06-03-2026, 11:26 PM
Ah... el calor, uno de los mayores enemigos del joven marine, agitando sus sentidos incluso en medio del ajetreado día que tenían por delante, pues consciente del sitio al que irían entre la vaga información que alguien sin plenos estudios del mundo disponía, entendía que un viaje volviendo sobre los pasos dados no era posible, y si bien, la cantidad de gente aglomerada en el puerto de Baquella indicaba un hecho de características más bien grandes, el conjunto de factores en su totalidad le generaba un muy pequeño titubeo interno.
Junto a la División Setentaicinco, próximos al navío de nombre Tempestad, adquirido recientemente gracias al esfuerzo conjunto del grupo marine, realizaban los últimos preparativos previos a desembarcar rumbo a tierras desconocidas, de las que sólo escuchó rumores, leyó información en periódicos o imaginó en sus tiempos libres, pensando sobre el mundo y su inmensidad, en los sueños que murieron junto antiguos compañeros...
...pero renacieron gracias a los nuevos.
Se tomó sólo un instante para apreciar el camino recorrido, las cicatrices y sus derrotas, las victorias que le siguieron después, una vez el destino pareció torcerse levemente a su favor. Fue en ese momento ínfimo que rebuscó debajo del pañuelo azul decorando su impoluto uniforme protocolar, sujetando con firmeza el collar que le fue regalado por su familia. Pese a las diferencias con los dogmas impuestos por su clan, recordaba aquella joya con cariño, pues estuvo presente en juramentos pasados y presentes, promesas de seguir adelante sin importar el costo, de volverse muchísimo más fuerte que antes, siempre disponiendo su fuerza en favor de quienes no podían defenderse por sus propios medios. De la justicia.
En esa misma línea de pensamientos, con el mar a la vista, el ferry decorado con la publicidad del nuevo destino turístico llamado New Era Joy Park, y la enorme hilera de navíos listos para iniciar una nueva aventura, recordó a todos con quienes compartió un breve espacio en su vida, una esperanza renovada tras el fatídico día en que lo perdió todo. Esa sola idea le hizo apretar con más fuerza su collar, los ojos cerúleos del marine reflejando no sólo las bellas vistas que contenía aquel inmenso espacio a la distancia, sino también, las memorias lúcidas acumuladas.
Recordó a la Marea Azul y un combate donde entendió que incluso entre enemigos se pueden encontrar ideales aliados. A Ruri, quien lo ayudó a provocar la caída del tiránico Minato, incluso a Voleto, quien cedió en su cabezonería para proteger su seguridad y la de sus amigos. Cada sitio visitado volvía con tintes nostálgicos, como un fiel recordatorio de que incluso aunque el momento presente se sienta ideal, feliz o cómodo...
La gorra del albino lo protege del sol, sus gafas negras le recubren los ojos, bien ocultos tras ese vidrio refinado, y fue con esa idea que finalmente se giró a su División. Ellos representaban la idea del movimiento, de intentar enterrar a los fantasmas del pasado y continuar con el brillo que acostumbraba, incluso si algunas personas se negaban a abandonar su cadena de pensamientos diaria. Pero viéndolos a ellos, decidió que si iba a disponerse a realizar semejante servicio al Gobierno Mundial, lo haría en el punto más alto de sus capacidades, y en vez de sumarse tristeza o culpa, los utilizaría de motor.
Al menos por un día.
—¡Bien, bien! ¡Espero que hayan dejado todo listo! Después de tantos días sin verles las caras me estaba acostumbrando a estar solo... —bufó, hablando a toda la División y acercándose a ellos. Lo curioso es que tras el mensaje dado por el comandante hacia la totalidad de los marines, junto al dossier con las indicaciones, dieron el protocolar patrullaje por la zona, tratando de hacer la debida presencia para evitar conflictos y demostrar que la seguridad era fundamental en un evento tan convocante como aquel, así que no tuvo demasiado tiempo para estar junto a ellos desde la llegada de los cuatro a Baterilla. Se estuvo preparando desde el anuncio del parque, en mente y cuerpo.
La odisea de ChoiChoi, Nyri, Kael y el nuevo recluta (a ojos de Hasegawa) Dimitri le fue comentada, y le sorprendió un detalle fundamental en relación a su amigo de la infancia. ¿Así que el pelinegro se había adjudicado la labor de líder? Interesante, ¡muy interesante! La sonrisa soberbia del albino era incapaz de ocultarse, como un depredador relamiéndose los dientes para notar el filo antes de asestar una mordedura letal.
