23-02-2026, 06:10 AM
El hombre bien vestido, hizo caso de mi recomendación y se despidió de su compañero Gyojin. Mis ojos seguían fijos en este último. Atento a cualquier movimiento o respuesta por su parte y esta no tardó en llegar.
Me erguí tan alta como era y lo miré con una mezcla de odio y decepción, luego suspiré y le dije. – Al parecer el pececito cazador, termino cazado y mutilado… Ni siquiera vales mi esfuerzo... Ah y quien diria que ustedes tienen la sangre roja. En fin, seguiré con esta Locura mía Di media vuelta y me enfilé para salir del callejón. Una vez fuera de este, me dirigí hacia el sitio donde mi estaba quedando, si bien no encontre donde cantar, habia malogrado a un Gyojin y eso siempre me alegraba el corazón.
Pude notar como el Gyojin apretada la empuñadura de su arma, ¿Una provocación? Puede ser pense, yo por mi parte seguía firme en mi posición, luego este comenzó a hablar diciendome que quizás lo habia confundido yo arquee las cejas, en una clara señal de desconfianza hacia sus palabras.
Las palabras siguieron saliendo de su boca, que solo habia conocido a dos Gyojins, uno que ya habia fallecido y volvi a sonreír con malicia, uno menos pisando esta tierra, que divertido, pense, luego hablo de que el otro Gyojin que conocia era una mujer y yo no pude evitar sorprenderme, pues, ignoraba el hecho de que los peces tuvieran género, para mi eran simplemente peces.
Lo que empezó a sacarme de mis casillas, es que cuando volvio a hablar comento que no tenia deseo de pelear conmigo…Es un miserable, cobarde y un perdedor, pero la gota que colmo el vaso fue cuando me invito a retirarme, ya que esta noche no cazaba colores llamativos sino monstruos.
Ningún hombre pez podia darme ordenes, asi que decidí transformarme en el monstruo más hermoso y llamativo de todos, pues si este existía, no podria ser mejor que yo. Asi que realice un salto encorvando un poco el cuerpo y acorte los 13 metros que nos separaban quedando a la altura de sus rodillas y dije con un tono tranquilo. - Deseo. Y ejecuté un corte doble con mis dos abanicos sobre su pierna izquierda por encima de su rodilla, el ataque fue devastador, pues la sangre empezó a brotar y pude ver como el hombre pez caía al suelo mientras su pierna cercenada caía hacia un costado.
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