[Presente relativo] ¿Con menos calor no había?
#4
Me faltaba el aire. El calor me arrebataba las fuerzas a cada paso. Ni las ropas aireadas, ni las bebidas frías conseguían apaciguar sus efectos. Ese era uno de esos pocos días en los que desearía no estar cubierto con mi pelaje. El sudor no paraba de brotar de cada poro, como si el agua de mi cuerpo intentara huir buscando la sombra. Aún así, siempre me quedaba un resquicio para admirar una nueva cultura. Aquella era una cuidad muy distinta a lo que habíamos visitado hasta el momento. Algo de lo que solo había leído en alguno de mis libros. Ciudades incrustadas en medio del desierto. Siempre me había preguntado cómo podía vivir alguien en un clima como este. Y ese día, mis dudas se hicieron aún más grandes.

Atravesábamos la ciudad de Rainbase, la que en muchos textos era llamada «la ciudad de los sueños». Nunca sabré el verdadero motivo, pero de lo que estaba seguro era de que allí difícilmente se podría conciliar el sueño. Había leído sobre el gran casino que poseía esta ciudad y yo estaba deseando poder volver a uno después de lo sucedido en el casino de Drum. Estaba seguro de poder hacer una fortuna allí. Una cantidad de dinero que nos permitiese no tener que volver a preocuparnos por ello. Algo que nos hiciese cumplir todo lo que deseábamos. 

Avancé atravesando el bazar junto a mis compañeros. Puestos de ropa, frutas y jugos nos marcaban el camino. El aire arrastraba el intenso aroma a las especias que descansaban en los sacos de algunos mercaderes que insistían en que me acercase a comprar unas pocas. Sin duda sería algo que Uker apreciaría más que yo. Uno de esos aromas me atrapó y acabé comprando un pequeño saco de una mezcla de especias en uno de los puestos. Avancé bajo el toldo que cubría las mercancías, deseando mantenerme a refugio del sol abrasador. Me resultó llamativo cómo se intercalaban los productos que se vendían en aquel mercado, una muestra de que cada uno vendía frente a su propia casa, o incluso lo que abundaba en ella. El siguiente negocio llamó mi atención; una mesa cubierta por una infinidad de pequeños objetos domésticos. Las cucharas yacían junto a marcos para retratos. Los cuencos tallados contenían anillos y collares. Cuadros, turbantes, chilabas... y al fondo, una pequeña montaña de libros. Mis manos se abalanzaron sobre ellos y comencé a hojearlos con cuidado, pues tanto el lomo como sus cubiertas estaban en muy mal estado. Temía que si lo abría sin demasiado mimo, lo que hasta ese momento era un libro pasase a ser un puñado de hojas dispersas por todos lados. Conseguí un buen precio por ellos. Tal vez fuese por el interés que había mostrado, o tal vez por la falta de compradores, pero el vendedor pareció estar contento de quitárselos del medio.

Me uní de nuevo al grupo mientras leía pequeños fragmentos salteados de uno de los libros. Uker se aproximó para darme un pedazo de mango ya cortado y aproveché el momento para darle el saquito de especias que había comprado.

—Toma, Uker. Seguro que tú sabes sacar un buen partido de esto —dije mientras le lanzaba la bolsa—. No se bien qué es, pero no me pude resistir a su olor —hice una pequeña pausa mientras mis compañeros debatían sobre a quién estaría bien robar o no—.  Nobles, ricachones, mafiosos... He robado a toda clase de ellos. Os puedo asegurar que muchos no lo echarían en falta. Y muchos de ellos ni siquiera merecen las joyas que tienen.

Pensaba en el arte. Mi antigua vida me había llevado a robar cuadros, estatuas, joyas y alguna que otra talla de manos de gente que no sabía apreciarlos. Por desgracia, el jefe Reena solo veía esas reliquias como una fuente de ingresos. Si volvía a robar ese tipo de mercancía, acabarían en el Black Widow.

Continué avanzando junto al grupo, utilizando mi sombrero para lanzarme algo de aire a la cara. Entonces, Kiyoshi se dirigió a mi. Llevé la mano a la parte de abajo de mi mochila, la cual comenzaba a humedecerse. Hurgué dentro para sacar los últimos pedazos de hielo, que flotaban libremente dentro de agua. Saqué los cubitos y se los pasé a Kiyoshi.

—Ten, Dichoshi. Son los últimos que me quedan. Deberíamos buscar más, pero no estoy seguro de que vaya a haber ningún vendedor por aquí.

Ni siquiera podía imaginarme cómo haría esta gente par conseguir tanto hielo para sus bebidas. O para aquello que fuera que estaban vendiendo en aquel puesto al que se dirigió Eros. ¿De dónde habrían sacado ese enorme pedazo de hielo? Como fuera, allí estaba mi capitán y pensaba esperarlo. Pero no estaba loco, no iba a hacerlo en esa fila que se había formado en mitad de la calle. Me aparté a un lado, a la sombra de los toldos. Tal vez lo hice buscando refugio. O quizá fue por el temor que había causado en mi saber que ahora era un hombre tan buscado. De cualquier manera, siempre había estado más cómodo en la oscuridad, apartado de las miradas. En las zonas en las que un mink puede ser uno con su lectura. Saqué otro de mis libros recién adquiridos y lo puse frente a mi rostro. Quería leer, pero también pasar desapercibido.



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RE: [Presente relativo] ¿Con menos calor no había? - por Varoganchin - 26-02-2026, 06:51 PM

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