—Hey, 'capitán'. —dijo, con ironía, picándole en la cercanía, torturándolo con su aroma a perfumes de millonarios —No recuerdo que me hayas vencido para reclamar ese puesto... —sugirió, moviendo su cuerpo de manera... caricaturesca, fiel al estilo tan egocéntrico y animado que siempre ha mostrado. —¡No voy a recibir órdenes de alguien más débil que yo! Me niego, así que puedes mandarles a ellos pero yo haré lo que mejor sé hacer. —entonces se dio la vuelta, cruzado de brazos y emulando una pose que a su imaginación, resultaba molona. —¡Ganar! —¿a quién? No lo sabía, ni siquiera existía una contemplación real de enemigos en el parque de atracciones, la misión era de algo que apuntaba a su máxima debilidad en el trabajo ejercido hacia el Gobierno Mundial; Investigar. Por ello tenía expectativas bajas, muy a pesar de que se mostraba animado, su vibra habitual.
Al fin y al cabo, era experto en mantener las apariencias.
A pocos metros se encontraba el navío que utilizaría la División Ochenta, Shin se enteró que el plan mediado por Kael era ir en conjunto a ellos. De los nombres que le comentaron sólo conocía al hombre que consiguió vencerlo, el primero y único desde la obtención de su fruta del diablo, Enji, así que guardaba respeto por ese conjunto de marines si el albino estaba con ellos. Le generaba intriga conocer al resto, pero le dejaría el trabajo administrativo a Omuyaga, digamos que para eso... no le molestaba que sea visto como la voz principal del grupo, aunque lo negase en cada oportunidad que se le presentase.
—Partiremos cuando estén listos. Si hay problemas, síganme, mientras yo esté presente dudo que alguien sea capaz de vencernos. —indicó a la setentaicinco mientras se ajustaba las gafas de sol, completamente listo para zarpar hacia lo desconocido, junto al barco Tempestad. Hasegawa no se movería de esa posición, a unos diez metros del navío, aguardando la señal para iniciar el viaje en dirección al New Era Joy Park, y más que dispuesto a... no colaborar en los preparativos, pues así como su ego, la pereza en el albino de ojos cerúleos era una virtud, sí, a su perspectiva, virtud, que siempre debía presumir.
Y por supuesto que vestía el uniforme reglamentario, la gorra, el pañuelo, los pantalones y la camisa blanca de mangas cortas que lo ayudaba a tolerar el calor, todo en su sitio, con los debidos emblemas representando a la marina y a su división, la valerosa katana Shirogiri adornando su cintura, además de ciertas provisiones en el interior de los mencionados ropajes. ¿A quién se le ocurriría incumplir esas normas?
Bueno... se le pasó por la cabeza, quería ir con su haori, pero fue convencido quien sabe cómo en el proceso. Supuso que así sería en los días importantes para la marina. Al final de todo, y echando la vista atrás, tampoco se podía quejar de su actualidad.
Junto a la División Setentaicinco, próximos al navío de nombre Tempestad, adquirido recientemente gracias al esfuerzo conjunto del grupo marine, realizaban los últimos preparativos previos a desembarcar rumbo a tierras desconocidas, de las que sólo escuchó rumores, leyó información en periódicos o imaginó en sus tiempos libres, pensando sobre el mundo y su inmensidad, en los sueños que murieron junto antiguos compañeros...
...pero renacieron gracias a los nuevos.
Se tomó sólo un instante para apreciar el camino recorrido, las cicatrices y sus derrotas, las victorias que le siguieron después, una vez el destino pareció torcerse levemente a su favor. Fue en ese momento ínfimo que rebuscó debajo del pañuelo azul decorando su impoluto uniforme protocolar, sujetando con firmeza el collar que le fue regalado por su familia. Pese a las diferencias con los dogmas impuestos por su clan, recordaba aquella joya con cariño, pues estuvo presente en juramentos pasados y presentes, promesas de seguir adelante sin importar el costo, de volverse muchísimo más fuerte que antes, siempre disponiendo su fuerza en favor de quienes no podían defenderse por sus propios medios. De la justicia.
En esa misma línea de pensamientos, con el mar a la vista, el ferry decorado con la publicidad del nuevo destino turístico llamado New Era Joy Park, y la enorme hilera de navíos listos para iniciar una nueva aventura, recordó a todos con quienes compartió un breve espacio en su vida, una esperanza renovada tras el fatídico día en que lo perdió todo. Esa sola idea le hizo apretar con más fuerza su collar, los ojos cerúleos del marine reflejando no sólo las bellas vistas que contenía aquel inmenso espacio a la distancia, sino también, las memorias lúcidas acumuladas.
Recordó a la Marea Azul y un combate donde entendió que incluso entre enemigos se pueden encontrar ideales aliados. A Ruri, quien lo ayudó a provocar la caída del tiránico Minato, incluso a Voleto, quien cedió en su cabezonería para proteger su seguridad y la de sus amigos. Cada sitio visitado volvía con tintes nostálgicos, como un fiel recordatorio de que incluso aunque el momento presente se sienta ideal, feliz o cómodo...
El mundo siempre seguirá en movimiento.
