[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 1
#1
[Imagen: xttopqH.png]



[40 de Verano, año 17,
15:42,
Pueblo Baquella, Baterilla]




Pueblo Baquella, en la hermosa isla tropical de Baterilla, abría sus puertas para todos los visitantes en un caluroso día de verano. Sumada a la humedad, la elevada temperatura de la isla producía ese calor pegajoso que se le metía a uno por todas partes, haciendo que el aire se ondulase con lenta parsimonia en los lugares en que más pegaba el sol. Tal era el sofoco que algún ingenuo podía llegar a pensar que había entrado en erupción el enorme volcán que coronaba el centro de la isla, aunque, naturalmente, no; llevaba siglos inactivo, durmiendo plácidamente como un coloso en su nido, y no había visos de que eso fuese a cambiar pronto. La mayoría de las casas estaban encaladas en un característico color blanco, probablemente ideal para lidiar con temperaturas como aquella, cubiertas de hermosos tejados anaranjados y rojizos. Se trataba de una arquitectura de formas sencillas, de líneas rectas y esquinas redondeadas, que se integraban con naturalidad en el rústico paisaje de la isla, que, por lo demás, dejaba que lo salvaje se extendiese por su territorio libremente. El edificio que más destacaba, precisamente por su ruptura con la estética que presentaban el resto de construcciones, era el del Banco Goldreich, que desde hacía no mucho se había convertido en una suerte de soberano de facto en la isla, instalando allí una importante base de operaciones y cristalizando en una muy significativa fuerza laboral. Sobre uno de los acantilados al este del pueblo reposaba el humilde y sobrio cuartel de la Marina, vigilando la isla desde su posición privilegiada, amurallado y hermético. En la lejanía, a no mucha distancia del propio cuartel, se alzaba el enorme faro, icono de la isla, que competía en visibilidad, en un magistral juego de perspectivas, con el mismo volcán. También blanco, refulgiendo como una llamarada bajo el sol resplandeciente, resultaba cegador contemplarlo, incluso de día, cuando su luz estaba apagada.

En el pequeño puerto de la isla, un sinfín de barcos habían empezado a acumularse, fruto de la llamada de la aventura. Por todo Baquella se repartían carteles y folletos con ilustraciones de norias, grandes decoraciones de monstruos marinos estilizados, carpas y montañas rusas; todo cuanto cupiese esperar de una operación empresarial de aquel tamaño. El New Era Joy Park, como se anunciaba aquel lugar, había puesto toda la carne en el asador para que nadie se quedase sin la experiencia de toda una vida, publicitando la enorme inauguración por todas partes. Incluso habían habilitado un ferry que transportaría a los pasajeros desde Baterilla hasta el parque, ubicado en la misma entrada al Grand Line; no habían escatimado en recursos. Era la comidilla del pueblo, claro, como también lo eran las oleadas de recién llegados que habían desembarcado en aquella isla para poner rumbo a una experiencia inolvidable.

