02-03-2026, 08:18 PM
El joven contramaestre sigue creyendo que dar por muertos a todos es precipitado, puede que alguno haya logrado escapar y sobrevivir cazando y de recolección en el bosque, pues siendo científicos es posible que si alguno de ellos logró escapar al ataque supiera cómo sobrevivir en esa clase de situaciones por unos cuantos meses. Realmente no es raro que los marines tengan un entrenamiento básico en supervivencia preparándolos para este tipo de situaciones. A pesar de ello, el marine no tiene poder ni cargo suficiente para contradecir una orden directa de una capitán, siendo Stroud el más cercano a ello. Cuando la capitana da la orden ninguno se opone, seguramente todos tendrán su opinión sobre el darlos ya por muertos o no seguir indagando en su paradero por centrarse en encontrar las malditas flores que son la causa de todos los problemas de la zona, desde el ataque de los dinosaurios, la muerte de varios animales, incluso la desaparición de la división científica.
Internamente una voz del arquero le dice a gritos que deben ir a buscar a los marines perdidos, que no era tarde para buscar supervivientes y que mientras no hubiera una prueba irrefutable de su muerte debían seguir buscándolos, tanto por los propios marines cómo por sus familias, que seguramente esperan verlos de vuelta cuando terminen con su investigación. Pese a ello el arquero mantiene su compostura y no se separa del resto, estudiando el entorno con ojos analíticos hasta encontrar la cueva por la que entran manteniendo la misma formación que de costumbre, las avispas de Kibai por delante para que puedan avisar si hay peligro antes de que los propios marines se vean expuestos a ellos, de esa manera aumentan la probabilidad de éxito y reducen los riesgos considerablemente. El avance a través de la cueva lo hacen manteniendo la formación de forma coordinada, sin necesidad de hablar, solo una mirada les basta para coordinarse a la perfección, casi cómo si llevaran toda la vida trabajando juntos, fruto de todo lo que pasaron desde que se reunieron en Isla Karate al recoger a Moja. Nada más entrar en la cueva el ambiente cambia notablemente; el aire está más cargado de humedad, una humedad más densa e impregnada de un aroma que parece una mezcla de tierra con algo artificial, algo que no debería estar allí, lo cual refuerza la teoría del cazador de que el ataque fue cosa de humanos, no de bestias por su cuenta.
La división sigue avanzando con cautela, siendo que el arquero mantiene todos sus sentidos alertas, pero sobre todo, mantiene la vista atenta a cualquier detalle que pueda indicar peligro o dar una pista de quién está tras todo lo sucedido y del paradero de los marines desaparecidos. El arquero apenas y percibe el camino en la penumbra, su visión para nada preparada para ese tipo de entornos, siendo que poco a poco sus ojos se adaptan para poder ver con una mínima claridad en la cueva. Conforme el grupo avanza la oscuridad se va disipando por una luz natural, seguramente estarán llegando a una especie de galería abierta probablemente el lugar que les interesa por las plantas.
Cuando finalmente logran ver la estancia en la que desemboca la cueva la escena provoca que el arquero sienta un impulso poco frecuente, quiere provocar un enorme dolor al responsable de destrozar una zona natural de esa manera, Ante la escena Stroud hace una señal para que todos se reúnan y dar las indicaciones en un tono de voz lo suficiente alto para que los marines escuchen, pero lo bastante bajo para que nadie más pueda percatarse de ello. Con eso en mente el contramaestre toma su arco y se mantiene en la retaguardia, esperando la señal de su comandante y atento a la figura que parece ya saber de su presencia y por ende ordenó al resto de los hombres que se retiraran con lo que serían las plantas. Stroud avanza impasible como siempre, cualquiera diría que carece por completo de emociones, pero eso viene bien para estos momentos, pues no desvela sus intenciones. El joven pelirrojo se mantiene atento a Stroud, y puede ver que el sujeto es más alto que el rubio por lo que tiene un campo de visión bastante bueno para un disparo limpio, y más teniendo en cuenta que el arquero se posiciona desde un lugar más al lateral del enemigo, sin tener a Stroud totalmente de frente mientras inspira y expira con calma tomando tres flechas para estar listo.
