19-02-2026, 10:39 PM
Así que el pianista no era otro que el dueño de este lugar. Podría haberlo sorprendido, pero a su mente solo llegó aquel momento en el que ese hombre de traje rojo los observó y sonrió. Si antes no le parecía alarmante, ahora debía estar claro que debía conocer algo sobre ellos, pero por suerte esa información le fue revelada antes de que Kiyoshi puede volver a tomar la palabra.
No se inmutó al escuchar su nombre, no hubo un movimiento de cabeza ni de hombros, tampoco relajó su postura o soltó un suspiro. ¿Lo conocía en verdad? Era cierto que su nombre fue anotado en la entrada, pero tal vez no era más que un pequeño truco para probarlos. Estar usando una máscara podría significar levantar muchas sospechas, es verdad, pero tal vez tenía razón esta vez.
Asintió ante el gesto de Kiyoshi. Se giró y buscó con la mirada una silla cercana, consiguiendo una a un par de pasos y llevándola sin problemas hasta la plataforma indicada. Antes de que el médico se sentara, ocupó los materiales de limpieza para dar un buen repaso al asiento que este iba a ocupar unos segundos después, así no podría criticarlo luego. En cuanto la conversación entre ambos hombres comenzó, el cocinero no hizo más que mantener su posición recta y quedarse un paso detrás de Kiyoshi, como había hecho toda la noche.
¿Dónde estaban ahora Varo y Eros? Sabía por el resultado de la apuesta que al menos Varo había conseguido ganar, pero tanto Kiyoshi como Eros habían perdido en la apuesta. Al menos Kiyoshi contaba con la victoria anterior, con la que había quedado 0:0 con el casino, pero rogaba a todos los cielos que los otros dos no quisieran seguir gastando el poco dinero que tenían.
De pronto Kiyoshi quiso lanzarse a la boca del lobo, y él no iba a detenerlo. No le parecía la jugada más inteligente retar al dueño del casino a una apuesta, mucho menos si pensaba en que seguramente no cumpliría su palabra, pero la otra posibilidad era simplemente seguir jugando o ser atrapado por la seguridad. En cualquier caso, si no tenían problemas con piratas en ese lugar, seguirían jugando, si su presencia era un problema llegaría la seguridad, cualquier camino llevaba a las misma dos variantes, a excepción de la propuesta del Maeda.
Si Pegasus aceptaba, a la vez que cumplía su palabra al perder, se mantendrían a salvo y se llevarían dinero.
Arriesgado, tal vez tanto como esa última apuesta en la ruleta.
Toma el vaso que Kiyoshi le extiende, manteniéndolo en su mano mientras ambos esperan una respuesta por parte del hombre de prendas rojas. ¿Debían luchar para escapar? Tal vez les permitían marcharse sin más, pero no creía posible que alguien que es dueño de un casino se vaya a perder la oportunidad de conseguir todo el dinero que le traía entregar a una tripulación pirata. Esperaba que la honestidad de Kiyoshi sea notada por el contrario, pues no había tenido problemas en decirle que efectivamente se habían metido sin permiso, si no que también declaró que no estaban solos. Si le creía en eso, podría creerle cuando dijo que solo estaban en el casino para jugar, ¿verdad?
No se inmutó al escuchar su nombre, no hubo un movimiento de cabeza ni de hombros, tampoco relajó su postura o soltó un suspiro. ¿Lo conocía en verdad? Era cierto que su nombre fue anotado en la entrada, pero tal vez no era más que un pequeño truco para probarlos. Estar usando una máscara podría significar levantar muchas sospechas, es verdad, pero tal vez tenía razón esta vez.
Asintió ante el gesto de Kiyoshi. Se giró y buscó con la mirada una silla cercana, consiguiendo una a un par de pasos y llevándola sin problemas hasta la plataforma indicada. Antes de que el médico se sentara, ocupó los materiales de limpieza para dar un buen repaso al asiento que este iba a ocupar unos segundos después, así no podría criticarlo luego. En cuanto la conversación entre ambos hombres comenzó, el cocinero no hizo más que mantener su posición recta y quedarse un paso detrás de Kiyoshi, como había hecho toda la noche.
¿Dónde estaban ahora Varo y Eros? Sabía por el resultado de la apuesta que al menos Varo había conseguido ganar, pero tanto Kiyoshi como Eros habían perdido en la apuesta. Al menos Kiyoshi contaba con la victoria anterior, con la que había quedado 0:0 con el casino, pero rogaba a todos los cielos que los otros dos no quisieran seguir gastando el poco dinero que tenían.
De pronto Kiyoshi quiso lanzarse a la boca del lobo, y él no iba a detenerlo. No le parecía la jugada más inteligente retar al dueño del casino a una apuesta, mucho menos si pensaba en que seguramente no cumpliría su palabra, pero la otra posibilidad era simplemente seguir jugando o ser atrapado por la seguridad. En cualquier caso, si no tenían problemas con piratas en ese lugar, seguirían jugando, si su presencia era un problema llegaría la seguridad, cualquier camino llevaba a las misma dos variantes, a excepción de la propuesta del Maeda.
Si Pegasus aceptaba, a la vez que cumplía su palabra al perder, se mantendrían a salvo y se llevarían dinero.
Arriesgado, tal vez tanto como esa última apuesta en la ruleta.
Toma el vaso que Kiyoshi le extiende, manteniéndolo en su mano mientras ambos esperan una respuesta por parte del hombre de prendas rojas. ¿Debían luchar para escapar? Tal vez les permitían marcharse sin más, pero no creía posible que alguien que es dueño de un casino se vaya a perder la oportunidad de conseguir todo el dinero que le traía entregar a una tripulación pirata. Esperaba que la honestidad de Kiyoshi sea notada por el contrario, pues no había tenido problemas en decirle que efectivamente se habían metido sin permiso, si no que también declaró que no estaban solos. Si le creía en eso, podría creerle cuando dijo que solo estaban en el casino para jugar, ¿verdad?
¿Verdad?
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