07-03-2026, 11:43 PM
(Última modificación: 08-03-2026, 12:14 AM por Masato Ami.)
Una maravilla lo que habían hecho con nosotros, tesoro. Cuando aquellas personas llegaron a Baquella promocionando los juegos, el parque y toda esa promesa de diversión brillante del lugar llamado New Era Joy Park, algo dentro de mí hizo click de inmediato. Lo sentí en el pecho, una chispa de entusiasmo que me recorrió entero, desde las alas hasta las puntas de mis botas de tacón y no voy a fingir indiferencia, sería una mentira y mentir simplemente no está en mi naturaleza. Me emocioné, claro que sí, porque incluso un soldado de la Marina que sigue el Okama Way con orgullo puede sentir ese cosquilleo infantil cuando ve luces, música y risas prometiendo una noche inolvidable.
Pero la emoción nunca está por encima del deber, y eso lo tengo clarísimo. Los superiores nos enviaron a vigilar, a cuidar, a observar cada rincón del lugar, y al final del día eso es exactamente lo que hacemos mejor, mantener la paz para que otros puedan disfrutar sin miedo. Así que caminé con la división, Juan en su forma de tortuga, Enji encima suyo casi fumándose un cigarrillo, la división 75 también estaba cerca de nosotros, al parecer ambas divisiones iremos al mismo lugar con la diferencia de que a nosotros nos toca ir en un barco proporcionado por la propia marina y no uno propio. —No hay forma de que no nos podamos divertir en un lugar como ese, ya quiero llegar a los cabos gemelos con todos ustedes. — al final llegamos al puerto donde se encontraba el dichoso barco que habían puesto a nuestra disposición.
Cuando vi a Juan saludar a las personas de la otra división, hice exactamente lo mismo, tesoro. Con una sonrisa amplia y perfectamente sincera levanté una de mis manos y saludé desde la distancia, mis alas se movieron ligeramente a mi espalda mientras agitaba la mano con entusiasmo, dejando que mi presencia se notara sin ningún tipo de timidez. pasar desapercibido nunca ha sido mi estilo. —¡Masami para todos, un placeeeer conocerlos, tesoros! Espero que estén listos para trabajar duro, proteger a la gente y, si el destino nos deja un respiro, disfrutar un poquito de este maravilloso caos lleno de luces y juegos, ¡Fufufufu! —grité mientras agitaba mi mano derecha con energía.
No veo razón para ser frío con otros marines, somos compañeros, al final del día, y yo prefiero empezar cualquier encuentro con una sonrisa antes que con esa rigidez innecesaria que algunos llevan pegada al uniforme, además, si vamos a compartir patrulla, lo mínimo es que sepan quién soy desde el primer momento. En ese momento escuché las palabras extrañas de Juan, pero las comprendí al instante. —POR SUPUESTO QUE SI JUUUUUUUAAAAN. — No estábamos tan lejos pero me encanta ser tan ruidoso como puedo, es un placer total.
Tomé mis maracas del cinturón, donde siempre las llevo bien colocadas, tesoro, y mientras subía al barco comencé a moverlas siguiendo el compás natural de mi propio cuerpo. Mis botas marcaban el ritmo sobre la madera, mis alas se balanceaban ligeramente como si todo el muelle hubiera sido construido únicamente para acompañar mi entrada, si voy a aparecer en escena, lo haré con música. —¡SUENA LA MARACA SUAVE! —canté con voz clara mientras mis manos comenzaban a sacudir los instrumentos con entusiasmo— ¡CHACA-CHACA, CHACA-CHÁ!—
Seguí avanzando entre los miembros de mi división, acercándome a cada uno con una sonrisa enorme, moviendo las caderas y dejando que las maracas marcaran un ritmo alegre que se extendía por la cubierta, porque aunque seamos marines, tenemos deberes, patrullas y superiores que probablemente fruncirán el ceño cuando escuchen el escándalo pero también somos personas, y la vida es demasiado corta para caminar siempre con la cara larga. —¡QUE YA LLEGÓ LA FIESTA Y NADIE SE VA A QUEDAR! — canté con orgullo mientras hacía girar las maracas sobre mis dedos.
Entonces giré la cabeza hacia la División 75, levantando una ceja con una sonrisa traviesa mientras seguía sacudiendo el ritmo en el aire. —¡A ver, tesoros de la setenta y cinco, no me digan que voy a tener que enseñarles cómo se siente el verdadero espíritu del verano porque estas chaca-chaca vibes no me las van a ignorar! —añadí sin dejar de tocar, este viaje claramente no iba a empezar en silencio.
