21-02-2026, 05:02 AM
[personajeinvalido=3040]
El impacto me atravesó con una violencia que no había previsto. No eran balas comunes; lo supe en el instante en que mi cuerpo respondió con un espasmo torpe, casi indigno, y el aire se me escapó de los pulmones en un quejido involuntario. Había olvidado lo que se sentía.
La akuma me había malacostumbrado. Me había hecho arrogante. Pero esta vez la suerte decidió dar un paso al costado y dejarme desnudo ante la sensación más primitiva de todas: el dolor crudo, humano, palpitando en cada latido. Sentí la presión incómoda bajo la carne, el temblor involuntario en los dedos. Como un mundano. Como alguien frágil. No lo era.
Solté una maldición entre dientes, más por rabia que por sufrimiento. El dolor vuelve irritable a cualquiera, pero en mí encendió algo más peligroso: claridad. Ya no era una molestia abstracta ni un combate más; ahora había un objetivo definido. Esas no eran simples balas. Eran el verdadero problema. Necesitaba quitármelas de encima, quitarme a esa asquerosa mantarraya de encima.
A mi alrededor, el caos rugía. Gritos. Escombros quemándose. El eco sordo de la detonación que había dejado esa maldita bala explosiva, convirtiendo el entorno en una escena de desastre. El olor a humo y pólvora raspaba la garganta. Pero todo eso se volvió un molesto ruido cercano de los comensales, pero, como si el mundo hubiera sido cubierto por agua. Solo podía concentrarme en una cosa.
Ganar.
Solo quedaba una cosa por hacer.
Mi objetivo ya no estaba sobre la mesa, sino a unos metros de mí, respirando entre el humo como si aún tuviera ventaja. Sin dudar, arranqué la arcilla que me conectaba con el pulpo, ignorando la sensación áspera que dejaba en la garganta. No podía permitirme distracciones.
Salí en diagonal, recorriendo 6,7 metros en una carrera brusca, forzando al cuerpo a seguir pese al dolor que todavía palpitaba bajo la piel. En el último paso ajusté el agarre de la lanza y giré el torso con decisión.
El filo describió un corte horizontal directo al cuello de Sanchi, intentando acabar con este.
Al estar en este lugar, atacando al gyojin comencé a endurecer la arcilla en mí, esperando que se formara una capa sólida que pudiera protegerme.
El impacto me atravesó con una violencia que no había previsto. No eran balas comunes; lo supe en el instante en que mi cuerpo respondió con un espasmo torpe, casi indigno, y el aire se me escapó de los pulmones en un quejido involuntario. Había olvidado lo que se sentía.
La akuma me había malacostumbrado. Me había hecho arrogante. Pero esta vez la suerte decidió dar un paso al costado y dejarme desnudo ante la sensación más primitiva de todas: el dolor crudo, humano, palpitando en cada latido. Sentí la presión incómoda bajo la carne, el temblor involuntario en los dedos. Como un mundano. Como alguien frágil. No lo era.
Solté una maldición entre dientes, más por rabia que por sufrimiento. El dolor vuelve irritable a cualquiera, pero en mí encendió algo más peligroso: claridad. Ya no era una molestia abstracta ni un combate más; ahora había un objetivo definido. Esas no eran simples balas. Eran el verdadero problema. Necesitaba quitármelas de encima, quitarme a esa asquerosa mantarraya de encima.
A mi alrededor, el caos rugía. Gritos. Escombros quemándose. El eco sordo de la detonación que había dejado esa maldita bala explosiva, convirtiendo el entorno en una escena de desastre. El olor a humo y pólvora raspaba la garganta. Pero todo eso se volvió un molesto ruido cercano de los comensales, pero, como si el mundo hubiera sido cubierto por agua. Solo podía concentrarme en una cosa.
Ganar.
Solo quedaba una cosa por hacer.
Mi objetivo ya no estaba sobre la mesa, sino a unos metros de mí, respirando entre el humo como si aún tuviera ventaja. Sin dudar, arranqué la arcilla que me conectaba con el pulpo, ignorando la sensación áspera que dejaba en la garganta. No podía permitirme distracciones.
Salí en diagonal, recorriendo 6,7 metros en una carrera brusca, forzando al cuerpo a seguir pese al dolor que todavía palpitaba bajo la piel. En el último paso ajusté el agarre de la lanza y giré el torso con decisión.
El filo describió un corte horizontal directo al cuello de Sanchi, intentando acabar con este.
Al estar en este lugar, atacando al gyojin comencé a endurecer la arcilla en mí, esperando que se formara una capa sólida que pudiera protegerme.
Resumen
Posicionamiento
Karmas
Bélico Defensivo
Bélico Ofensivo
Inventario
Gasto de energía
Akuma

Tezca se mueve 6.7 a Sanchi.
![[Imagen: Firma-Tezca.png]](https://i.ibb.co/sJMGWw7F/Firma-Tezca.png)