma para que así ambos tipos a priori importantes compartieran el mismo nivel. Aparte, considera innecesario invitar al propio Pegasus a tomar asiento, esperando a que lo haga por su cuenta.
Para cuando el asiento llegue, Kiyoshi simplemente se sentará de brazos cruzados y la pierna derecha sobre la izquierda. — No todos podemos entrar por la puerta principal. Lamentablemente no he terminado de educar a todos los tontos que tengo conmigo. — Implícitamente admite que hay más de su grupo dentro del casino y que han debido entrar de una forma distinta a la normal. ¿Acaso tuvo una posibilidad de decir otra cosa?
Procede a tomar nuevamente un trago de su vaso, apenas va a la mitad. Si se embriaga, será un auténtico problema.
— Este es un tonto casino, señor Pegasus, así que supongo que podríamos jugar bajo sus reglas, ¿no le parece? — Por muy tenso que esté, no se muestra agresivo ni a la defensiva. Por el momento, el contrario no ha mostrado amagues de querer hacerle algo, y si los ha hecho, Kiyoshi no se ha percatado. Además, confía en el hecho de tener a Uker cerca. Podría decirse que confía más en el espadachín de lo que el propio marcado confía en sí mismo. Aun así, espera que mantenga una distancia prudente para no adoptar un comportamiento amenazante en contra del dueño de casa.
Tras soltar un ligero suspiro y bajar la pierna para quedar bien sentado, suelta su propuesta. — ¿Qué tal una apuesta? Después de todo, solo hemos venido aquí a jugar. — Por este mismo motivo es que no tiene su arma consigo. No han venido aquí a pelear. Pero si les buscan pelea, conociendo a sus compañeros, ninguno dudará.
Sobre todo el topo protector.
— Puede elegir el juego. Hasta el momento, solo participé en la tonta ruleta. Puede ser ella u otro. Por cada victoria que obtenga, ganaré dinero. Por cada victoria suya, revelaré la identidad de un acompañante que no es Uker. — El juego no lo propone al azar. Intenta situar la atención en aquellos acompañantes desconocidos o fuera de escena para así apartar a Uker, cuya identidad ya ha sido reconocida —pues él mismo les reveló su nombre—, del foco. Si servirá o no depende de Pegasus.
Se termina el vaso de alcohol y lo entrega a Uker. — Por supuesto, si tiene otra idea, estoy dispuesto a escuchar. No soy un apostador nato, pero respeto el sitio al que visito. Un casino es un casino, me guste o no.
— Conque el dueño. Mis preguntas fueron tontas, entonces. Es usted quien coloca las reglas aquí. — Lamentablemente, Kiyoshi es tomado por la guardia baja. Por mucho que su rostro intenta mantenerse inexpresivo, una de sus cejas cede en un leve tic que seguramente no escape a la visión ajena. Han sido descubiertos, pero no solo por lo que Pegasus dice, sino porque el médico tiene una pequeña peculiaridad que dependiendo del contexto puede marcar un antes y un después en el transcurso de una historia: no miente.
Sosteniendo el vaso con su mano zurda, estira la diestra hacia Uker y luego hacia una silla que se encuentra cerca. Un ligero movimiento con el índice le ordena que la traiga para así tomar asiento. Eso sí, apunta a que sea colocada sobre la plataforma para que así ambos tipos a priori importantes compartieran el mismo nivel. Aparte, considera innecesario invitar al propio Pegasus a tomar asiento, esperando a que lo haga por su cuenta.
Para cuando el asiento llegue, Kiyoshi simplemente se sentará de brazos cruzados y la pierna derecha sobre la izquierda. — No todos podemos entrar por la puerta principal. Lamentablemente no he terminado de educar a todos los tontos que tengo conmigo. — Implícitamente admite que hay más de su grupo dentro del casino y que han debido entrar de una forma distinta a la normal. ¿Acaso tuvo una posibilidad de decir otra cosa?
Procede a tomar nuevamente un trago de su vaso, apenas va a la mitad. Si se embriaga, será un auténtico problema.
— Este es un tonto casino, señor Pegasus, así que supongo que podríamos jugar bajo sus reglas, ¿no le parece? — Por muy tenso que esté, no se muestra agresivo ni a la defensiva. Por el momento, el contrario no ha mostrado amagues de querer hacerle algo, y si los ha hecho, Kiyoshi no se ha percatado. Además, confía en el hecho de tener a Uker cerca. Podría decirse que confía más en el espadachín de lo que el propio marcado confía en sí mismo. Aun así, espera que mantenga una distancia prudente para no adoptar un comportamiento amenazante en contra del dueño de casa.
Tras soltar un ligero suspiro y bajar la pierna para quedar bien sentado, suelta su propuesta. — ¿Qué tal una apuesta? Después de todo, solo hemos venido aquí a jugar. — Por este mismo motivo es que no tiene su arma consigo. No han venido aquí a pelear. Pero si les buscan pelea, conociendo a sus compañeros, ninguno dudará.
Sobre todo el topo protector.
— Puede elegir el juego. Hasta el momento, solo participé en la tonta ruleta. Puede ser ella u otro. Por cada victoria que obtenga, ganaré dinero. Por cada victoria suya, revelaré la identidad de un acompañante que no es Uker. — El juego no lo propone al azar. Intenta situar la atención en aquellos acompañantes desconocidos o fuera de escena para así apartar a Uker, cuya identidad ya ha sido reconocida —pues él mismo les reveló su nombre—, del foco. Si servirá o no depende de Pegasus.
Se termina el vaso de alcohol y lo entrega a Uker. — Por supuesto, si tiene otra idea, estoy dispuesto a escuchar. No soy un apostador nato, pero respeto el sitio al que visito. Un casino es un casino, me guste o no.
OFF ROL
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