04-03-2026, 08:13 PM
La expansión de mi haki me hizo darme cuenta de que el verdadero peligro no eran estos dos soplagaitas que habían aparecido pidiendo una paliza. Eran otros tres que aun estaban por llegar. Dos de ellos con un aura aun más poderosa que los dos tipos enormes que tenía delante, y un tercero.... Sentí un escalofrío. Por primera vez en muchísimo tiempo, me sentí vulnerable. Por primera vez, incluso contando nuestro encuentro con la Shichibukai aquella de medio pelo que vino a molestarnos cuando reclamé mi isla, sentía que iba a tener algún problema. Un aura como sólo había sentido antes tres veces: Una en Marineford, de manos de la madre de la puta de Triana Tempesta. Y las otras dos en Sabaody, provenientes de Verus y de aquel Yonko que me había dado la oportunidad de mejorarme a mi mismo. Por primera vez desde hacía dos años sentía que la persona que se aproximaba hacia mi verdaderamente iba a suponer un problema si hacía las cosas mal.
Su aura era llameante, del color del fuego mismo, y se aproximaba calmado hacia nuestra posición.
Era consciente de mi y de los que me acompañaban, pues esa ansia de combate era difícil de camuflar y podía notarse de sobra, pero no hizo falta mucho más Kenbunshoku cuando decidió hacer una verdadera aparición en escena, pudiendo verle perfectamente desde la distancia que nos separaba debido a su gran tamaño y sus acciones. Giraba sobre si mismo una gran arma de asta, parecida a un martillo redondeado, y con la fuerza del giro producía un vendaval que arrastraba los colores del otoño y se creaba con tanta fuerza que todas las personas en la plaza comenzaron a salir volando por los aires atrapadas por la corriente que este generaba. Los bravucones frente a mi, el gran hombre negro que entró junto a aquel anciano, e incluso Jin y Owen, a quienes pude ver salir volando al mirar en derredor. Gwendolyn por su lado fue lanzada contra una columna de la plaza, pero continuaba en esta — ¡Lárgate niña! — grité volviendo a mirar hacia aquel anciano, sacando la mano de mi bolsillo y semiflexionando las rodillas. Esto iba en serio. Desconocía sus poderes y sus habilidades, así que si Gwendolyn se quedaba en esta plaza podría acabar siendo atrapada y afectada por estos, o peor aun, por los míos propios. No podía pelear si tenía que estar pendiente de ella, para protegerla o para esquivarla... y ni que decir si trataban de usarla en mi contra.
Chasqueé la lengua, esta situación no era una en la que yo me aventuraría a combatir.
El anciano colocó su arma sobre sus hombros y pude apreciar entonces mejor que era una gran pipa de fumar. Un arma larga - con alcance - que podía usarse de forma contundente - con pegada - y que era atípica de ver. No era una lanza, ni una alabarda, ni tan siquiera un martillo de guerra... parecía todas ellas. Y si la blandía con tanta fuerza como para hacer salir volando a todas estas personas debía de ser letal usándola.
Estaba a cincuenta metros de mi, cerca de uno de los arcos de la plaza, y su postura me invitaba a pelearme con él. Las venas de mi sien se abombaron al momento y fruncí el ceño, molesto, encendiéndome por su provocación educada y amable. ¿Quién coño era este tío y por qué venía a pelear conmigo? Estaba claro que sus palabras iban hacia mi, y quería enfrentarme y, aunque sintiese su aura como alguien amenazador y poderoso... como un depredador tranquilo acechando en la maleza, ya no me consideraba una presa.
Llevé mi mano hacia mi chaqueta y dando un fuerte tirón la arranqué de cuajo, quedando sólo en el tren superior con una camisa de tirantes de color gris.
Emperor subió de revoluciones y empezó a vibrar y rugir un poco más, liberando otra bocanada de humo mientras la tela hecha jirones de mi chaqueta salía volando entre él y yo. Mi espalda se encorvó, mis rodillas estaban en semiflexión con los pies apuntando hacia él, y mi mano derecha sujetaba a Hellhound.