La gorra del albino lo protege del sol, sus gafas negras le recubren los ojos, bien ocultos tras ese vidrio refinado, y fue con esa idea que finalmente se giró a su División. Ellos representaban la idea del movimiento, de intentar enterrar a los fantasmas del pasado y continuar con el brillo que acostumbraba, incluso si algunas personas se negaban a abandonar su cadena de pensamientos diaria. Pero viéndolos a ellos, decidió que si iba a disponerse a realizar semejante servicio al Gobierno Mundial, lo haría en el punto más alto de sus capacidades, y en vez de sumarse tristeza o culpa, los utilizaría de motor.
Al menos por un día.
—¡Bien, bien! ¡Espero que hayan dejado todo listo! Después de tantos días sin verles las caras me estaba acostumbrando a estar solo... —bufó, hablando a toda la División y acercándose a ellos. Lo curioso es que tras el mensaje dado por el comandante hacia la totalidad de los marines, junto al dossier con las indicaciones, dieron el protocolar patrullaje por la zona, tratando de hacer la debida presencia para evitar conflictos y demostrar que la seguridad era fundamental en un evento tan convocante como aquel, así que no tuvo demasiado tiempo para estar junto a ellos desde la llegada de los cuatro a Baterilla. Se estuvo preparando desde el anuncio del parque, en mente y cuerpo.
La odisea de ChoiChoi, Nyri, Kael y el nuevo recluta (a ojos de Hasegawa) Dimitri le fue comentada, y le sorprendió un detalle fundamental en relación a su amigo de la infancia. ¿Así que el pelinegro se había adjudicado la labor de líder? Interesante, ¡muy interesante! La sonrisa soberbia del albino era incapaz de ocultarse, como un depredador relamiéndose los dientes para notar el filo antes de asestar una mordedura letal.
—Hey, 'capitán'. —dijo, con ironía, picándole en la cercanía, torturándolo con su aroma a perfumes de millonarios —No recuerdo que me hayas vencido para reclamar ese puesto... —sugirió, moviendo su cuerpo de manera... caricaturesca, fiel al estilo tan egocéntrico y animado que siempre ha mostrado. —¡No voy a recibir órdenes de alguien más débil que yo! Me niego, así que puedes mandarles a ellos pero yo haré lo que mejor sé hacer. —entonces se dio la vuelta, cruzado de brazos y emulando una pose que a su imaginación, resultaba molona. —¡Ganar! —¿a quién? No lo sabía, ni siquiera existía una contemplación real de enemigos en el parque de atracciones, la misión era de algo que apuntaba a su máxima debilidad en el trabajo ejercido hacia el Gobierno Mundial; Investigar. Por ello tenía expectativas bajas, muy a pesar de que se mostraba animado, su vibra habitual.
Al fin y al cabo, era experto en mantener las apariencias.
A pocos metros se encontraba el navío que utilizaría la División Ochenta, Shin se enteró que el plan mediado por Kael era ir en conjunto a ellos. De los nombres que le comentaron sólo conocía al hombre que consiguió vencerlo, el primero y único desde la obtención de su fruta del diablo, Enji, así que guardaba respeto por ese conjunto de marines si el albino estaba con ellos. Le generaba intriga conocer al resto, pero le dejaría el trabajo administrativo a Omuyaga, digamos que para eso... no le molestaba que sea visto como la voz principal del grupo, aunque lo negase en cada oportunidad que se le presentase.
—Partiremos cuando estén listos. Si hay problemas, síganme, mientras yo esté presente dudo que alguien sea capaz de vencernos. —indicó a la setentaicinco mientras se ajustaba las gafas de sol, completamente listo para zarpar hacia lo desconocido, junto al barco Tempestad. Hasegawa no se movería de esa posición, a unos diez metros del navío, aguardando la señal para iniciar el viaje en dirección al New Era Joy Park, y más que dispuesto a... no colaborar en los preparativos, pues así como su ego, la pereza en el albino de ojos cerúleos era una virtud, sí, a su perspectiva, virtud, que siempre debía presumir.
Y por supuesto que vestía el uniforme reglamentario, la gorra, el pañuelo, los pantalones y la camisa blanca de mangas cortas que lo ayudaba a tolerar el calor, todo en su sitio, con los debidos emblemas representando a la marina y a su división, la valerosa katana Shirogiri adornando su cintura, además de ciertas provisiones en el interior de los mencionados ropajes. ¿A quién se le ocurriría incumplir esas normas?
Bueno... se le pasó por la cabeza, quería ir con su haori, pero fue convencido quien sabe cómo en el proceso. Supuso que así sería en los días importantes para la marina. Al final de todo, y echando la vista atrás, tampoco se podía quejar de su actualidad.
Tenía una nueva oportunidad de protegerlos a todos.
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![[Imagen: vEBNZb3.png]](https://i.imgur.com/vEBNZb3.png)
