El cocinero conoce el fuego, pero no en esta cantidad // Presente Relativo
#2

No había ni siquiera un roedor en esta isla que no fuera más grande que yo y aún así; no me sentía pequeña. Hasta ahora había podido pasear por Little Garden sin demasiadas preocupaciones, admiraba su belleza, misticismo y nivel de peligro. Ya me había adentrado lo suficiente como para que los animales que me topara en el camino fueran territoriales, pero era algo que también disfrutaba.
Aunque no era por ello que estaba allí y de hecho, esperaba que pronto pudiéramos zarpar hacia la siguiente isla.
Tenía la pipa entre los labios, mis pies descalzos eran amortiguador a cada paso por el musgo verde que pisaba al avanzar, me cambié la pipa de lado en la comisura de los labios.

Entré a un claro en la jungla que tenía varias rocas bajo la luz del sol como si este los estuviera calentando, decidí que podía sentarme a comer uno de los duraznos gigantes que había encontrado Mahou para descansar un poco, y tras apartar la pipa de mi boca le di un mordisco, un hilo de delicioso néctar bajó por mi mentón hasta caer sobre mi pecho. Yo estaba absorta, poniéndome de pie, mirando a todos lados con ojos curiosos como de niña pequeña. Pero sobre todo, me puse de pie porque sentía las rocas frágiles.

Eran huevos…

Cuando me fijé bien, vi que eran en realidad está ucturas calcareas grisáceas con algunas rayas de una tonalidad azulada.
Mi pecho subió y bajó, miré a mis alrededores mientras le daba otra mordida al durazno.
Cuando volví a mirar hacia atrás, me detuve a media mordida, mi respiración se esfumó en un segundo y mis ojos se abrieron cómo platos. No lo escuché. Era la madre.
De sus fosas nasales salió vapor de agua, me miró con aquellos ojos amarillentos de pupila rasgada, y yo lo vi a él, ambos nos quedamos inmóviles.

El terror se me metió por los poros, y se convirtió en una sonrisa; no hubo momento para pensar, se abalanzó sobre mí con un rugido que levantó varias parvadas de pequeñas aves de casi metro y medio. Al T-Rex y a mi nos separaban diez metros, pero los acortó en dos segundos. La adrenalina se apoderó de mi y sin dejar de sonreír, me planté frente a ella.
—¡Paciencia en la forja, querida! —tiré el durazno y me puse en posición defensiva de inmediato, mis manos se encendieron así como mi corazón, aquel era un reto a duelo desde mi perspectiva, desde la de ella: yo amenazaba la vida de sus bebés.

El impacto llegó fuerte, me dio un golpe con la parte anterior de su hocico, pero un rugido se le escapó de entre las fauces con dolor, mis brazos y piernas eran de magma y ciertamente había salido ilesia de aquel intercambio.
Olía a carne quemada cocinándose, incluso un pedazo de la piel superior a sus fauces cayó al piso, carbonizado.

Traté de conservar el equilibro mientras estaba en el aire, me había mandado cinco metros hacia atrás derrapando con mis pies convertidos en magma, dejando un rastreo de vegetación quemada frente a mi que incendiaba todo a su paso, no perdí mucho tiempo, eché a correr mientras aquella cosa aún gritaba. Pero ahora era personal.
Corrí hacia la playa, seguí mis instintos y mi oído.

“Mar… mar, donde está el mar”, mientras corría en medio de la jungla ya sin la akuma activada, trataba de pisar con la punta de los pies, casi danzando ágil entre troncos, piedras y arboles, saltando y corriendo con elegancia y premura, pero aquella cosa era casi tan rápida como yo…
Sus pasos estaban muy cerca y ahora corría a toda velocidad.
Me pisaba los talones. Corriendo salté sobre el tronco gigante de un árbol tirado, agarre una de la lianas y me columpie, pero detrás de mi, se escuchó un mordisco, podía sentir su aliento húmedo y pútrido empapar toda mi espalda, casi me rozaba la piel aquella dentadura afilada. Pero falló el bocado.
Una carcajada histerica salió de entre mis fauces, dando un pequeño saltito para que la mordida de aquella madre furiosa no fuera mi final. —HUHUHYAHUHYAHUHYAHUHYAHYAHYAHYAHYAA —estallé, la adrenalina se acumulaba en mi nuca, apretaba más fuerte que nunca la pipa entre mis dientes.

Me solté de la liana y me dejé caer en el piso, corriendo entré la vegetación por mi vida nuevamente, el cuerpo del T-rex, de no ser por sus patas, ahora corría casi horizontal.
Su zancada era enorme, pero justo cuando volví a saltar nuevamente para abarcar terreno, pise el límite de la playa y al hacerlo cambie de dirección a la izquierda.

A lo lejos se podía ver un barco anclado, había unos diez metros entre nosotros.
—¡Cuidado! —Estaba corriendo a todo lo que daban mis piernas —¡QUITATE! —
No estaba en mi elemento, aquella cosa casi me alcanzaba, pero ahora había una persona más en escena.
Por mi mente pasó un recuerdo de la cara de aquella persona, estaba a 5 metros de él.
Paré en seco y me di la vuelta, el dinosaurio estaba a tres zancadas de mi.
Mi derrape levantó la arena, ahora haría que viniera directamente a por mi.

—¡HUHUHYHUYAHUHYAHUHYAHYAAA! —mis brazos y piernas humearon, se pusieron rojizas y finalmente destellearon en un fuego intenso, dando paso a la lava. Flexioné las rodillas, demis pies encendidos comenzó  a brotar lava que derretía y hacia añicos, convirtiéndola en cristal derretido; el humo de color blanco que salía de la combustion flotaba hacia el cielo amenazando con incendiarlo también, doblando la luz y distorsionando las figuras que se vieron a través de aquella cortina de calor, parecía el infierno en pleno medio día.
El T-Rex rugió abriendo sus fauces, lista para darme el bocado, exhalando su aliento sobre mi.
[Imagen: dtilbUBl_o.gif]
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RE: El cocinero conoce el fuego, pero no en esta cantidad // Presente Relativo - por Lan Caihe - 04-03-2026, 09:31 AM

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