— No sé quién eres ni qué quieres de mi, pero si insistes en atacarme debes saber que voy a defenderme, y no voy a contenerme porque seas un anciano... así que espero que esas garras y colmillos tan viejos estén listos para su última cacería — le respondí, adoptando mi particular postura de combate descrita anteriormente, aumentando la maestría de mi Kenbunshoku y reduciendo su área a tan solo diez metros. Era preventivo, no sabía qué podía hacer ese tipo y no recordaba haberlo visto en la vida, pero parecía completamente decidido a pelear contra mi y darme una batalla complicada. Tenía que acabar con él rápido y sin mucho coste para poder ir a por los muchachos.
Su aura era llameante, del color del fuego mismo, y se aproximaba calmado hacia nuestra posición.
Era consciente de mi y de los que me acompañaban, pues esa ansia de combate era difícil de camuflar y podía notarse de sobra, pero no hizo falta mucho más Kenbunshoku cuando decidió hacer una verdadera aparición en escena, pudiendo verle perfectamente desde la distancia que nos separaba debido a su gran tamaño y sus acciones. Giraba sobre si mismo una gran arma de asta, parecida a un martillo redondeado, y con la fuerza del giro producía un vendaval que arrastraba los colores del otoño y se creaba con tanta fuerza que todas las personas en la plaza comenzaron a salir volando por los aires atrapadas por la corriente que este generaba. Los bravucones frente a mi, el gran hombre negro que entró junto a aquel anciano, e incluso Jin y Owen, a quienes pude ver salir volando al mirar en derredor. Gwendolyn por su lado fue lanzada contra una columna de la plaza, pero continuaba en esta — ¡Lárgate niña! — grité volviendo a mirar hacia aquel anciano, sacando la mano de mi bolsillo y semiflexionando las rodillas. Esto iba en serio. Desconocía sus poderes y sus habilidades, así que si Gwendolyn se quedaba en esta plaza podría acabar siendo atrapada y afectada por estos, o peor aun, por los míos propios. No podía pelear si tenía que estar pendiente de ella, para protegerla o para esquivarla... y ni que decir si trataban de usarla en mi contra.
Chasqueé la lengua, esta situación no era una en la que yo me aventuraría a combatir.
El anciano colocó su arma sobre sus hombros y pude apreciar entonces mejor que era una gran pipa de fumar. Un arma larga - con alcance - que podía usarse de forma contundente - con pegada - y que era atípica de ver. No era una lanza, ni una alabarda, ni tan siquiera un martillo de guerra... parecía todas ellas. Y si la blandía con tanta fuerza como para hacer salir volando a todas estas personas debía de ser letal usándola.
Estaba a cincuenta metros de mi, cerca de uno de los arcos de la plaza, y su postura me invitaba a pelearme con él. Las venas de mi sien se abombaron al momento y fruncí el ceño, molesto, encendiéndome por su provocación educada y amable. ¿Quién coño era este tío y por qué venía a pelear conmigo? Estaba claro que sus palabras iban hacia mi, y quería enfrentarme y, aunque sintiese su aura como alguien amenazador y poderoso... como un depredador tranquilo acechando en la maleza, ya no me consideraba una presa.
Llevé mi mano hacia mi chaqueta y dando un fuerte tirón la arranqué de cuajo, quedando sólo en el tren superior con una camisa de tirantes de color gris.
Emperor subió de revoluciones y empezó a vibrar y rugir un poco más, liberando otra bocanada de humo mientras la tela hecha jirones de mi chaqueta salía volando entre él y yo. Mi espalda se encorvó, mis rodillas estaban en semiflexión con los pies apuntando hacia él, y mi mano derecha sujetaba a Hellhound.
— No sé quién eres ni qué quieres de mi, pero si insistes en atacarme debes saber que voy a defenderme, y no voy a contenerme porque seas un anciano... así que espero que esas garras y colmillos tan viejos estén listos para su última cacería — le respondí, adoptando mi particular postura de combate descrita anteriormente, aumentando la maestría de mi Kenbunshoku y reduciendo su área a tan solo diez metros. Era preventivo, no sabía qué podía hacer ese tipo y no recordaba haberlo visto en la vida, pero parecía completamente decidido a pelear contra mi y darme una batalla complicada. Tenía que acabar con él rápido y sin mucho coste para poder ir a por los muchachos.
Resumen
Inventario
Bélico
Invasión
Contenido Oculto

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