Mi pequeño discurso pareció enmudecer a la bruja de ojos azules que me increpaba trabajar para conseguir comida. ¿Desde cuándo el futuro Rey de los Piratas necesitaba trabajar para conseguir comida? Es más, ¿desde cuándo el futuro Rey de los Piratas necesitaba seguir lo establecido para ser completamente libre? La frase que me dijo aquella rubia me hizo especial gracia, parecía sin duda una señora mayor como la de las historias que me contaba mi padre en la isla. Una persona criticona y cotilla que se metía en conversaciones ajenas para impartir su justicia por medio del escarnio público y el apoyo de las masas. Que rara era, me gustaba su forma de actuar y su voz era tremendamente intimidante.
Gritó que bajara de las escaleras y que nos fuéramos rápido porque se podía armar un revuelo y tenía razón. La gente empezó a enfurecer y parecía que se nos iba a ir todo de control pero entonces una voz destacó de entre la multitud, una voz gritando: “¡BRAVO!”. Miré hacia el lugar de donde provenía aquel grito y era, literalmente, un pulpo musculoso de color azul que nos felicitaba por haber hecho una actuación “genial”. También insultó nuestras ropas, bueno… en mi caso llamó feas mis alas. Todos los de la plaza se giraron y miraron a ese ser tan divertido.
-¡KIIIIIIKIKIKIKI! -empecé a reír al escuchar a ese bicho tan gracioso. -¡Qué raro eres! -grité animado, algo poco común en mí. -¡Eh, únete tú también a mi tripulación! -volví a gritar, mientras me llevaba las manos a la barriga y reía sin parar. Que bichejo tan curioso y agradable, me gustaba.
-Eh, ¿y por qué no mejor nos vamos de aquí y hablamos con más calma? -dije mientras comenzaba a elevarme del suelo, moviendo mis enormes alas y levantando una nube de polvo. -¡Vamos!
Entonces volé a toda velocidad hacia la vieja bruja rubia y la agarré con una mano.
-¡Síguenos! -le dije al pulpo parlanchín mientras volaba en dirección a los viñedos. -Por cierto, ¿cómo te llamas? -pregunté a la chica que tenía en mi mano.
Gritó que bajara de las escaleras y que nos fuéramos rápido porque se podía armar un revuelo y tenía razón. La gente empezó a enfurecer y parecía que se nos iba a ir todo de control pero entonces una voz destacó de entre la multitud, una voz gritando: “¡BRAVO!”. Miré hacia el lugar de donde provenía aquel grito y era, literalmente, un pulpo musculoso de color azul que nos felicitaba por haber hecho una actuación “genial”. También insultó nuestras ropas, bueno… en mi caso llamó feas mis alas. Todos los de la plaza se giraron y miraron a ese ser tan divertido.
-¡KIIIIIIKIKIKIKI! -empecé a reír al escuchar a ese bicho tan gracioso. -¡Qué raro eres! -grité animado, algo poco común en mí. -¡Eh, únete tú también a mi tripulación! -volví a gritar, mientras me llevaba las manos a la barriga y reía sin parar. Que bichejo tan curioso y agradable, me gustaba.
-Eh, ¿y por qué no mejor nos vamos de aquí y hablamos con más calma? -dije mientras comenzaba a elevarme del suelo, moviendo mis enormes alas y levantando una nube de polvo. -¡Vamos!
Entonces volé a toda velocidad hacia la vieja bruja rubia y la agarré con una mano.
-¡Síguenos! -le dije al pulpo parlanchín mientras volaba en dirección a los viñedos. -Por cierto, ¿cómo te llamas? -pregunté a la chica que tenía en mi mano.
![[Imagen: fqQSUZC.png]](https://i.imgur.com/fqQSUZC.png)
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