04-03-2026, 11:07 PM
―Tenga, señor Argos, ¿quiere terminarse las espinacas de don Panaberto?
No demasiado lejos, Nyra celebraba una peculiar fiesta del té. Noté el tirón de una sonrisa en mis comisuras. Yo había arrastrado una silla hasta el punto más soleado de la proa, me había deshecho de la camisa y tomaba el sol repantigado con los ojos cerrados. Técnicamente, no podía ver a Nyra, pero escucharla cuchichear con los Den Den resultaba un pasatiempo más divertido de lo que admitiría en voz alta.
—Dimitri. ¿Te está yendo bien la brújula del barco?
Abrí un ojo, las manos aún enlazadas tras la nuca, al percibir el no nubarrón que había opacado el sol que calentaba mis párpados.
—De maravilla, gracias. —Sonreí a la mole del capitán.
—Quizás quieras acompañar a Choi hasta el mercado a comprar materiales para repararlo.
«Oh… sí».
Una sonrisa podía tener tantas caras como aristas. Fui perfectamente consciente del modo en que la mía se transformaba, perdía parte de la suavidad y se volvía afilada y hambrienta.
—Eso está hecho, capitán. Nosotros nos ocupamos.
Me levanté de la silla para tomar a Rigoberto con una mano y la camisa, que todavía no pensaba ponerme, con la otra. Hae-won no estaba demasiado lejos. Ella también acababa de recibir a su Den Den Mushi.
—¡Ángel! —La llamé, con travesura evidente—. ¡Prepárate que nos vamos de cita al mercado!
Por supuesto que no aparté la mirada de Hae-won, deseando saborear su reacción. Secretamente, también presté atención a la del resto de mis compañeros, mientras me dirigía al camarote para buscarle un pequeño hogar a Rigoberto.
—Me cambio y salimos~ —La despeiné ligeramente al pasar por su lado—. Ve pensando en todo lo que necesites para la reparación.
Después de tantos dolores de cabeza y tanto trabajo, era agradable tener un día para tomar el aire.
No demasiado lejos, Nyra celebraba una peculiar fiesta del té. Noté el tirón de una sonrisa en mis comisuras. Yo había arrastrado una silla hasta el punto más soleado de la proa, me había deshecho de la camisa y tomaba el sol repantigado con los ojos cerrados. Técnicamente, no podía ver a Nyra, pero escucharla cuchichear con los Den Den resultaba un pasatiempo más divertido de lo que admitiría en voz alta.
—Dimitri. ¿Te está yendo bien la brújula del barco?
Abrí un ojo, las manos aún enlazadas tras la nuca, al percibir el no nubarrón que había opacado el sol que calentaba mis párpados.
—De maravilla, gracias. —Sonreí a la mole del capitán.
—Quizás quieras acompañar a Choi hasta el mercado a comprar materiales para repararlo.
«Oh… sí».
Una sonrisa podía tener tantas caras como aristas. Fui perfectamente consciente del modo en que la mía se transformaba, perdía parte de la suavidad y se volvía afilada y hambrienta.
—Eso está hecho, capitán. Nosotros nos ocupamos.
Me levanté de la silla para tomar a Rigoberto con una mano y la camisa, que todavía no pensaba ponerme, con la otra. Hae-won no estaba demasiado lejos. Ella también acababa de recibir a su Den Den Mushi.
—¡Ángel! —La llamé, con travesura evidente—. ¡Prepárate que nos vamos de cita al mercado!
Por supuesto que no aparté la mirada de Hae-won, deseando saborear su reacción. Secretamente, también presté atención a la del resto de mis compañeros, mientras me dirigía al camarote para buscarle un pequeño hogar a Rigoberto.
—Me cambio y salimos~ —La despeiné ligeramente al pasar por su lado—. Ve pensando en todo lo que necesites para la reparación.
Después de tantos dolores de cabeza y tanto trabajo, era agradable tener un día para tomar el aire.
resumen
