28-02-2026, 02:47 AM
(Última modificación: 28-02-2026, 06:37 PM por Onizuka Jin.
Razón: Corrección en cálculos y detalles.
)
El resultado fue positivo. No solo sí era quien creía ser, también pareció reconocerlo. La forma de saludarlo lo demostró. Ver una cara conocida por la zona se le hizo agradable incluso después de un viaje tan largo. No sabría decir si estaba en la mejor o peor condición y, sin embargo, sintió la curiosidad de nuevo llenarlo. Esta vez, a diferencia de la última, cargaba con dos katanas, una a cada lado de su cinturón. La separación entre ambos era de máximo dos metros. El tic en su ceja se presentó de forma automática al escuchar mal su apellido. Entre el médico pelirrosa y su nuevo jefe, parecía que el cambiarle el nombre u olvidarlo era un hobby.
Le corrigió de forma automática, sin pensar, costumbre que había adquirido tras las múltiples presentaciones. Elevó su mano, con los dedos índice y pulgar sus ojos como si descargara con el gesto el cansancio acumulado. —Puede llamarme solo Jin, joven Focalor. Creo que así es más fácil para usted recordarlo. — Apartó sus dedos, observando al joven. Quizás se había mal habituado, pero aquello le llevó a cuestionarse si realmente era la falta de memoria que conocía del médico y su nuevo jefe o, por otro lado, pensándolo mejor, tenía cierto sentido. Solo se presentó una sola vez, no es que hubieran acordado un reencuentro como el fortuito que se había dado allí. Pese a todo, fue educado, extendiendo una de las botellas que traía consigo.
—Creo que le vendrá bien refrescarse, joven. — Sus palabras eran suaves y calmadas, no hubo hostilidad. Quizás habría comprado de más y, con el terrible calor que llevaban, ciertamente era mejor mantenerse hidratado. —¿Hace mucho que se encuentra por aquí? — Ya fuera que aceptara la botella o no, dependiendo del gesto, lo dejaría tomarlo y, por el contrario, solo lo volvería a guardar en la bolsa que traía consigo.
Guardó un pequeño silencio, ¿en qué estaría pensando? Quiso probarlo, una vez más; activación del Kenbunshoku que apenas hacía poco había aprendido, un nuevo ejercicio de “auto entrenamiento”. ¿Se daría cuenta? Quién sabe. Quería ver sus reacciones, si su aura era capaz de cambiar en base a sus emociones. No funcionaba así, era consciente de ello, pero nunca se sabe. ¿Las auras se comportarían diferente en base a... lo que fuere?
Pudo verlo con claridad, con esos dos metros de distancia. Su alrededor lleno de colores y formas, pero la del joven frente a él más clara. Su foco estaba puesto en él. Curiosamente, su pensamiento lo llevó a pensar que encajaba demasiado bien. Un degradado entre azul y morado, su ropa habitual y el lugar del que provenía. Todo en forma de unas llamas que lo envolvían, de forma continua y calmada, una mezcla de frialdad en los tonos de colores, pero calidez en la forma de su aura. Fue, cuanto menos, de lo más curioso de ver.
La media sonrisa se llenó en su rostro, recordando con más claridad aquel primer combate amitoso donde se conocieron. Quiso seguir viendo su aura, manteniendo un poco más el Kenbunshoku. Su poder era palpable, ¿quizás solo era por su forma humana? Ahora que conocía su otra forma, se preguntó más. Ese muchacho... resultaba inesperadamente bueno para su entrenamiento para mejorar su Haki.
Sus katanas reposaban, una a cada lado de su cadera, en el cinturón de su propio pantalón, con las fundas, perfectamente envainadas. La sola idea de volver a enfrentarse al joven lo llenó de adrenalina. —¿Qué le parece, pues? Preferiría que fuera un lugar con menos personas, por supuesto. — Comenzó a caminar, recordaba un lugar cerrado, más seguro de las miradas ajenas, un lugar interior, o podrían ir al propio desierto. —Me gustaría darle una recompensa a cambio. Hace un tiempo que no me divierto peleando con alguien que sabe lo que hace. — Sus ojos se mantenían firmes en el joven, atento, preparado, atento a cualquier cambio que pudiera verse en su aura.
