10-11-2023, 08:22 PM
Daryl. Ese era el nombre del enigmático hombre que, por desgracia para Ikirami, no parecía interesado en ella. "Por ahora" se dijo. Pero su atención fue capturada cuando la figura de inusual belleza, con cabello plateado como la luna, se aproxi çmó también. Con un gesto despreocupado, intentó colocar su brazo sobre los hombros de Daryl, pero este reaccionó con una agilidad felina, levantándose rápidamente y esquivando el contacto como si fuera algo repugnante.
El misterioso individuo, entonces, se acomodó sobre la mesa, abordando a Ikirami con una familiaridad desconcertante, incluso llamándola guapa. Fue en ese instante cuando Ikirami se percató de que la aparente belleza era en realidad un hombre, de rasgos andróginos y un aire de feminidad emanando de su vestido. Sin embargo, a pesar de su apariencia delicada, algo en su aura le transmitía un sentido de peligro, distinto y más visceral al que había sentido con Daryl. El hombre indagó sobre el motivo de su observación, mostrando un interés particular por la libreta de Ikirami, a la cual extendió su mano con posesión.
Ikirami, observando la libreta, debatía internamente si inventar alguna excusa. Podía sentir el peligro circundándola, acechando como una serpiente que se enrosca lentamente alrededor de su presa. Una voz en su interior la instaba a ser cautelosa, a medir cuidadosamente sus palabras ante estas personas. Su corazón latía con la anticipación de un conflicto inminente.
-Tan solo...
Comenzaba a articular sus palabras cuando su mirada se desvió hacia Daryl, quien se mantenía erguido frente a ella. La ira marcaba cada rasgo de su rostro, como una tormenta a punto de estallar. Ikirami, por un momento, pensó que esa furia era dirigida hacia ella y se tensó, preparándose para reaccionar. Pero entonces, ¿Daryl atacó a su propio compañero? En un arrebato de furia, había arrojado la mesa por los aires, arrastrando consigo al hombre del vestido y a la libreta, que voló a través del aire dejando sus garabatos de profundas espirales negras a la vista. Ikirami permaneció sentada tranquilamente, con una expectación surgiendo en su interior. El peligro que había sentido antes se había disipado por completo, y ahora estaba absorbida por el espectáculo que se desarrollaba ante ella.
Daryl, con una rapidez impresionante, desenfundó su espada y la blandió amenazadoramente contra su compañero. Sus ojos ardían con fuego y odio, y sus palabras sentenciaban una promesa de muerte si volvía a repetirse el contacto.
En ese momento, Ikirami sintió una oleada de emoción. La oscuridad que emanaba de Daryl la atraía de manera inexplicable. Su boca se curvó en una sonrisa casi maníaca, fascinada por la situación y anticipando un inminente baño de sangre.
Levantándose de su silla, se acercó a ellos, su paso firme y decidido, mientras el resto de los presentes huían en un pánico desenfrenado. Pero en ese preciso instante, la mujer de blanco, que había permanecido sentada en la mesa, apareció en escena. Con unos guantes que antes no llevaba, se acercó a Daryl, arropando su rostro entre sus manos y tratando de instarle a la calma. "NO. No detengas esto", pensó Ikirami, una decepción aguda surgiendo en su corazón sediento de violencia. Sin embargo, parecía que se quedaría con las ganas de presenciar más caos.
De repente, el sonido de un Den Den Mushi emergió del bolsillo de la enigmática dama. Ella lo tomó y una voz resonó:
"Agentes Daryl Kilgore e Irina Volkov, Glatus ha sido visto en las costas del Reino de Ilisia. Cierro conexión."
Ikirami, sorprendida, reflexionó rápidamente. "¿Agentes? ¿Glatus?" El cargamento que había sido enviado para su inspección estaba relacionado con este mismo Glatus. ¿Era posible que Daryl e Irina estuvieran allí por el mismo motivo? ¿Pertenecían, quizás, también a la Marina?
-¿Sois Marines? -preguntó Ikirami, su voz un eco de curiosidad y determinación mientras buscaba en su bolso y extraía su identificación- Mi nombre es Ikirami Kuroichi, soldado de la Marina- Mostró su placa con un movimiento firme, su mente ya analizando las posibilidades. -He venido a Ohara a investigar un supuesto caso de contrabandismo ilegal, relacionado con un tal Glatus.
Guardando su placa, Ikirami sopesó la situación. "Han mencionado la isla de Ilisia... Si pudiera llegar allí y acabar con ese despojo, seguramente aumentaría mi reputación, incluso podría obtener un ascenso. Y, además, podría desahogar estas ansias de sangre..."
