27-02-2026, 12:18 AM
Vaya disyuntiva se acaba se presentar. ¿Qué se le pasa por la cabeza a Eros al preguntar eso? Por un lado, Uker se niega a robarle a los nobles y a los corruptos. Por otro, Varo tiene la mentalidad de que aquello se debe hacer ya que los otros no merecen todo lo que tienen. Kiyoshi antiguamente habría estado inmediatamente en el mando del pirata marcado, pues se negaba a ser considerado un ladrón y una mala persona. Sin embargo, muchas cosas han pasado desde esos tiempos y ahora su cabeza está llena de pensamientos contradictorios.
— No éramos nobles, pero a mí familia no le iba mal. Quizás no me habría gustado que alguien fuera a robarnos… — Y más de alguna vez sucedió, pues en este mundo nadie se salva de los malhechores. — Pero Varo tiene razón, así que creo que me decanto por su opinión. — Y cómo no lo va a apoyar si contento es que recibe los cubos de hielo que le tiende —aunque no se le nota en la cara esa felicidad, como de costumbre— y que de inmediato echa en su caso. Nuevamente la bebida está fría y le hidrata como corresponde. — Debe haber, pero no son tontos, de seguro venden el hielo bastante caro.
Todos esperan a la sombra mientras Eros decide hacer una fila interminable para comprar. ¿Es que no piensa en sus pobres compañeros? Si siguen su camino, luego costará mucho encontrarse. Aún con la capacidad de olfato que pueda tener el topo, con tanta gente en lo alrededor, será complejo.
Repentinamente a Kiyoshi se le enciende la ampolleta de la cabeza y decide ser un buen compañero, aunque a su criterio, siempre lo es. — Le daré más dinero a Eros para que también compre para todos nosotros. Si hará una fila tan larga, que al menos valga la pena la espera. — Abandona a paso lento su sitio resguardado de los rayos del sol y cruza la calle amplia camino al capitán de los Sepultura. Lo que el médico no se espera es que la gran concentración de gente le haría una trampa.
Para empezar, Kiyoshi sufre bastante estos sitios tan concurridos, por lo que camina más lento que de costumbre y levemente erguido. Al separarse momentáneamente de su gente de confianza, experimenta cierta fobia social que le impide concentrarse del todo. Ignorando este detalle pero confiando en su capacidad, un grupo de pequeños ladrones ha puesto la vista en él. Algunos, de los mismos a los que Eros les compartió de su dinero. La ambición se ve en sus rostros y la creencia de poder pasar por encima del mundo se transmite a través de sus sonrisas.
Leves señas entre el grupo de tres muchachos son más que suficientes para saber cuándo actuar. El primero decide pasar por la espalda de Kiyoshi y le da un empujón que lo obliga a trastabillar. Este concentrado en el monedero del cual piensa sacar berries que entregarle a Eros, apenas se mantiene en equilibrio y al ver hacia atrás para ver qué pasó, es atacado por el frente. Otro muchachito con una gran rapidez de manos le quita el dinero y sale corriendo. Silba y de inmediato sus dos compañeros salen corriendo, mezclándose entre la masa de gente.
Kiyoshi se avispa pronto y empieza a correr tras ellos, no sin antes avisarle a sus compañeros. — ¡Ladrones! ¡Muévanse, tontos! ¡Van hacia allá! — Los otros son más rápidos que él y con mejor capacidad de rastreo, por eso les avisa pronto para que se pongan manos a la obra. Más vale que el topo abandone su fila y se ponga a correr, que para algo es el protector de la tripulación.
— Malditas ratas, si los encuentro los llenaré de agujeros. — Y cuando se meten con él, tiene poca paciencia antes de jalar el gatillo. Meterse con el dinero de alguien que ha sufrido mucho para ganarlo es algo que aprenderán a la mala que no debe hacerse. — ¡Creo que doblan por la izquierda!
¿Podrán seguirles la pista y alcanzarlos?
— No éramos nobles, pero a mí familia no le iba mal. Quizás no me habría gustado que alguien fuera a robarnos… — Y más de alguna vez sucedió, pues en este mundo nadie se salva de los malhechores. — Pero Varo tiene razón, así que creo que me decanto por su opinión. — Y cómo no lo va a apoyar si contento es que recibe los cubos de hielo que le tiende —aunque no se le nota en la cara esa felicidad, como de costumbre— y que de inmediato echa en su caso. Nuevamente la bebida está fría y le hidrata como corresponde. — Debe haber, pero no son tontos, de seguro venden el hielo bastante caro.
Todos esperan a la sombra mientras Eros decide hacer una fila interminable para comprar. ¿Es que no piensa en sus pobres compañeros? Si siguen su camino, luego costará mucho encontrarse. Aún con la capacidad de olfato que pueda tener el topo, con tanta gente en lo alrededor, será complejo.
Repentinamente a Kiyoshi se le enciende la ampolleta de la cabeza y decide ser un buen compañero, aunque a su criterio, siempre lo es. — Le daré más dinero a Eros para que también compre para todos nosotros. Si hará una fila tan larga, que al menos valga la pena la espera. — Abandona a paso lento su sitio resguardado de los rayos del sol y cruza la calle amplia camino al capitán de los Sepultura. Lo que el médico no se espera es que la gran concentración de gente le haría una trampa.
Para empezar, Kiyoshi sufre bastante estos sitios tan concurridos, por lo que camina más lento que de costumbre y levemente erguido. Al separarse momentáneamente de su gente de confianza, experimenta cierta fobia social que le impide concentrarse del todo. Ignorando este detalle pero confiando en su capacidad, un grupo de pequeños ladrones ha puesto la vista en él. Algunos, de los mismos a los que Eros les compartió de su dinero. La ambición se ve en sus rostros y la creencia de poder pasar por encima del mundo se transmite a través de sus sonrisas.
Leves señas entre el grupo de tres muchachos son más que suficientes para saber cuándo actuar. El primero decide pasar por la espalda de Kiyoshi y le da un empujón que lo obliga a trastabillar. Este concentrado en el monedero del cual piensa sacar berries que entregarle a Eros, apenas se mantiene en equilibrio y al ver hacia atrás para ver qué pasó, es atacado por el frente. Otro muchachito con una gran rapidez de manos le quita el dinero y sale corriendo. Silba y de inmediato sus dos compañeros salen corriendo, mezclándose entre la masa de gente.
Kiyoshi se avispa pronto y empieza a correr tras ellos, no sin antes avisarle a sus compañeros. — ¡Ladrones! ¡Muévanse, tontos! ¡Van hacia allá! — Los otros son más rápidos que él y con mejor capacidad de rastreo, por eso les avisa pronto para que se pongan manos a la obra. Más vale que el topo abandone su fila y se ponga a correr, que para algo es el protector de la tripulación.
— Malditas ratas, si los encuentro los llenaré de agujeros. — Y cuando se meten con él, tiene poca paciencia antes de jalar el gatillo. Meterse con el dinero de alguien que ha sufrido mucho para ganarlo es algo que aprenderán a la mala que no debe hacerse. — ¡Creo que doblan por la izquierda!
¿Podrán seguirles la pista y alcanzarlos?
![[Imagen: u2oxCl9.png]](https://i.imgur.com/u2oxCl9.png)
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