Jumpin' at the Woodside [Pasado] [Bones]
#1
La Selva Anozama respiraba hondo.

Massimo llevaba desde primera hora adentrándose en ella, siguiendo senderos que solo los lugareños conocían. La vegetación era espesa, húmeda, un muro verde que filtraba la luz del sol hasta volverla tenue, casi irreal. Los sonidos lo envolvían: pájaros que nadie había nombrado, insectos que zumbaban en coros desafinados, el rumor lejano de algún animal moviéndose entre la maleza.

No le molestaba. Prefería esto al bullicio del mercado. Prefería esto a casi todo.

Llevaba una bolsa de tela colgada al hombro, áspera y desgastada como todo lo que poseía. Dentro, unas cuantas raíces, hojas de formas extrañas, un puñado de cortezas que había arrancado de árboles caídos. Algunos ancianos de la zona pobre necesitaban algo para el dolor de huesos. El niño con fiebre parecía haber empeorado. Había oído hablar de una planta que crecía cerca de los acantilados del oeste, algo que se usaba otrora para bajar la calentura.

No sabía si era cierto. Pero no podía quedarse de brazos cruzados.

Se agachó junto a un tronco podrido, removió la hojarasca con sus dedos torcidos. Encontró unos hongos pequeños, de un color azul pálido. Los olisqueó. No conocía ese olor. Dudó un momento, pero acabo guardandolos. Ya averiguaría para qué servían, si es que tenian utilidad

Siguió caminando.

El sendero se volvía más empinado, más cerrado. Las ramas le golpeaban la gabardina, se enganchaban en el fedora. Massimo las apartaba con paciencia, sin prisa, con cierta soltura, como alguien que ya había pasado por esto numerosas veces y que, conocía el pequeño truco de no molestarse por las bromas de la naturaleza. Tenía toda la mañana. Tenía toda la tarde si hacía falta.

Llegó a un claro pequeño, donde la luz conseguía abrirse paso. Un arroyo cruzaba la tierra, tan estrecho que podía saltarlo sin esfuerzo. Se sentó en una piedra, sacó una cantimplora, bebió. El agua estaba tibia, pero agua al fin.

Apoyó la espalda en un árbol.

Cerró los ojos un momento, solo para escuchar.
La selva seguía hablando y él escuchaba.

Cuando volvió a abrirlos, no había nada nuevo. Solo el verde, los sonidos, el aire espeso. Se levantó, se ajustó la gabardina, un toque a la fedora y siguió adelante.

No muy lejos, encontró lo que buscaba.

Unas plantas de hojas anchas, color verde oscuro, con unas pequeñas flores amarillas que apenas asomaban entre la maleza. Las reconoció por las descripciones que le habían dado. Arrancó varias con cuidado y las puso en la bolsa.
-Hm... Si... Valdrán- Musitó entre dientes.

Ahora solo faltaba encontrar un par de cosas más o menos importantes y anodinas. Luego podría volver.

Se adentró de nuevo en la espesura.

El sendero se bifurcaba más adelante. Un camino seguía hacia los acantilados, otro bordeaba la montaña. Massimo dudó un instante, sopesando opciones. Decidió seguir hacia los acantilados. Había oído que allí crecía un liquen especial, difícil de encontrar, pero útil para las heridas que no cerraban.

El camino se hizo más rocoso, menos transitado. Las ramas eran más escasas, pero el suelo estaba lleno de piedras sueltas que hacían el paso incómodo. Massimo avanzaba con cuidado, probando cada pisada antes de apoyar el peso.
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Jumpin' at the Woodside [Pasado] [Bones] - por Massimo Dooti - 28-02-2026, 07:39 PM

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