11-11-2023, 04:52 AM
La conversación que acababan de tener había servido para tejer un hilo sutil de conexión entre las dos mujeres, transformando la percepción que Ikirami tenía de Erika. Lo que en principio había sido una simple chica problemática, ahora revelaba capas más profundas y complejas. Ikirami, entregándole una flor, se había girado, perdiéndose la reacción de Erika, pero al volver a mirar, la vio juguetear con el pétalo, sumida en pensamientos que claramente la llevaban lejos. Ikirami entendió que, al igual que ella, Erika lidiaba con sus propias batallas internas.
Ikirami, sintiéndose más ligera tras el intercambio, decidió que era momento de retomar sus deberes.
-Gracias, Erika. De verdad. -dijo ella- Lo cierto es que debería ir a relizar un trabajo, para eso he venido a Ohara. Tengo que revisar un envío en el puerto; sospechan que puede ser contrabando. No es la primera vez que me asignan una tarea de este tipo y, por lo general, termina siendo un procedimiento tedioso y rutinario.
Avanzó unos pasos, las flores de cerezo caían suavemente a su alrededor, meciéndose al ritmo de la brisa primaveral. Se detuvo y volteó hacia Erika, con una mirada que sugería una idea que acababa de surgir.
-Tal vez... -inició, pausando un momento como si sopesara sus palabras- Realmente, no creo que haya ningún peligro, y lo más probable es que la inspección transcurra sin incidentes. Pero considerando que conoces bien el lugar, tu ayuda podría ser muy reveladora. Podrías notar algo que a mí se me escape.
Le ofreció una sonrisa genuina, cálida y acogedora.
-Y, para ser honesta, he encontrado bastante agradable tu compañía. Estoy segura de que el día pasará mucho más rápido si estás a mi lado.
La sonrisa de Ikirami no solo era amistosa, sino que revelaba un reconocimiento tácito de la conexión que habían empezado a forjar. La invitación quedó flotando entre ellas, tan ligera y prometedora como los pétalos de cerezo que bailaban en el aire.
Ikirami, sintiéndose más ligera tras el intercambio, decidió que era momento de retomar sus deberes.
-Gracias, Erika. De verdad. -dijo ella- Lo cierto es que debería ir a relizar un trabajo, para eso he venido a Ohara. Tengo que revisar un envío en el puerto; sospechan que puede ser contrabando. No es la primera vez que me asignan una tarea de este tipo y, por lo general, termina siendo un procedimiento tedioso y rutinario.
Avanzó unos pasos, las flores de cerezo caían suavemente a su alrededor, meciéndose al ritmo de la brisa primaveral. Se detuvo y volteó hacia Erika, con una mirada que sugería una idea que acababa de surgir.
-Tal vez... -inició, pausando un momento como si sopesara sus palabras- Realmente, no creo que haya ningún peligro, y lo más probable es que la inspección transcurra sin incidentes. Pero considerando que conoces bien el lugar, tu ayuda podría ser muy reveladora. Podrías notar algo que a mí se me escape.
Le ofreció una sonrisa genuina, cálida y acogedora.
-Y, para ser honesta, he encontrado bastante agradable tu compañía. Estoy segura de que el día pasará mucho más rápido si estás a mi lado.
La sonrisa de Ikirami no solo era amistosa, sino que revelaba un reconocimiento tácito de la conexión que habían empezado a forjar. La invitación quedó flotando entre ellas, tan ligera y prometedora como los pétalos de cerezo que bailaban en el aire.