Pero la emoción nunca está por encima del deber, y eso lo tengo clarísimo. Los superiores nos enviaron a vigilar, a cuidar, a observar cada rincón del lugar, y al final del día eso es exactamente lo que hacemos mejor, mantener la paz para que otros puedan disfrutar sin miedo. Así que caminé con la división, Juan en su forma de tortuga, Enji encima suyo casi fumándose un cigarrillo, la división 75 también estaba cerca de nosotros, al parecer ambas divisiones iremos al mismo lugar con la diferencia de que a nosotros nos toca ir en un barco proporcionado por la propia marina y no uno propio. —No hay forma de que no nos podamos divertir en un lugar como ese, ya quiero llegar a los cabos gemelos con todos ustedes. — al final llegamos al puerto donde se encontraba el dichoso barco que habían puesto a nuestra disposición.
Cuando vi a Juan saludar a las personas de la otra división, hice exactamente lo mismo, tesoro. Con una sonrisa amplia y perfectamente sincera levanté una de mis manos y saludé desde la distancia, mis alas se movieron ligeramente a mi espalda mientras agitaba la mano con entusiasmo, dejando que mi presencia se notara sin ningún tipo de timidez. pasar desapercibido nunca ha sido mi estilo. —¡Masami para todos, un placeeeer conocerlos, tesoros! Espero que estén listos para trabajar duro, proteger a la gente y, si el destino nos deja un respiro, disfrutar un poquito de este maravilloso caos lleno de luces y juegos, ¡Fufufufu! —grité mientras agitaba mi mano derecha con energía.
No veo razón para ser frío con otros marines, somos compañeros, al final del día, y yo prefiero empezar cualquier encuentro con una sonrisa antes que con esa rigidez innecesaria que algunos llevan pegada al uniforme, además, si vamos a compartir patrulla, lo mínimo es que sepan quién soy desde el primer momento. En ese momento escuché las palabras extrañas de Juan, pero las comprendí al instante. —POR SUPUESTO QUE SI JUUUUUUUAAAAN. — No estábamos tan lejos pero me encanta ser tan ruidoso como puedo, es un placer total.
Tomé mis maracas del cinturón, donde siempre las llevo bien colocadas, tesoro, y mientras subía al barco comencé a moverlas siguiendo el compás natural de mi propio cuerpo. Mis botas marcaban el ritmo sobre la madera, mis alas se balanceaban ligeramente como si todo el muelle hubiera sido construido únicamente para acompañar mi entrada, si voy a aparecer en escena, lo haré con música. —¡SUENA LA MARACA SUAVE! —canté con voz clara mientras mis manos comenzaban a sacudir los instrumentos con entusiasmo— ¡CHACA-CHACA, CHACA-CHÁ!—
Seguí avanzando entre los miembros de mi división, acercándome a cada uno con una sonrisa enorme, moviendo las caderas y dejando que las maracas marcaran un ritmo alegre que se extendía por la cubierta, porque aunque seamos marines, tenemos deberes, patrullas y superiores que probablemente fruncirán el ceño cuando escuchen el escándalo pero también somos personas, y la vida es demasiado corta para caminar siempre con la cara larga. —¡QUE YA LLEGÓ LA FIESTA Y NADIE SE VA A QUEDAR! — canté con orgullo mientras hacía girar las maracas sobre mis dedos.
Entonces giré la cabeza hacia la División 75, levantando una ceja con una sonrisa traviesa mientras seguía sacudiendo el ritmo en el aire. —¡A ver, tesoros de la setenta y cinco, no me digan que voy a tener que enseñarles cómo se siente el verdadero espíritu del verano porque estas chaca-chaca vibes no me las van a ignorar! —añadí sin dejar de tocar, este viaje claramente no iba a empezar en silencio.
— Por la calle va sonando
una risa sabrosona,
maracas que van contando
que la noche está juguetona.
Colores en cada esquina,
serpentinas en el suelo,
cuando la maraca gira
hasta baila el mismo viento —
Seguí bailando y moviendo mis maracas por la cubierta, tesoro, dejando que el chaca-chaca marcara cada paso mientras recorría el barco con toda la intención de alegrar no solo mi día, sino también el de cualquiera que tuviera la mala costumbre de tomarse la vida demasiado en serio. Mis alas se balanceaban suavemente con el ritmo y mis botas resonaban contra la madera como si el propio barco quisiera acompañarme.
Mi off
![[Imagen: xFGuWOj.jpeg]](https://i.imgur.com/xFGuWOj.jpeg)
