[Presente absoluto] ¿Es este el lugar?
#26
Entre el bullicio matinal, Ikirami seguía al acecho. Aparentando estar inmersa en su propio mundo, protegida detrás de su libreta. La tinta en la página fluía en espirales negras, escondiendo su nerviosismo mientras observaba al grupo.

Se fijó en que los tres personajes dirigían alguna que otra mirada hacia ella. Entonces, el hombre de negro se levantó y se acercó a ella, su figura imponente cortaba el aire con la precisión de una espada. "Está claro que me han visto, maldición". Ikirami podía sentir la fuerza y el peso de su presencia, tan intensos que parecían empequeñecer el espacio alrededor. El hombre tenía el aire de alguien acostumbrado a ser obedecido, a ser temido.

El misterioso guerrero preguntó si se conocían, se había percatado de que los observaba hacía rato. Su voz era profunda, un susurro de grava que sacudía la calma de Ikirami.

—Creo que todavía no, por desgracia —respondió ella, su sonrisa juguetona escondiendo el rápido latir de su corazón.

Entonces, haciendo gala de su porte intimidante el hombre se apoyó en la mesa, acercándose ligeramente en su dirección. Cuando él se inclinó hacia ella, Ikirami no pudo evitar notar la ausencia de su mano, y algo en su pecho se apretó. Un recordatorio silencioso de los peligros y desafíos que él habría enfrentado, historias que su cuerpo contaba sin necesidad de palabras. La curiosidad se mezclaba con una punzada ardor en su interior, y una extraña fascinación la embargaba al imaginar las batallas que habría librado.

—Ikirami… —susurró ella, permitiéndose un instante para trazar con la mirada la silueta de su figura marcada por la vida guerrera.

La revelación de esa cicatriz y el cuerpo aguerrido del hombre abría en Ikirami un abismo de emociones. Sus sentidos se nublaron al contemplarlo, preguntándose cómo una bestia de tal magnitud había podido sufrir la pérdida de su brazo. La cicatriz, antigua y desvanecida, hablaba de un pasado tormentoso y lejano. Su porte era el de un depredador indomable, y esa ferocidad innata despertaba en ella una resonancia profunda e inesperada. Acostumbrada a dominar el juego de la seducción, se encontraba, curiosamente, en el papel de presa frente a este hombre, y la sensación le resultaba sorprendentemente embriagadora. Aquella parte de su ser que siempre ansiaba el control, ahora se suavizaba, casi se rendía, ante la presencia arrolladora de él.

Sacudiéndose esos pensamientos, Ikirami cruzó los brazos, ejerciendo presión involuntaria sobre su pecho, y levantó la vista hacia él. Su sonrisa era ahora tierna, curiosa, genuina; una mezcla de emociones que reflejaban la complejidad de lo que sentía. Había algo en la intensidad de sus ojos negros que le decía que él también había notado la tensión entre ellos, un juego de poder y seducción que se desarrollaba sin palabras. O tal vez era solo su imaginación, que volaba imaginando lo que todavía no había sucedido.

—¿Y tu eres...? —preguntó Ikirami, dejando que la curiosidad tiñera su voz y la pregunta en el aire.

—He venido a Ohara por un trabajo en el puerto —comenzó Ikirami, intentando desviar la conversación de su agitación interna—, y no podía perder la oportunidad de conocer este lugar. Aunque no esperaba toparme con alguien tan... interesante como tú, y tus compañeros.

Echó un vistazo rápido a quienes lo acompañaban, que hablaban entre ellos, pero no era capaz de discernir sobre qué y dirigió su atención flotando de vuelta hacia él con una gracia innata. Había algo en él que era cautivador, una promesa de historias aún por contar. Con una sonrisa genuina y ojos brillantes de expectativa, Ikirami esperó, ansiosa por descubrir qué secretos escondían el hombre de la mirada profunda y sus compañeros, a los cuales deseaba conocer en breves.

Karmas


Ilustración de la Escena
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RE: [Presente absoluto] ¿Es este el lugar? - por Ikirami - 09-11-2023, 06:10 PM

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