28-02-2026, 06:43 PM
El joven pelirrojo se encuentra junto a sus compañeros en una misión delicada y amarga, pues su objetivo es descubrir qué le ocurrió a una división marine que dejó de responder hacía ya cinco meses, algo que provoca que el contramaestre se moleste un poco con los altos cargos, no es normal que dejen abandonados a miembros de una división de investigación por cinco meses, lo suyo hubiera sido enviar un grupo de rescate a la semana como mucho de ausencia de respuesta, no esperar 5 meses en los que probablemente se habrán sentido abandonados e ignorados por sus superiores, quienes parecen estar más preocupados de un dichoso tesoro natural que del bienestar de sus propios hombres. Cuantas más vueltas da el arquero al suceso más parece que lo que buscan es en efecto la planta dibujada, y si es así más motivos tiene para estar molesto, no parecen querer tener en cuenta los riesgos de usar esa planta ni de las consecuencias que puede haber para el cuerpo incluso si sale bien y no se vuelve tóxico.
Cuando la capitana ante el informe de Stroud anuncia que darán un parte de baja a los miembros de la división que desapareció, el arquero aprieta con algo de fuerza su arco, controlándose para evitar dañar su arma durante una misión y quedar completamente indefenso, sin embargo el propio contramaestre no está del todo seguro que estén todos muertos, no descarta la posibilidad de que alguno, sino todos, hayan logrado escapar dejando todo atrás para mantenerse con vida ante un ataque inesperado y sorprendentemente organizado, siendo que la organización que tienen esas criaturas y el hecho de que la destrucción del campamento parece focalizada es lo que sigue haciendo que el joven sospeche que haya algo más detrás de todo eso, como si alguien estuviese controlando a las criaturas, alguien que conoce las características de las plantas y haya preparado la mezcla adecuada para que esos grandes lagartos hayan tenido semejante brote de energía. Dejando de lado la rabia y frustración que siente en este momento el arquero pelirrojo hay que seguir las órdenes, y ahora la capitana da por confirmada la desaparición, que no muerte, de la división 86, por lo que toca pasar a la segunda parte de la misión encargada a los marines de la división 60, encontrar la fuente de esa planta y extraerlas, siendo que al parecer crecen en la oscuridad de una cueva cercana al campamento.
Bertram suspira mientras se rasca tras la cabeza, un gesto más frecuente cuando las circunstancias suponen una molestia mayor a lo habitual, mayormente debido a decisiones estúpidas de otras personas que provocan que él y sus compañeros se vean envueltos en situaciones complicadas y molestas, tal y cómo es la situación actual de la división 60, una situación evitable si los superiores hubieran hecho las cosas bien y enviado gente antes a comprobar el motivo del cese de comunicaciones en lugar de esperar cinco meses. Así también hubieran aumentado las probabilidades de encontrar a la división 86 viva y preguntarles directamente por los avances en la investigación y ayudarles a terminarla. En el momento que finaliza la llamada, Stroud da la orden de avanzar a la cueva en la que se supone encontrarán el dichoso tesoro, siendo que el contramaestre está deseando terminar de una vez con esta investigación y luego terminar con algunas construcciones que tiene en mente antes de poner rumbo a la siguiente isla. Ahora viene el problema, ni Stroud ni Bertram tienen la capacidad de ver en una cueva oscura con tanta facilidad como los minks Moja y Kibai, por lo que la situación se puede complicar bastante si no van con cuidado, además, no saben las condiciones en el interior de la cueva por lo que usar lámparas de aceite o antorchas está descartado.
Ante la posibilidad de verse afectado por cualquier tipo de toxina en el interior de la cueva Kibai usa las propias tiendas para cubrir sus manos, dejando el símbolo de sus compañeros caídos a la vista en honor a ellos, mientras que el arquero mantiene sus ojos atentos a todo el entorno, aprovechando su percepción detallada y su facilidad para discernir cosas ocultas o fuera de lugar. El grupo de marines avanza coordinada y decididamente hacia la cueva en la que se encuentra la flor que tienen que extraer, pero antes el arquero hace lo mismo que su compañero Kibai y aprovecha la tela de las tiendas para improvisar unas vendas con las que cubre totalmente sus manos manteniendo total libertad para poder usar su arco sin mayores complicaciones. Conforme se acercan a la cueva queda más claro que la visibilidad va a ser nefasta, siendo que Kibai se adelanta un poco al comandante y manda sus avispas por delante para que hagan de avanzadilla y les adviertan de posibles amenazas antes de que los tome por sorpresa. Igualmente, Bertram dice desde su puesto en la retaguardia
-En caso de ser necesario puedo tomar una flecha y cargarla de electricidad, no es lo mismo que una antorcha, pero al menos nos dará una ligera claridad para ver mejor una vez estemos cerca de la zona donde posiblemente esté la flor, sir.-
Los ojos de Bertram se mantienen atentos a todo lo que rodea, al mismo tiempo que sus oídos permanecen alertas a cualquier indicio de peligro por la parte posterior, y tal y cómo aprendió en sus tiempos de cazador, cada vez que se adentra a una zona desconocida en el que intuye habrá un mínimo de peligro el joven lleva su arco en mano y una flecha ya preparada para disparar en caso de que sea necesario, reduciendo enormemente el tiempo de actuación ante una amenaza repentina. Parte de la atención de Bertram está en Kibai, algo le dice al arquero que su compañero está soportando algo en silencio para no preocuparles, pero sus ojos e instintos le dicen que algo oculta.
