Anteriormente
Cill había llegado hacía poco relativamente a Baterilla, hacía unos tres, cuatro días, había sido un viaje extenuante, y cansador a decir verdad. No había querido decirle nada a Miyori, así podía descansar ella durante el viaje, él no la quería hacer tener remar... Pero fue agotador para él en parte remar durante dos días, aunque no fue la muerte de nadie, le era imposible no terminar con una sonrisa dibujada en su rostro en esos momentos que recordaba que peores cosas había vivido, y ese viaje había valido totalmente la pena. Lejos estaban los días tortuosos, de angustia y dolor, ya mucha agua había pasado debajo de ese puente. El fuego y el acero que todo se habían llevado hace tiempo ya en el East Blue hoy era una cicatriz en su interior que retumbaba con un eco imperecedero aunque sutil, que ya no molestaba, aunque le recordaba permanentemente que algunas heridas dejan de sangrar pero no de doler, y uno puede acostumbrarse tanto a ellas, que la risa puede volver... Sueños de libertad y aventura aguardan delante, y desde que pudo quizás por capricho del universo, encontrarse totalmente libre por primera vez nuevamente en Baterilla hace ya muchos años, y se encontraba nuevamente allí, frente al libre albedrío que clamaba por diversión, aventura, emoción y sentirse más vivo que nunca.
Samba le había regalado muchas lecciones y momentos increíbles e inolvidables. Pudo aprender que nada es gratis en este mundo y los mejores premios se llevan el mayor costo, y solo aquellos que estaban dispuestos a pagarlo accederían a estos. Pudo conocer gente super interesante, echar raízde amistades, dejar de caminar solo, y finalmente volver a sentir que teníaun hogar, no en un lugar físico, más sino en aquellos con quienes decidió embarcarse a lo desconocido, y más allá, Miyori con su rncantadora música y Alek, siendo fuego y chispa, junto a él, hambriento de libertad y aventura. La libertad total aguardaba delante, y los sueños cada día más pronto a cumplirse, donde su brújula siempre marcara el norte, su libertad, su risa, su alegría y sentirse pleno defendiendo lo que él creía sin torcerse del camino, habiendo comprendido, no todo lo que nrilla es oro, y no todo es oro en la vida
¿Qué les deparará el mañana a éste trío?
Solo hay una forma de saberlo...
— JAJAJAJAJAJA — reí a carcajadas sujetando mi barriga, no podía evitarlo cuando la suerte estaba de mi lado. — Parece que saqué diez nuevamente — comenté a los demás jugadores mientras controlaba la risa y juntaba el dinero ganado. Había descansado lo suficiente y recuerdo haber quedado con Miyori de encontrarnos en el puerto... Pero las cosas de la vida siempre me encontraban en el momento menos oportuno. ¿Qué culpa podía tener yo si de camino, en el puerto, encontraba tan amable y agradable gente jugando dados? Para alguien como yo que se aburre rápido, y se distrae de la misma manera cuando esta aburrido aquello era el cóctel perfecto. Rápidamente había quedado en segundo plano los planes, no había como ganar algo de dinero con un par de malvivientes jugando dados y entregándose al azar. Entre partidas ganadas y perdidas, no faltaban las risas. Aunque de pronto mi suerte empezó a cambiar, eran más las perdidas que las ganadas. Prendí un cigarro mientras jugábamos e intenté concentrarme en el juego, como si eso pudiera tener alguna influencia en la suerte de los dados... — Parece que la suerte no es lo único que se me esta acabando. — comenté entre risas rascando suavemente mi nuca. Mi bolsillo estaba más flaco que perro de calle a esta altura, y si no hacía algo, sabía que luego me regañaría Miyori por perder todo el dinero que traía. — ¡ESPEREN! — les dije alzando la voz interponiendo la mano al medio justo donde jugábamos y me asome allí de rostro con cigarro en boca y una picara sonrisa. — Creo que deberíamos ir a doble o nada ahora. ¿Qué dicen mis irremediables y poco agraciados amigos? — pregunté para ser observado un instante por todos ellos en silencio, quienes luego se miraron entre ellos... Momento de silencio incómodo mientras se repartían vistas, y yo pitaba mi cigarro observándolos y menee mis cejas un par de veces rápidamente y éstos echaron a reír a carcajadas junto conmigo.
La apuesta había crecido mucho más de lo que podía pagar, pero ya que... No es que me preocupara, hasta ahora había lidiado con muchos malos ganadores que tenían el descaro de venir a pedirme el dinero, y con cobradores para los que eran cobardes... Los dados rodaron y salían...
Cinco...
Cuatro...
~ ¿¡Un dos?! No jod... ~ pensé al ver que no sacaba diez y como si fuese un ángel enviado del cielo me salvó la campana... La gente incluidos mis compañeros de juego, y el murmullo en general, todo se direccionó en un instante hacia arriba y más a la derecha, claro yo no iba a ser menos...
—¿Qué caraj... — murmuré en voz baja como si se me escapara un pensamiento... Estaba igual que todos, asombrado por la teatralidad, aunque nunca dejaba de maravillarme con ese tipo de peculiaridades, gente alada, grandes alturas, siempre me emocionaba cuando presenciaba o conocía gente así, aunque ese tono de piel... Las alas negras... El color de pelo y su peinado... ~ Tiene que ser Alek... ~ estaba seguro. Aprovechando la buena suerte de su distracción, tome algo del dinero que estaba en la mesa improvisada de piedra en aquel cantero y me escabullí entre la multitud. Para cuando se quisieron dar cuenta era imposible encontrarme aunque pude escuchar algunos insultos por mi desatino y atrevimiento.
Claro seguí al moreno con la vista y me fuí dirigiendo a su dirección, y recordé también que tenía que encontrarme con Miyori, aunque la buscaba y no la veía, muy lejos no había de estar supuse, ahora quería encontrar a Alek, que no había tenido oportunidad de encontrarme con él desde Samba. Veía y entendía todo el movimiento, producto de aquel parque y todo el mundo queriendo ser parte y estar en su inauguración, claro yo también tenía ganas pero no era algo que me enloqueciera, prefería quedarme jugando o en alguna taberna viendo que se cuece... Pero, ya estaba allí, tal vez encontraba algo emocionante ¿No? No perdía nada, además había visto que Alek subió allí, podría buscar a Miyori luego. Al llegar al stand de enrrada, con mi saco y capa al hombro, puesto que no me dejé nada, llegué frente al hombre del peculiar bigote, que se lo veía un poco harto de su labor.
— Chill Bling Ton — le dije, a sabiendas de que ahora era buscadl
o, aunque sea no quería quedar registrado y facilitar las cosas a quien me quisiese encontrar. — Hasta hoy temprano que revisé, soy humano, oriundo del East Blue, ya viviendo en Samba hace bastantes años — finalicé, para que el sujeto me entregara el boleto pertinente, y subí al ferry, semejante bicho era... Fuí caminando por el lado frente al puerto en dirección a la popa, recorriendo unos veinte metros. Donde encontré a Alek.
— Sabía que te iba a encontrar por aquí Alek. — le comenté sonriendo. — Ese vuelo estuvo genial ¿Crees que podrías darme una vuelta?— le pregunté entre risas ya, para ver a Miyori a unos metros — ¡Miyori! — la llamé a viva voz levantando el brazo derecho para que me ubicara.