Aceptaría, por lo que lo guió hasta un lugar más fresco. Lo atrajo hasta el lugar más tranquilo que recordaba, pasando por la montaña de gente y calor, hasta encontrarse en un callejón donde la sombra, al menos por el momento, los mantenía más frescos. Dejó la bolsa a un lado. El lugar era un simple pasillo. Había ocho metros de distancia entre pared y pared y 25m desde el centro, donde ambos se encontraban, entre detrás de Jin y detrás de Eros, formando el camino recto por el que acababan de llegar.
La primera vez lo supo, sus reflejos eran cortos y, esta vez, partiría de esa ventaja, a menos que ahora, después del tiempo transcurrido, hubiera mejorado, en ese caso sería un tremendo error por su parte. En su primer enfrentamiento, él había tenido la ventaja. Por ello, no esperó. Su movimiento fue fugaz, veloz, el movimiento instantáneo. Los diez metros que los separaron terminaron desapareciendo en un parpadeo, pasando hasta otros diez en el lado opuesto. El movimiento fue fugaz, veloz, un corte en horizontal en el instante que su fugaz y veloz movimiento pasaba de estar frente a él. El ataque se dirigió directamente debajo de su brazo y encima de su cintura, a un costado de su abdomen, concretamente al lado izquierdo y, en apenas un parpadeo y tras las espaldas del sepulturero, podría escuchar el sonido del “clic” de la katana, mostrando la técnica que ya había utilizado en su primer enfrentamiento; Kageuchi perfectamente aplicado. Sus piernas se deslizaron en la arena del suelo en un intento de frenar, haciendo un giro de 180º con su cuerpo para no estar de espaldas a su contrincante una vez finalizó su técnica. Una vez tomó las distancias, desenvainó su segunda arma, rompiendo esos diez metros de distancia de forma instantánea para volver a atacarlo una segunda vez, esta vez con su otra mano, un golpe ascendente diagonal directamente aplicado al joven, pasando por su pierna derecha hasta la zona del hombro izquierdo y, una vez más, tomó las distancias de seguridad, conociendo la velocidad ahora a la que se movía. Era mejor estar preparado. Elevó ahora ambas katanas. ¿Se transformaría? ¿Pelearía ahora en su forma humana? Ahora mismo los separaban doce metros. ¿Qué tan veloz sería ahora?

—Onizuka Jin.
Le corrigió de forma automática, sin pensar, costumbre que había adquirido tras las múltiples presentaciones. Elevó su mano, con los dedos índice y pulgar sus ojos como si descargara con el gesto el cansancio acumulado. —Puede llamarme solo Jin, joven Focalor. Creo que así es más fácil para usted recordarlo. — Apartó sus dedos, observando al joven. Quizás se había mal habituado, pero aquello le llevó a cuestionarse si realmente era la falta de memoria que conocía del médico y su nuevo jefe o, por otro lado, pensándolo mejor, tenía cierto sentido. Solo se presentó una sola vez, no es que hubieran acordado un reencuentro como el fortuito que se había dado allí. Pese a todo, fue educado, extendiendo una de las botellas que traía consigo.
—Creo que le vendrá bien refrescarse, joven. — Sus palabras eran suaves y calmadas, no hubo hostilidad. Quizás habría comprado de más y, con el terrible calor que llevaban, ciertamente era mejor mantenerse hidratado. —¿Hace mucho que se encuentra por aquí? — Ya fuera que aceptara la botella o no, dependiendo del gesto, lo dejaría tomarlo y, por el contrario, solo lo volvería a guardar en la bolsa que traía consigo.
Guardó un pequeño silencio, ¿en qué estaría pensando? Quiso probarlo, una vez más; activación del Kenbunshoku que apenas hacía poco había aprendido, un nuevo ejercicio de “auto entrenamiento”. ¿Se daría cuenta? Quién sabe. Quería ver sus reacciones, si su aura era capaz de cambiar en base a sus emociones. No funcionaba así, era consciente de ello, pero nunca se sabe. ¿Las auras se comportarían diferente en base a... lo que fuere?