-Tal vez sea un poco precipitado, ¿pero podría acompañaros? -inquirió, su mirada ahora afilada y seria, revelando un atisbo de su verdadera naturaleza. -Estoy harta de misiones aburridas, necesito pasar a la acción- Su énfasis en "Necesito" era palpable, y al chocar sus puños, dejó entrever, aunque brevemente, la oscuridad que se escondía en su mirada y una resolución implacable-. Y si hay peligro, mejor.
El misterioso individuo, entonces, se acomodó sobre la mesa, abordando a Ikirami con una familiaridad desconcertante, incluso llamándola guapa. Fue en ese instante cuando Ikirami se percató de que la aparente belleza era en realidad un hombre, de rasgos andróginos y un aire de feminidad emanando de su vestido. Sin embargo, a pesar de su apariencia delicada, algo en su aura le transmitía un sentido de peligro, distinto y más visceral al que había sentido con Daryl. El hombre indagó sobre el motivo de su observación, mostrando un interés particular por la libreta de Ikirami, a la cual extendió su mano con posesión.
Ikirami, observando la libreta, debatía internamente si inventar alguna excusa. Podía sentir el peligro circundándola, acechando como una serpiente que se enrosca lentamente alrededor de su presa. Una voz en su interior la instaba a ser cautelosa, a medir cuidadosamente sus palabras ante estas personas. Su corazón latía con la anticipación de un conflicto inminente.
-Tan solo...
Comenzaba a articular sus palabras cuando su mirada se desvió hacia Daryl, quien se mantenía erguido frente a ella. La ira marcaba cada rasgo de su rostro, como una tormenta a punto de estallar. Ikirami, por un momento, pensó que esa furia era dirigida hacia ella y se tensó, preparándose para reaccionar. Pero entonces, ¿Daryl atacó a su propio compañero? En un arrebato de furia, había arrojado la mesa por los aires, arrastrando consigo al hombre del vestido y a la libreta, que voló a través del aire dejando sus garabatos de profundas espirales negras a la vista. Ikirami permaneció sentada tranquilamente, con una expectación surgiendo en su interior. El peligro que había sentido antes se había disipado por completo, y ahora estaba absorbida por el espectáculo que se desarrollaba ante ella.
Daryl, con una rapidez impresionante, desenfundó su espada y la blandió amenazadoramente contra su compañero. Sus ojos ardían con fuego y odio, y sus palabras sentenciaban una promesa de muerte si volvía a repetirse el contacto.
En ese momento, Ikirami sintió una oleada de emoción. La oscuridad que emanaba de Daryl la atraía de manera inexplicable. Su boca se curvó en una sonrisa casi maníaca, fascinada por la situación y anticipando un inminente baño de sangre.
Levantándose de su silla, se acercó a ellos, su paso firme y decidido, mientras el resto de los presentes huían en un pánico desenfrenado. Pero en ese preciso instante, la mujer de blanco, que había permanecido sentada en la mesa, apareció en escena. Con unos guantes que antes no llevaba, se acercó a Daryl, arropando su rostro entre sus manos y tratando de instarle a la calma. "NO. No detengas esto", pensó Ikirami, una decepción aguda surgiendo en su corazón sediento de violencia. Sin embargo, parecía que se quedaría con las ganas de presenciar más caos.
De repente, el sonido de un Den Den Mushi emergió del bolsillo de la enigmática dama. Ella lo tomó y una voz resonó:
"Agentes Daryl Kilgore e Irina Volkov, Glatus ha sido visto en las costas del Reino de Ilisia. Cierro conexión."
Ikirami, sorprendida, reflexionó rápidamente. "¿Agentes? ¿Glatus?" El cargamento que había sido enviado para su inspección estaba relacionado con este mismo Glatus. ¿Era posible que Daryl e Irina estuvieran allí por el mismo motivo? ¿Pertenecían, quizás, también a la Marina?
-¿Sois Marines? -preguntó Ikirami, su voz un eco de curiosidad y determinación mientras buscaba en su bolso y extraía su identificación- Mi nombre es Ikirami Kuroichi, soldado de la Marina- Mostró su placa con un movimiento firme, su mente ya analizando las posibilidades. -He venido a Ohara a investigar un supuesto caso de contrabandismo ilegal, relacionado con un tal Glatus.
Guardando su placa, Ikirami sopesó la situación. "Han mencionado la isla de Ilisia... Si pudiera llegar allí y acabar con ese despojo, seguramente aumentaría mi reputación, incluso podría obtener un ascenso. Y, además, podría desahogar estas ansias de sangre..."
-Tal vez sea un poco precipitado, ¿pero podría acompañaros? -inquirió, su mirada ahora afilada y seria, revelando un atisbo de su verdadera naturaleza. -Estoy harta de misiones aburridas, necesito pasar a la acción- Su énfasis en "Necesito" era palpable, y al chocar sus puños, dejó entrever, aunque brevemente, la oscuridad que se escondía en su mirada y una resolución implacable-. Y si hay peligro, mejor.
Karmas