Cuando la capitana ante el informe de Stroud anuncia que darán un parte de baja a los miembros de la división que desapareció, el arquero aprieta con algo de fuerza su arco, controlándose para evitar dañar su arma durante una misión y quedar completamente indefenso, sin embargo el propio contramaestre no está del todo seguro que estén todos muertos, no descarta la posibilidad de que alguno, sino todos, hayan logrado escapar dejando todo atrás para mantenerse con vida ante un ataque inesperado y sorprendentemente organizado, siendo que la organización que tienen esas criaturas y el hecho de que la destrucción del campamento parece focalizada es lo que sigue haciendo que el joven sospeche que haya algo más detrás de todo eso, como si alguien estuviese controlando a las criaturas, alguien que conoce las características de las plantas y haya preparado la mezcla adecuada para que esos grandes lagartos hayan tenido semejante brote de energía. Dejando de lado la rabia y frustración que siente en este momento el arquero pelirrojo hay que seguir las órdenes, y ahora la capitana da por confirmada la desaparición, que no muerte, de la división 86, por lo que toca pasar a la segunda parte de la misión encargada a los marines de la división 60, encontrar la fuente de esa planta y extraerlas, siendo que al parecer crecen en la oscuridad de una cueva cercana al campamento.
Bertram suspira mientras se rasca tras la cabeza, un gesto más frecuente cuando las circunstancias suponen una molestia mayor a lo habitual, mayormente debido a decisiones estúpidas de otras personas que provocan que él y sus compañeros se vean envueltos en situaciones complicadas y molestas, tal y cómo es la situación actual de la división 60, una situación evitable si los superiores hubieran hecho las cosas bien y enviado gente antes a comprobar el motivo del cese de comunicaciones en lugar de esperar cinco meses. Así también hubieran aumentado las probabilidades de encontrar a la división 86 viva y preguntarles directamente por los avances en la investigación y ayudarles a terminarla. En el momento que finaliza la llamada, Stroud da la orden de avanzar a la cueva en la que se supone encontrarán el dichoso tesoro, siendo que el contramaestre está deseando terminar de una vez con esta investigación y luego terminar con algunas construcciones que tiene en mente antes de poner rumbo a la siguiente isla. Ahora viene el problema, ni Stroud ni Bertram tienen la capacidad de ver en una cueva oscura con tanta facilidad como los minks Moja y Kibai, por lo que la situación se puede complicar bastante si no van con cuidado, además, no saben las condiciones en el interior de la cueva por lo que usar lámparas de aceite o antorchas está descartado.
Ante la posibilidad de verse afectado por cualquier tipo de toxina en el interior de la cueva Kibai usa las propias tiendas para cubrir sus manos, dejando el símbolo de sus compañeros caídos a la vista en honor a ellos, mientras que el arquero mantiene sus ojos atentos a todo el entorno, aprovechando su percepción detallada y su facilidad para discernir cosas ocultas o fuera de lugar. El grupo de marines avanza coordinada y decididamente hacia la cueva en la que se encuentra la flor que tienen que extraer, pero antes el arquero hace lo mismo que su compañero Kibai y aprovecha la tela de las tiendas para improvisar unas vendas con las que cubre totalmente sus manos manteniendo total libertad para poder usar su arco sin mayores complicaciones. Conforme se acercan a la cueva queda más claro que la visibilidad va a ser nefasta, siendo que Kibai se adelanta un poco al comandante y manda sus avispas por delante para que hagan de avanzadilla y les adviertan de posibles amenazas antes de que los tome por sorpresa. Igualmente, Bertram dice desde su puesto en la retaguardia
-En caso de ser necesario puedo tomar una flecha y cargarla de electricidad, no es lo mismo que una antorcha, pero al menos nos dará una ligera claridad para ver mejor una vez estemos cerca de la zona donde posiblemente esté la flor, sir.-
Los ojos de Bertram se mantienen atentos a todo lo que rodea, al mismo tiempo que sus oídos permanecen alertas a cualquier indicio de peligro por la parte posterior, y tal y cómo aprendió en sus tiempos de cazador, cada vez que se adentra a una zona desconocida en el que intuye habrá un mínimo de peligro el joven lleva su arco en mano y una flecha ya preparada para disparar en caso de que sea necesario, reduciendo enormemente el tiempo de actuación ante una amenaza repentina. Parte de la atención de Bertram está en Kibai, algo le dice al arquero que su compañero está soportando algo en silencio para no preocuparles, pero sus ojos e instintos le dicen que algo oculta.
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