Late-night talk [Pasado] [Priv. Uker]
#5
En el ambiente reinó un silencio que solo las olas chocando con la madera del barco, el viento pululando entre los mástiles y el sonido insistente de los insectos en el exterior, se atrevieron a romper.
 
El médico había supuesto que sus preguntas no tendrían una respuesta inmediata, a fin de cuentas, le bastó con analizar por unos segundos más, mientras comía un poco de su ensalada, el rostro del cocinero, para darse cuenta de que la amargura aún lo embargaba. Por supuesto, le quedaba más que claro que lo vivido no se iría después de un par de palabras de desahogo.
 
Suspiró antes de hacer un esfuerzo por meter un par de cucharadas más de ensalada a su boca. El tema, en cierto modo, había logrado disminuirle el apetito. Hizo el plato a un lado y, justo en ese momento, vio de reojo como el pelinegro abría de nuevo su boca, en una clara intención de seguir con la conversación.
 
En ese instante agradeció haber dejado a un lado el plato de ensalada, pues ahora tenía sus manos libres para tomar entre ellas la libreta y empezar a anotar aquellas palabras que salían de la boca de su acompañante.
 
—¿Sohem? ¿O sea…Deadburn? —Asumió que sí, que se refería a la misma persona y anotó el nombre al lado del apellido que él creía que el hombre portaba. —¿Tiene una prótesis robótica? ¡Wow! ¡Eso es genial! Creo que solo podría ser colocada por un excelente cirujano…me pregunto quien habrá hecho la operación, sería interesante conocerlo —. Sí, sentía lástima por lo que el cocinero le estaba contando, pero, como un niño, no podía evitar fascinarse ante algunos detalles, por eso subrayó lo del brazo mecánico doblemente, resaltándolo por sobre el detalle de la máscara, todo eso antes de volver a prestar la atención debida en lugar de divagar sobre como se vería aquella prótesis mecánica.
 
Pero claro, no todo podía ser color de rosa. Su ceño se frunció y sus dientes mordieron con fuerza su labio inferior, haciéndose sangrar casi de inmediato en cuanto escuchó la información sobre la fruta de diablo…No, no solo se castigó mordiéndose a si mismo, tensó sus músculos por inercia y afiló sus sentidos, como si estuviera en un peligro real, de hecho, apretó el bolígrafo con tanta fuerza que fue un crack proveniente de este lo que lo hizo volver a la realidad. No lo rompió, pero la herramienta se astilló por uno de sus lados.
 
—Tsk…Lo he dicho antes y lo vuelvo a decir. Los que viajan por este mar son monstruos. Hay que estar preparados para cualquier cosa —. Una línea recta dividió la página en donde anotó la descripción física del hombre, para ahora poder escribir los detalles de la akuma que el cocinero le mencionaba… ¿De qué le serviría? No tenía idea de como combatir algo así, lo más probable es que él se hubiera quedado quieto también, tal como contaba el cocinero. Ni siquiera sabía bien como poder combatir a alguien con una akuma, en general…los veía como seres excepcionales. Al menos en el South Blue no tenía que preocuparse demasiado por encontrar a monstruos así. —Lamento que tuvieras que descubrirlo tan pronto.
 
Y de nuevo, silencio, solo que ahora se les sumaban a las olas, al viento y a los insectos, el sonido insistente del bolígrafo cerrado chocando con el papel de la libreta del médico.
 
Dejaría que el otro se “tranquilizara”, mientras que él, aprovechando esa calma aparente que daba aquella peculiar noche en la cocina del barco, gastaba sus energías en pensar… ¿En qué? En las palabras del cocinero, en esa idea de no poder combatir a las frutas… ¿Y si la hubiera? No todas, claro, pero si conocía los efectos de algunas frutas seguro que podría crear un “antídoto” para mitigar los efectos que pudieran causar en el cuerpo. No sería una cura, no sería un enfrentamiento directo, si no un paliativo para evitar que las cosas pasen a mayores.
 
Volvió a morder con fuerza su labio, dándole igual el daño que pudiera provocarse y, por un momento, dejó a un lado la libreta y la pluma y metió su mano en su bolsillo para sacar de este un pequeño frasco que no dudó en abrir y llevar hacia su nariz, para aspirar el aroma a menta que tan atenuado sentía en sus fosas nasales pero que, en realidad, llenó la cocina de un penetrante y fresco olor a menta que, lo más probable, es que también se sintiera en el pasillo del barco.
 
Y, fue ahí, después de unos segundos de aspirar aquella esencia como si se le fuera la vida en ello, que tuvo una idea que, quizá, solo quizá, podría mitigar o, al menos, hacer más llevaderos los efectos de calor y… ¿Por qué no? También los del frío. Si hay algo que el médico detesta es el frío, así que, por lógica, pensó que si había una fruta que se encargaba de inducir calor, debe haber una que induzca frío y…creía tener una solución para ambas. Soluciones que tendría que probar en islas con climas de verano y de invierno, respectivamente.
 
—¡Oye, cocinero! Tengo una ide…
 
No pudo hablar más cuando el otro hombre se apoderó de la conversación. Notó entonces ese tono de voz que le pareció… ¿Triste? Sí, eso debía ser tristeza.
 