En el momento que Bertram ve los dedos de Stroud estirarse dos flechas salen disparadas de su arco, ambas cargadas con electricidad adquiriendo un brillo azul a la vez que un grito resuena -Zwillingsblitze- Cada una de las flechas van a uno de los hombros del sujeto, el objetivo es reducirlo e interogarlo, al menos esa es la intención de Bertram, pues si alguien sabe lo que sucedió a la división 86 es él. Igualmente el arquero lanza una tercera flecha cargada de electricidad directamente a su costado, buscando aumentar el daño y hacer que tenga que no pueda procesar fácilmente los ataques que le van llegando. Tras eso el joven marine dice en voz calmada
-Sabía que había alguien detrás de todo esto, sir.-
Internamente una voz del arquero le dice a gritos que deben ir a buscar a los marines perdidos, que no era tarde para buscar supervivientes y que mientras no hubiera una prueba irrefutable de su muerte debían seguir buscándolos, tanto por los propios marines cómo por sus familias, que seguramente esperan verlos de vuelta cuando terminen con su investigación. Pese a ello el arquero mantiene su compostura y no se separa del resto, estudiando el entorno con ojos analíticos hasta encontrar la cueva por la que entran manteniendo la misma formación que de costumbre, las avispas de Kibai por delante para que puedan avisar si hay peligro antes de que los propios marines se vean expuestos a ellos, de esa manera aumentan la probabilidad de éxito y reducen los riesgos considerablemente. El avance a través de la cueva lo hacen manteniendo la formación de forma coordinada, sin necesidad de hablar, solo una mirada les basta para coordinarse a la perfección, casi cómo si llevaran toda la vida trabajando juntos, fruto de todo lo que pasaron desde que se reunieron en Isla Karate al recoger a Moja. Nada más entrar en la cueva el ambiente cambia notablemente; el aire está más cargado de humedad, una humedad más densa e impregnada de un aroma que parece una mezcla de tierra con algo artificial, algo que no debería estar allí, lo cual refuerza la teoría del cazador de que el ataque fue cosa de humanos, no de bestias por su cuenta.
La división sigue avanzando con cautela, siendo que el arquero mantiene todos sus sentidos alertas, pero sobre todo, mantiene la vista atenta a cualquier detalle que pueda indicar peligro o dar una pista de quién está tras todo lo sucedido y del paradero de los marines desaparecidos. El arquero apenas y percibe el camino en la penumbra, su visión para nada preparada para ese tipo de entornos, siendo que poco a poco sus ojos se adaptan para poder ver con una mínima claridad en la cueva. Conforme el grupo avanza la oscuridad se va disipando por una luz natural, seguramente estarán llegando a una especie de galería abierta probablemente el lugar que les interesa por las plantas.
Cuando finalmente logran ver la estancia en la que desemboca la cueva la escena provoca que el arquero sienta un impulso poco frecuente, quiere provocar un enorme dolor al responsable de destrozar una zona natural de esa manera, Ante la escena Stroud hace una señal para que todos se reúnan y dar las indicaciones en un tono de voz lo suficiente alto para que los marines escuchen, pero lo bastante bajo para que nadie más pueda percatarse de ello. Con eso en mente el contramaestre toma su arco y se mantiene en la retaguardia, esperando la señal de su comandante y atento a la figura que parece ya saber de su presencia y por ende ordenó al resto de los hombres que se retiraran con lo que serían las plantas. Stroud avanza impasible como siempre, cualquiera diría que carece por completo de emociones, pero eso viene bien para estos momentos, pues no desvela sus intenciones. El joven pelirrojo se mantiene atento a Stroud, y puede ver que el sujeto es más alto que el rubio por lo que tiene un campo de visión bastante bueno para un disparo limpio, y más teniendo en cuenta que el arquero se posiciona desde un lugar más al lateral del enemigo, sin tener a Stroud totalmente de frente mientras inspira y expira con calma tomando tres flechas para estar listo.
En el momento que Bertram ve los dedos de Stroud estirarse dos flechas salen disparadas de su arco, ambas cargadas con electricidad adquiriendo un brillo azul a la vez que un grito resuena -Zwillingsblitze- Cada una de las flechas van a uno de los hombros del sujeto, el objetivo es reducirlo e interogarlo, al menos esa es la intención de Bertram, pues si alguien sabe lo que sucedió a la división 86 es él. Igualmente el arquero lanza una tercera flecha cargada de electricidad directamente a su costado, buscando aumentar el daño y hacer que tenga que no pueda procesar fácilmente los ataques que le van llegando. Tras eso el joven marine dice en voz calmada
-Sabía que había alguien detrás de todo esto, sir.-
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