03-03-2026, 10:14 PM
(Última modificación: 04-03-2026, 11:50 PM por Nyra Kuroshiro.)
¡Me encantan las fiestas del té! Había aprovechado que había vuelto de esa misión el en palacio para pasarme por una tiendecita y comprar platitos y tacitas de juguete que coloqué cuidadosamente junto a cada Mushi Mushi.
―Tenga, señor Argos ―nombro al de Kael―, ¿quiere terminarse las espinacas de don Panaberto? ―referencio al de Hae-Won―. Ya sé que usted prefiere la rúcula, pero ya que parece que tiene bastante hambre, quizás podría aprovecharlas, ya que él tuvo que marcharse prematuramente… Oh, ¡disculpe, don Carlos! ―llamo al mío―, ahora mismo le humedezco la lechuga, como a usted le gusta ―anuncio al tiempo que tomo la tacita llena de agua y la vierto sobre la hoja que estaba masticando antes de volver a llenar la tacita y dejarla donde estaba―. Sé que se la come más deprisa cuando está mojada y fresquita, así que espero que sea de su agrado… Por cierto, señor Rigoberto ―susurro al de Dimitri, que come hojas de diente de león―, he notado que come más despacio cuando se encuentra cerca don Panaberto… ¿estoy en lo cierto si deduzco que se debe a que su atención se centra en el objeto de su amor…? ―La cara del caracol parecería a ojos de cualquiera tan expresiva como una piedra muerta, pero yo estoy segura de que vi alzarse la comisura de sus labios la mitad de medio milímetro―. ¡Lo sabía, lo sabíaaaa!
Alzo felizmente a Rigoberto con un grito triunfal, pero Kael vuelve a acercarse a la fiesta del té y esta vez secuestra a la fuente de mi celebración, ante lo que inflo los mofletes algo frustrada.
―¡Pues nada! Caballeros, la fiesta del té queda oficialmente clausurada. Al parecer, el deber llama y es normal que tengan que estrechar lazos con sus respectivos compañeros humanoides. Ha sido un placer recibirlos. ¡Espero que hayan disfrutado del evento!
Solo entonces suspiro, bajando un momento los hombros mientras dejo atrás mi pose de señorita, pero finalmente vuelvo a erguirme y sonrío felizmente mientras me pongo a Carlos en el hombro y llevo a Argos con Kael.
―Ten, ¡recuerda decirle cosas bonitas! Argos puede parecer muy rudo, pero en el fondo es muy sensible. Toma ―repito, poniéndole en la mano también un montoncito de rúcula―. Hoy tiene bastante hambre, así que seguramente en un rato quiera más.