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Resultaba evidente que los habitantes de Baquella no estaban acostumbrados a un turismo como aquel, aunque, claro, muchos estaban encantados con la noticia. La apertura del New Era suponía la llegada de numerosos visitantes dispuestos a dejarse sus preciados berries en los negocios locales, desde hoteles hasta cafeterías. Aquel era un lugar humilde, pero cuidado y agradecido para con sus visitantes. Aun así, no faltaba quien, naturalmente, no estaba entusiasmado con la idea, consciente de que el parque podría atraer la atención de grupos de piratas que no tendrían problema en cometer sus atrocidades en la isla. Por suerte, claro, la pequeña base Marine de la isla cuidaba del lugar y mantenía Baquella bajo estrecha vigilancia. Las guardias, de hecho, parecían haberse intensificado con la llegada de todos aquellos visitantes, y no era raro ver Marines patrullando por las plazas y las calles más transitadas del pueblo, compensando su pequeño número de efectivos con orden y disciplina. Afortunadamente, el cuerpo había llamado a nuevos Marines, con el fin de matar dos pájaros de un tiro: por un lado, podrían reforzar a sus compañeros de Baterilla y contribuir a la seguridad de la zona, y, por el otro, deberían investigar exactamente de qué iba aquel parque. La Marina no tenía constancia de aquel lugar, y, dado su estratégico emplazamiento, merecía la pena indagar y ver quién pensaba lucrarse de aquello. Todas las divisiones de Marines que habían llegado a la isla habían sido recibidas por el comandante al frente del cuartel allí instalado, o por alguno de sus súbditos, y habían recibido un dossier oficial en que se les indicaba su misión: mantener la paz y la seguridad en Baterilla, poner rumbo al New Era Joy Park y, por motivos de seguridad, averiguar quién estaba detrás de aquella empresa. El estricto comandante había sido muy claro, además, respecto al seguimiento del protocolo; cualquier Marine (y especialmente aquellos que iniciasen una incursión en las aguas del Grand Line) debía ir siempre adecuadamente uniformado durante sus horas de servicio ("Porque un Marine nunca se representa solo a sí mismo, representa la justicia, y la justicia no va en pelotas ni en camiseta. ¡Y nada de soldados rasos o sargentos llevando abrigos con charreteras, que os veo venir!", había asegurado), identificado con los galones propios de su rango y mostrando el debido respeto a los colores que portaba. El dossier indicaba, además, que cualquier Marine sin la adecuada embarcación podría disponer de una prestada por el propio Gobierno con ocasión de su misión.

En el puerto, un enorme ferry empezaba a exhalar humo desde sus chimeneas. El logotipo del New Era Joy Park brillaba en letras doradas, serigrafiado sobre su casco. Era el tipo de transporte cómodo y seguro que podía garantizar el tránsito hacia los Cabos Gemelos. Junto a las escaleras por las que se podía acceder al barco, en un pequeño stand cubierto del sol por un toldo y abanicado por un ventilador, un hombre con un bigote largo, que le cubría los labios y le llegaba hasta el mentón, repartía folletos y tomaba nota de todos los que subían a bordo, solicitando su nombre, lugar de procedencia y raza. Aquí y allá, algunos Marines de aspecto serio patrullaban el puerto y sus cercanías, estratégicamente apostados en esquinas y lugares que les permitiesen mantener vigilada la mayor área posible, constantemente comunicándose entre sí empleando pequeños den den mushi. A un lado del muelle, un par de pequeñas embarcaciones de velas blancas y cascos de un verde azulado oscuro, pertenecientes a la Marina, se hallaban fondeadas bajo la atenta mirada de los uniformados. Por lo general, sin embargo, el ambiente era de una gran tranquilidad; no abundaban los carteles de wanted en Baquella, y no era algo que pareciese preocupar demasiado a sus habitantes. La mayoría estaban acostumbrados a una vida tranquila, a vivir y dejar vivir, y, siempre que alguien no causase más problemas de los debidos, no solían prestar atención a la recompensa que pesase sobre su cabeza.

Los piratas más aguerridos y que hubiesen sido capaces de obtener su propio navío, así como los Marines capaces de costeárselo pese a sus paupérrimos sueldos, tendrían la oportunidad, si se veían con las suficientes habilidades, de llevarlo hasta la cima de los Cabos Gemelos e iniciar una nueva aventura. Aquellos más prudentes, o que simplemente no hubiesen podido aún permitirse una embarcación adecuada, podrían disponer del ferry que ponía a su servicio el New Era Joy Park, o, para los uniformados, de un barco de la Marina. Pese a la aparente calma, el clima era uno de emoción y anticipación; de alguna forma, todos los presentes sabían que, con su camino hacia el Grand Line, iniciaba una aventura completamente distinta a cualquier cosa que hubiesen presenciado antes. La vida antes y después de los Cabos Gemelos, para bien o para mal, jamás era la misma.



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[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 1 - por Voz Seductora - 06-03-2026, 09:55 PM

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