Tragó saliva y olisqueó de nuevo el frasco con menta, todo mientras escuchaba que el pelinegro le hablaba…pero… ¿Qué se supone que podía decirle en un caso así? Sabía que algo como: “déjalo pasar y sigue adelante” no era una frase muy agradable de escuchar en esos momentos, por más que fuera lo más realista, así que se limitó a guardar silencio, dejando que fuera este el que sirviera de consuelo al hombre…o, al menos, eso intentó hacer hasta que escuchó algo que le llamó la atención.
 
—¿A él? Dijiste que Sunset Deadburn solo mató a un par de cazadores… ¿O alguien más murió a manos de los marines? —Sus palabras salieron demasiado rápido, volvió a ponerse en alerta, aunque…pronto entendió que el cocinero no se estaba refiriendo a nadie que hubiera pisado esa isla…al menos no este día. —¿Jmmm? Con esos malditos te refieres al… ¿Gobierno?, ¿a la marina? —Luego pensó mejor en su pregunta, quizá estaba siendo muy metiche. —Olvídalo, no tienes que responderlo…No importa quien haya sido, son unos corruptos, siempre lo han sido. Al menos los piratas no nos disfrazamos tras un uniforme para cometer “atrocidades” —. Habló con quietud, casi relajado, pero cuando levantó su mirada para ver al otro hombre, vio aquellos ojos inyectados de sangre…rabia pura…y; sin embargo, lejos de sentir miedo, sintió lástima. Parecía que de repente se activó en el pelirrosa un instinto de hermano mayor que no sabía que tenía.
 
—Existir no debería ser un crimen —. Susurró mientras se cruzaba de brazos y dejaba escapar un suspiro. Era un hipócrita por intentar consolar al pelinegro con esas palabras. —Aunque tal vez no sea el más indicado para decirlo.
 
No quiso dejar que de nuevo se instalara un silencio incómodo entre ambos, así que no tardó en seguir la conversación, dejando escapar, premeditadamente, un pequeño dato sobre un pasado que sí podía recordar.
 
—No tiene que hacer contigo lo mismo que hicieron con tu familia. Hay maneras con las que podrías protegerte, camuflarte, disfrazar tu identidad sin necesidad de esconderte en las alcantarillas como una rata —. Se encogió de hombros, ni siquiera tenía que aclarar a quienes se refería, supuso que el cocinero lo entendería. —Además, seguro que, si te vuelves alguien importante o que sabe cosas importantes, te querrán más vivo que muerto. Los marines no siempre matan, a veces capturan…Eso hicieron con mi antigua tripulación, los capturaron —. No diría que fue porque él los vendió, eso era otra historia.
 
—Y sí, necesitas más poder para lograr todo eso, pero no lo conseguirás desvelándote toda la noche. Escucha tengo una idea…bueno, dos…Primero, dices que es imposible vencer a alguien con akuma o eso entendí que dijiste...si sigues con ese pensamiento no te harás más fuerte...pero, no soy quien para decírtelo, aunque si te puedo decir que puede haber maneras de enfrentarlos —. Hizo una pausa, como si meditara sus palabras —. Antes dijiste que hay una fruta que genera calor, así que pensaba que quizá podría crear alguna droga que actúe como un aislante térmico interno o un estabilizador de proteínas…eso ayudaría a que el cuerpo afectado por calor extremo no colapse de inmediato y…eso me hizo pensar que si hay una fruta que provoca calor, debe haber una que provoque frío, así que…
 
Se dio cuenta de que estaba hablando demasiado, así que no tardó en avergonzarse y morder sus labios de nuevo, recurriendo a esa mala maña que era imposible que se le quitara.
 
—Lo siento, lo siento, debo estar confundiéndote. Lo diré más lento. Para el calor, una sustancia que lo aplaque y para el frío, una droga que genere calor metabólico masivo. Dos caras de una misma moneda —. Esta vez si hizo una pausa antes de emocionarse más. —Puedo inducir esos estados de manera artificial en sujetos de pruebas y experimentar con ellos cuando logre crear lo que tengo en mente. Será mucho de ensayo y error.
 
No tardó en tomar de nuevo su libreta para anotar sus ideas…Era increíble que el cocinero llegara para darle tan buenas ideas para investigaciones.
 
—Perdona, es que me emociona saber que podré mantenerme ocupado mientras esté en esta isla —. Sonrió y luego su expresión cambió a una de más comprensión, una comprensión que llegó acompañada del suspiro de alguien que no sabía bien que hacía.
 
—Bueno, mi segunda idea es menos enredada…Ve a descansar. Cuidaré tu barco esta noche, solo prométeme que mañana me prepararás un buen desayuno y, además, si quieres puedo decirle a Thrym que te ayude a mover el barco de lugar, a un sitio donde los marines no puedan encontrarte —. Su idea no parecía mala en su mente, pero consideró que, quizá, el otro hombre no quería ayuda, así que decidió adelantarse a cualquier negación. —Y antes de que digas que no, sería peor si por falta de sueño llegan a atraparte y ponen fin a cualquier anhelo que puedas tener…así que…hazle caso a tus mayores. Guíame a tu barco, lo cuidaré por hoy.
  Responder


Mensajes en este tema
RE: Late-night talk [Pasado] [Priv. Uker] - por Hyákinthos - 05-03-2026, 06:45 AM

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)