23-02-2026, 05:20 AM
—Gra… ¿Gracias? —. Tomó el pañuelo y miró con extrañeza la tela, sin entender porque se lo había dado, claro, él mismo obviaba, casi siempre, el daño que se provocaba con sus propias mordidas y; sin embargo, esta vez, a pesar de estar alcoholizado, entendió el gesto casi en segundos cuando, sin querer, se relamió apenas los labios para quitarse el gusto a licor y, lo que sintió, fue el sabor metálico de la sangre.
Se estremeció y en un gesto rápido, que casi pareció un respingo, llevó el pañuelo a su labio ensangrentado. —Lo…lo siento…puedo r…reponer el pañuelo —. Habló entrecortado antes de que fuera el rubio quién le respondiera a una pregunta que él mismo había hecho antes.
Lo miró con interés antes que con empatía y, al final, terminó parpadeando un par de veces por culpa de su pregunta… ¿Qué quería decir con si lo entendía? ¿Tan perdido parecía que el otro pensaba que no se estaba explicando con algo tan simple?, aunque…en verdad… ¿Lo entendía?
Sí, en un sentido estricto de la palabra, después de todo, hablan el mismo idioma, pero era más que obvio que el rubio no le estaba preguntando si entendía su idioma, si no…esa emoción, esa sensación de tener un día que era mejor olvidar rápido o, al menos, eso es lo que el pelirrosa creyó, aunque, si este le hubiera contado su historia, tal vez solo hubiera podido fingir empatía y, aun así, terminó asintiendo apenas un poco, haciendo que su cabeza se moviera con timidez y sus cabellos se deslizaran por sus hombros, respondiendo sin hablar a la pregunta hecha antes de llevar la botella de ron a sus labios y dar un sorbo más, como si eso terminara por confirmar su muda respuesta.
Separó la botella de su boca y, en ese instante, escuchó la voz grave del otro nombre, una nueva pregunta venía consigo y, esta vez, el alcohol en su sangre coopero para poder responder con más que gestos.
—No…no…no lo di…digo porque esté borracho y solo —dejó escapar una risita al final de aquella frase —, lo digo porque es cierto. Nadie…en…en este puerto había lo…logrado captar mi atención por su belleza, h…hasta ahora —. Nuevamente, sus palabras se trababan en su boca, pero la vergüenza de hablar se iba desvaneciendo… ¿Qué más daba? De todos modos, si el rubio también terminaba borracho, tal vez no recordaría nada al día siguiente.
Vio como el otro, como si tomaran turnos, era quien ahora daba un sorbo a su bebida. Lo observó, tal vez por más tiempo del necesario, aún con esa sensación vaga en su mente de que le recordaba a alguien que se negaba a presentarse con claridad en su mente y, de nuevo, apareció, en la punta de su lengua, aquellas tres letras que formaban ese “Luc…” que debía ser completado con información a la que no podía acceder, pero, entonces el recuerdo claro de alguien más vino a su mente, pero…no podía ser él ¿O sí? Hacía años que no lo veía…desde que lo entregó a la marina.
Su mente divagó de nuevo por unos segundos, sus ojos dejaron de observar al rubio frente a él para mirar el oleaje tranquilo del mar y, sus dientes, volvieron a morder la magullada piel de su labio inferior, pero no pudo ahondar más en sus recuerdos cuando escuchó una risa ajena, una que le hizo volver a mirar a su actual interlocutor.
No, este hombre, sea quien sea, no podía ser el recuerdo roto que se negaba a aparecer y tampoco podía ser su viejo amigo…porque el primero no sabía si era real y, el segundo, seguro se tiraría al cuello para matarlo si lo encontrara tan vulnerable en un puerto cualquiera, en cambio, este hombre que tenía frente a él lucía tan…relajado…tanto que, inevitablemente, el médico también terminó sonriendo de medio lado al escucharlo hablar.
