10-11-2023, 09:15 AM
Toda su vida, su pequeña y mísera vida, pasó a través de los ojos de Kevin cuando el rubio movió su cuerpo. Había aceptado su destino, aquel sujeto iba a acabar con él por haberle empujado. Del miedo, el joven trajeado cerró los ojos pero, para su sorpresa, nada ocurría. Tras escuchar las disculpas que el rubio mazado le había pedido a gritos, se lo encontró, totalmente inclinado en un ángulo que hacía que su cabeza casi tocara el suelo.- Im-imposible... Ese ángulo... ¡E-esa postura!... Hasta mis 23 años no fui capaz de dominarla a la perfección... ¡Este chico es un maestro de la reverencia! - Pensaba Kevin mientras se volvía a erguir, entonces, ¿aquel chaval no le iba a zurrar? De momento, eso parecía, aunque, cuando se volvió a posicionar su espalda perpendicular al suelo, el rubio empezó a rebuscar algo de su mochila.- Y-ya está... Va a sacar su arma... Ha-hasta aquí llegué... Mr. Whiskers, ya mismo volveremos a estar juntos.- En situaciones en las que Kevin creía que iba a palmar siempre se acordaba de su níveo conejo, lo cierto es que lo echaba de menos. Fojobs, con su maletín agarrado de su siniestra, puso ambas manos delante de su cara, como si se la estuviera tapando. Realmente no estaba preparado para morir, tenía muchísimo miedo. Todo esta subida súbita de estrés se manifestó en un movimiento involuntario de su párpado izquierdo.- PO-POR FAVOR NO ME MA... - Antes de finalizar la frase, pudo ver, con algo de dificultad, pues sus manos y su maletín, le quitaban algo de visión, como el chico le tendía "algo" envuelto en un pañuelo, ofreciéndoselo por las molestias- ...tes - Terminó su frase en un tono mucho más bajo.
Al quitar el pañuelo de aquello que sostenía el zagal, Kevin pudo ver que lo que le estaba ofreciendo era, nada más y nada menos, que un trozo de bizcocho. En silencio, Fojobs, seguía escuchando como el chico le decía que, aunque fuera de ayer, seguía estando tierno pero, que a las malas podría comprarle otro. Por un instante, como este chico vivía con la percepción de la realidad algo alterada, por las palizas que se ha llevado, pensó que quizás el bizcocho estaría envenenado. Sin embargo, al volver a fijar su mirada en la cara del rubio, esa sonrisa y esos ojitos, Kevin, finalmente, comprendió que aquel ser de luz, en ningún momento, escondía ningun ápice de maldad. Al darse cuenta del ridículo que había estado haciendo, el tic de su párpado izquierdo cesó y, Kevin, se inclinó de nuevo.- Di-discúlpeme, señor, por haber dudado de usted. - Se irguió y se ajustó su corbata con sus dos manos, dejando previamente el maletín en el suelo. Una veza ajustada, volvió a agarrarlo de la asa con su mano izquierda.- Gus-gustosamente tomaré un cachito de tu bizcocho, mu-muchísimas gracias. - Fue a tomar el postre pero antes, ¡cayó en que no se había presentado! Puso su mano derecha, cerrada, delante de su boca y tosió, nervioso.- Dó-dónde están mis modales, me llamo Kevin, Kevin Fojobs, es todo un placer conocerte. - Le tendió la mano derecha, no sin antes, limpiarla con un pañuelo que sacó de un bolsillo de la chaqueta, no iba a darle una mano en la que había recién tosido.- Y-y usted, ¿cómo se llama? Si no es mucha molestia cla-claro... - Para Kevin era de mala educación coger algo prestado de alguien sin siquiera conocer su nombre, debía saber como se llamaba aquel muchacho para probar su bizcocho.
Al quitar el pañuelo de aquello que sostenía el zagal, Kevin pudo ver que lo que le estaba ofreciendo era, nada más y nada menos, que un trozo de bizcocho. En silencio, Fojobs, seguía escuchando como el chico le decía que, aunque fuera de ayer, seguía estando tierno pero, que a las malas podría comprarle otro. Por un instante, como este chico vivía con la percepción de la realidad algo alterada, por las palizas que se ha llevado, pensó que quizás el bizcocho estaría envenenado. Sin embargo, al volver a fijar su mirada en la cara del rubio, esa sonrisa y esos ojitos, Kevin, finalmente, comprendió que aquel ser de luz, en ningún momento, escondía ningun ápice de maldad. Al darse cuenta del ridículo que había estado haciendo, el tic de su párpado izquierdo cesó y, Kevin, se inclinó de nuevo.- Di-discúlpeme, señor, por haber dudado de usted. - Se irguió y se ajustó su corbata con sus dos manos, dejando previamente el maletín en el suelo. Una veza ajustada, volvió a agarrarlo de la asa con su mano izquierda.- Gus-gustosamente tomaré un cachito de tu bizcocho, mu-muchísimas gracias. - Fue a tomar el postre pero antes, ¡cayó en que no se había presentado! Puso su mano derecha, cerrada, delante de su boca y tosió, nervioso.- Dó-dónde están mis modales, me llamo Kevin, Kevin Fojobs, es todo un placer conocerte. - Le tendió la mano derecha, no sin antes, limpiarla con un pañuelo que sacó de un bolsillo de la chaqueta, no iba a darle una mano en la que había recién tosido.- Y-y usted, ¿cómo se llama? Si no es mucha molestia cla-claro... - Para Kevin era de mala educación coger algo prestado de alguien sin siquiera conocer su nombre, debía saber como se llamaba aquel muchacho para probar su bizcocho.
KARMAS