Pudo verlo con claridad, con esos dos metros de distancia. Su alrededor lleno de colores y formas, pero la del joven frente a él más clara. Su foco estaba puesto en él. Curiosamente, su pensamiento lo llevó a pensar que encajaba demasiado bien. Un degradado entre azul y morado, su ropa habitual y el lugar del que provenía. Todo en forma de unas llamas que lo envolvían, de forma continua y calmada, una mezcla de frialdad en los tonos de colores, pero calidez en la forma de su aura. Fue, cuanto menos, de lo más curioso de ver.

—¿Recuerda nuestro último encuentro? Me gustaría probar de nuevo.
La media sonrisa se llenó en su rostro, recordando con más claridad aquel primer combate amitoso donde se conocieron. Quiso seguir viendo su aura, manteniendo un poco más el Kenbunshoku. Su poder era palpable, ¿quizás solo era por su forma humana? Ahora que conocía su otra forma, se preguntó más. Ese muchacho... resultaba inesperadamente bueno para su entrenamiento para mejorar su Haki.
Sus katanas reposaban, una a cada lado de su cadera, en el cinturón de su propio pantalón, con las fundas, perfectamente envainadas. La sola idea de volver a enfrentarse al joven lo llenó de adrenalina. —¿Qué le parece, pues? Preferiría que fuera un lugar con menos personas, por supuesto. — Comenzó a caminar, recordaba un lugar cerrado, más seguro de las miradas ajenas, un lugar interior, o podrían ir al propio desierto. —Me gustaría darle una recompensa a cambio. Hace un tiempo que no me divierto peleando con alguien que sabe lo que hace. — Sus ojos se mantenían firmes en el joven, atento, preparado, atento a cualquier cambio que pudiera verse en su aura.
Aceptaría, por lo que lo guió hasta un lugar más fresco. Lo atrajo hasta el lugar más tranquilo que recordaba, pasando por la montaña de gente y calor, hasta encontrarse en un callejón donde la sombra, al menos por el momento, los mantenía más frescos. Dejó la bolsa a un lado. El lugar era un simple pasillo. Había ocho metros de distancia entre pared y pared y 25m desde el centro, donde ambos se encontraban, entre detrás de Jin y detrás de Eros, formando el camino recto por el que acababan de llegar.
La primera vez lo supo, sus reflejos eran cortos y, esta vez, partiría de esa ventaja, a menos que ahora, después del tiempo transcurrido, hubiera mejorado, en ese caso sería un tremendo error por su parte. En su primer enfrentamiento, él había tenido la ventaja. Por ello, no esperó. Su movimiento fue fugaz, veloz, el movimiento instantáneo. Los diez metros que los separaron terminaron desapareciendo en un parpadeo, pasando hasta otros diez en el lado opuesto. El movimiento fue fugaz, veloz, un corte en horizontal en el instante que su fugaz y veloz movimiento pasaba de estar frente a él. El ataque se dirigió directamente debajo de su brazo y encima de su cintura, a un costado de su abdomen, concretamente al lado izquierdo y, en apenas un parpadeo y tras las espaldas del sepulturero, podría escuchar el sonido del “clic” de la katana, mostrando la técnica que ya había utilizado en su primer enfrentamiento; Kageuchi perfectamente aplicado. Sus piernas se deslizaron en la arena del suelo en un intento de frenar, haciendo un giro de 180º con su cuerpo para no estar de espaldas a su contrincante una vez finalizó su técnica. Una vez tomó las distancias, desenvainó su segunda arma, rompiendo esos diez metros de distancia de forma instantánea para volver a atacarlo una segunda vez, esta vez con su otra mano, un golpe ascendente diagonal directamente aplicado al joven, pasando por su pierna derecha hasta la zona del hombro izquierdo y, una vez más, tomó las distancias de seguridad, conociendo la velocidad ahora a la que se movía. Era mejor estar preparado. Elevó ahora ambas katanas. ¿Se transformaría? ¿Pelearía ahora en su forma humana? Ahora mismo los separaban doce metros. ¿Qué tan veloz sería ahora?
Cajita de Tabaco
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