—¿Parezco alguien que causaría problemas? —De algún modo, esas palabras salieron de su boca con más claridad de la esperada, tanto que el mismo se sorprendió, aunque lo disimuló bien gracias a esa sonrisa que se había dibujado en su cara segundos antes. —Aunque si es lo que lo atrae…supongo que puedo empezar a ser más problemático —. Definitivamente, el licor lo hacía decir estupideces de las que, estando sobrio, se arrepentiría…si pudiera recordarlo.
Aún con esa sonrisa bobalicona en su rostro, guiándose, simplemente, por aquella invitación de un completo desconocido cuyo nombre desconocía, tomó la maleta que tenía en el piso, sujetó con más fuerza la botella en su mano y siguió al rubio.
Al caminar, dio tumbos y, más de una vez, tropezó con sus propios pies o con resquicios de madera sobresaliente del suelo del puerto, hasta que sus pies tocaron la arena irregular y pasó por debajo de un puente, aun tropezaba cada dos por tres y no, quizá no era solo por haber estado bebiendo, si no porque sus ojos no estaban enfocados en el camino, si no en el cabello rubio de aquel hombre que lo guiaba hasta quien sabe dónde. ¿Por qué confiaba en él?
Se detuvo cuando, debajo del puente, un viejo pedazo de leña apareció en su rango de visión o, mejor dicho, dentro del poco enfoque que ahora tenía, pues las luces del sol eran cada vez más tímidas y el cielo, ahora teñido de tonos morados, empezaba a darle la bienvenida a la noche.
No pensó dos veces antes de sentarse, su cabeza le daba vueltas y su coordinación cada vez era menor, así que se dejó caer sobre el tronco con pesadez, antes de dejar a un lado su mochila, haciendo que las botellas del interior tintinearan al chocar entre ellas.
—Es un sitio perfecto —. No mintió, pues al mirar a su alrededor solo podía ver la arena de la playa y alguno que otro bote pequeño amarrado a la costa, sin ningún pescador dentro, pues claro, a esas horas ya debían estar descansando. —Oscuro, tranquilo, silencioso…el lugar perfecto para alguien que quiere pensar en la vida, para un par de amantes o para esconder un crimen fugaz —. Hasta ahora no había pensado en las consecuencias de haberse ido con un completo extraño a un lugar en donde, tal vez, nadie vería si le pasaba algo.
—¿Por qué confiaste en mí? No me conoces y yo no te conozco a ti… ¿Cómo sabes que no intentaré hacerte nada ahora que estamos en un lugar donde no pueden vernos? —Por el tono pastoso de su voz, entre los dos, parecía el más inofensivo, de hecho, en la mente del pelirrosa, las cosas eran tal cual así: entre los dos, él tenía las de perder, así que… ¿Por qué no adelantarse a posibles hechos? —¿O eres tú quien piensa aprovecharse de mi ahora que no puedo defenderme? —Llevó de nuevo la botella de ron a su boca y, esta vez, el licor le supo más amargo de lo normal, algo que lo obligó a apartársela de los labios casi enseguida.
—Tsk…creo que la verdad, estoy tan borracho que no me importaría lo que pasara ahora, menos después de…
De golpe, los recuerdos de la sangre de quien había partido por sus malas decisiones regresaron en una oleada que le trajo tanta amargura como el licor que había estado tomando.
—…Jmp… ¿Qué te pasó a ti para querer entregarte al alcohol por hoy? ¿Cuál es tu historia del día? —De repente, sus alarmas de peligro se apagaron, de nuevo era un muchacho curioso que solo quería saber más de quien tenía al frente. —Hablarlo con un extraño que no recordará ni media palabra al día siguiente suena a una buena terapia ¿No lo crees? —Y, de paso, le ayudaría a ese mismo extraño a olvidar el propio caos mental que traía consigo o, quizá, lo amplificaría…porque pasar más tiempo con ese ser que parecía tener que ver algo con su pasado, no podía terminar muy bien.
