22-02-2026, 07:26 PM
La cantina está llena de una vibra que me encanta. La gente está cantando, bebiendo y van en un ritmo que no había imaginado nunca jamás. Orquestado por un hombre de gran panza, calva y una barba frondosa y un color como el fuego. La voz de él se hizo notar cuando comenzó a hacer llamar con sus palabras a los demás borrachos, una voz gutural que al inicio es molesta pero por alguna extraña razón comenzó a hacer.
Las voces que son un desorden comenzaron a dar más y más atención. Se fueron acompañando, bajando la voz poco a poco para comenzar a aplaudir. Un acordeón comenzó a sonar por sí solo, quien lo toca está muy cerca de aquel hombre de gran sonrisa y panza. No tardó mucho en acompañar otro que parece que marca el compás en el que deben aplaudir con una comparsa. Pronto los aplausos y zapateos son unísonos en lo que el gordo comienza a recitar versos que relatan sucesos pasados, historias de piratas que se han enfrentado a marines en repetidas ocasiones.
Como hacer descripciones que son también un poco burlas de las propias islas del sur y los encontronazos que allí van ocurriendo. Hacen que todos pongan su atención en el por qué un ritmo simple de seguir y a los hombres mayores ya alcoholizados les encanta. Alzando jarras de madera y golpeando mesas van celebrando las canciones que una otras otra, incitan a beber más. Sin palabras rebuscadas y apoyándose en el ritmo no duda
Sin guardarse nada la atención cargada con alegrías y risas se presta para que las órdenes no paren de repetirse. Camareras van con hasta 6 jarras por brazos y muchas veces de tamaños que te hacen dudar si ellas delicadas tienen la fuerza necesaria para llevar tanta cerveza sobre sus brazos. Sirviendo en la juerga y las risas, incluso algunos se pararían a danzar agarrándose de los antebrazos y dando giros para luego cambiar de brazo.
Toda aquella buena vibra me hacía sentir agradable me hizo acercarme a la barra y con algunas de las pocas monedas que me quedaban busqué acercarme para ordenar. —Parece que la cerveza es buena. ¿Me da una?— Poniendo unas cuantas en la barra puse lo que era una tarifa habitual por una jarra pequeña. Una que me permitía darme el gusto de disfrutar un poco de las canciones que no todas tienen letra pero todas tenían un ritmo pegajoso y disfrutable.
