27-02-2026, 03:40 PM
A nosotros se nos había dado por fracasada la misión, a pesar de haber hecho todo el trabajo duro, pero mirándolo desde el lado bueno, habíamos actuado como unos marines de primera (Con algún que otro traspiés), gracias a nosotros, otro escuadrón había podido capturar a un peligroso grupo de mercenarios que ya no sería capaz de sembrar temor entre los civiles, el pacífico Reino de Samba era más pacífico y seguro que el día anterior.
No sabía cuánto tiempo había pasado, pero allí seguía… En el suelo…Contando langostas —Cuarenta y cinco langostas, cuarenta y seis langostas…— Hasta que, al llegar a las cincuenta, desperté de mi letargo, incorporándome en el sitio pero sin llegar a levantarme. Me rasque la cabeza dolorido, siendo capaz de apreciar un bulto que me había salido —Pero será hi- — Tenía toda la intención de maldecir a mi superior, pero une escalofrío recorrió mi acorazada espalda, ¿Y si estaba observando? El siempre observa…
Luego de mirar a mi alrededor, comprobando que, efectivamente, el oficial se había ido, miré a mi lado, donde Maki yacía tirada en el suelo mirando al cielo. Me tiré sobre mi espalda para reincorporarme completamente aprovechando el balanceo de mi cuerpo —¡Alehoop!— Y le tendí la mano a mi compañera para que se levantase también. —Bueno… Esperaba algo peor— Dije mientras me apretaba el bulto de mi cabeza, intentando meterlo hacia adentro sin éxito —Un bultito más que menos… ¿Qué más da? JAJAJAJA—
Una vez nos levantamos, fuimos directos a las cuadras, no queríamos ni imaginar lo que nos pasaría si desobedeciésemos las órdenes del oficial. Había escuchado por los rincones del campamento, que había destinos peores que la muerte, pero era algo nunca me tomé enserio, hasta ahora… Me habían pateado mientras estaba amarrado a un póster, e incluso me habían disparado en el hombro, pero todas esas dolencias palidecían frente a algo tan simple y directo como el puñetazo de ese maldito viejo.
Lo primero que teníamos que hacer era limpiar, porque aquello estaba hecho un desastre, y para limpiar el establo era encargarnos de los caballos. Yo empecé a recoger la paja, agarrando de mala manera un rastrillo, mientras Maki se llevaba a los caballos a la finca que estaba al aire libre, la distribución no fue la más adecuada, pero no caímos en ello hasta que vi a mi compañera volando, agarrada a las riendas de uno de los caballos. Todo bajo la atenta mirada del viejo oficial, que apuntaba desde la distancia, ni él parecía querer acercarse a las cuadras. —Me va a pegar luego otra vez ¿Verdad?— Dije, mientras Maki se limitaba a darme palmaditas en la espalda.
Limpiar las cuadras era un asco, un festival maloliente y fangoso —¿Es qué nunca han limpiado este sitio o que?— Pero al menos estábamos juntos en ello, las cargas pesan menos si las compartes con una buena amiga. Y de esta manera terminó nuestra primera misión como Marines en entrenamiento, heridos, cansados, sucios y lanzándonos excrementos mientras limpiábamos… Una preciosa amistad.
—Hablo—
—Pienso—
No sabía cuánto tiempo había pasado, pero allí seguía… En el suelo…Contando langostas —Cuarenta y cinco langostas, cuarenta y seis langostas…— Hasta que, al llegar a las cincuenta, desperté de mi letargo, incorporándome en el sitio pero sin llegar a levantarme. Me rasque la cabeza dolorido, siendo capaz de apreciar un bulto que me había salido —Pero será hi- — Tenía toda la intención de maldecir a mi superior, pero une escalofrío recorrió mi acorazada espalda, ¿Y si estaba observando? El siempre observa…
Luego de mirar a mi alrededor, comprobando que, efectivamente, el oficial se había ido, miré a mi lado, donde Maki yacía tirada en el suelo mirando al cielo. Me tiré sobre mi espalda para reincorporarme completamente aprovechando el balanceo de mi cuerpo —¡Alehoop!— Y le tendí la mano a mi compañera para que se levantase también. —Bueno… Esperaba algo peor— Dije mientras me apretaba el bulto de mi cabeza, intentando meterlo hacia adentro sin éxito —Un bultito más que menos… ¿Qué más da? JAJAJAJA—
Una vez nos levantamos, fuimos directos a las cuadras, no queríamos ni imaginar lo que nos pasaría si desobedeciésemos las órdenes del oficial. Había escuchado por los rincones del campamento, que había destinos peores que la muerte, pero era algo nunca me tomé enserio, hasta ahora… Me habían pateado mientras estaba amarrado a un póster, e incluso me habían disparado en el hombro, pero todas esas dolencias palidecían frente a algo tan simple y directo como el puñetazo de ese maldito viejo.
Lo primero que teníamos que hacer era limpiar, porque aquello estaba hecho un desastre, y para limpiar el establo era encargarnos de los caballos. Yo empecé a recoger la paja, agarrando de mala manera un rastrillo, mientras Maki se llevaba a los caballos a la finca que estaba al aire libre, la distribución no fue la más adecuada, pero no caímos en ello hasta que vi a mi compañera volando, agarrada a las riendas de uno de los caballos. Todo bajo la atenta mirada del viejo oficial, que apuntaba desde la distancia, ni él parecía querer acercarse a las cuadras. —Me va a pegar luego otra vez ¿Verdad?— Dije, mientras Maki se limitaba a darme palmaditas en la espalda.
Limpiar las cuadras era un asco, un festival maloliente y fangoso —¿Es qué nunca han limpiado este sitio o que?— Pero al menos estábamos juntos en ello, las cargas pesan menos si las compartes con una buena amiga. Y de esta manera terminó nuestra primera misión como Marines en entrenamiento, heridos, cansados, sucios y lanzándonos excrementos mientras limpiábamos… Una preciosa amistad.
Maki y Juan limpiando las cuadras
—Hablo—
—Pienso—

![[Imagen: Gemini-Generated-Image-j5xm8yj5xm8yj5xm.jpg]](https://i.ibb.co/DX21hrt/Gemini-Generated-Image-j5xm8yj5xm8yj5xm.jpg)
