Dia 26 de primavera/ año 17
Las duras y difíciles calles de Samba son inclemente, son cargadas de energía, se sienten tan grande este lugar que me da la impresión que no he podido coincidir con nadie en más de una ocasión. Mi cabeza se ha vuelto un problema, se ha vuelto un asunto complicado de llevar. Desde que entré que me tuve que enfrentar con Ignis me dí cuenta de que aquí las pandillas viven el mismo lugar que los transeúntes comunes. Coexisten con naturalidad durante el día, pero durante la noche, las cosas cambian, los territorios bajan sus fronteras y quien se equivoca lo paga caro. Mi recibimiento con ese líder me marcó, no como los tatuajes que llevo en la piel, pero de cierta manera me hizo su protegido. Las otras bandas sabían de esto y desde mi primera noche lo supe pues no podía caminar simplemente pues salía de la zona segura y fácilmente personas de otras bandas comenzaban a monitorear.
No soy un detective o un sagaz espía capaz de notar quiénes son aquellos que tienen su vista sobre mi. Solo puedo ver ciertas sutilezas en el ambiente y cómo las personas cambian un poco con mi llegada. Si bien las personas de la media me tratan con un agrado y son encantadores, aquellos que pertenecen a un mundo más turbio no les gusta que los hombres de Ignis estén de aquí para allá. Las sensaciones en un popurrí demasiado enredado, moverme durante el día es un placer pero de noche debo regresar cagando leches. Esta noche, siendo mi segunda noche o tercera desde que llegué ya debo caminar con ojos sobre mis hombros y uno en la nuca para que no me quieran asaltar y darme unos navajazos.
Los ojos en la noche se ocultan entre las sombras y aún estoy lejos de “mi barrio.” Maldito seas Ignis, querías quedarte conmigo a como dé lugar y ahora me has dejado una marca invisible. Los por menores de mi relación con él no los iba a revelar en este tema. Que estuviera claro que no me gusta tener que trabajar para una “Pran” que es como se hacen llamar a las cabecillas. Mis pasos usando las sandalias me llevan entre las pasarelas. Caminar y ver gente fumando, improvisando con instrumentos, otros simplemente bebiendo de una botella un líquido transparente pero que apesta. Me llevan a una taberna que no es la típica bien posicionada con salida a una calle principal. Una taberna oculta, cuyas salidas dan a pasarelas estrechas y vista desde afuera te preguntas ¿Cómo es que llegaron allí?
Mi entrada, silenciosa a través del pasillo oscuro a un ambiente que no era menos tenso que mi situación, pero se notaba que allí adentro cada quien estaba en su asunto. Me gustó y si se prendía algún problema yo seguramente iba a salir por una ventana y desplegar mi vuelo. Mi presencia fue recibida como uno mas que llega a la cueva de lobos y miradas que van de soslayo. Un terrible edgy en el que me terminé metiendo. Bueno, toca tratar de desaparecer y tras una mirada aguda y felina que ve a todos y esquivo voy caminando con el claro deseo de llegar a un puesto cómodo y dejar caer mi trasero en el banco.
Un rechinar y ruido de madera al ceder por mi peso de mi imponente y bien formada musculatura. Soy paciente y consciente, espero a que alguien venga por mi y decidi atenderme. Por una vez en la vida tengo dinero suficiente y no me duele mucho gastarlo. Hay que aprovechar la oportunidad. Mis alas que en un movimiento inconsciente se recogen y buscan estar plegadas, así evitar incomodidades con cualquiera.
El lugar estaba adaptado a multirazas así que no me siento para nada incómodo en temas de espació. Sigo esperando hasta que llegue alguien a atenderme y comienzo a mirar aquella pared que está llena de representaciones de los más buscados hasta el día de hoy. Caras que ya he visto en otras oportunidades, de hecho muchos de esos carteles tengo una copia propia. Busco entre esas caras a ver si entre ellas está la de aquella mujer que vengo siguiendo la pista.
