Jumpin' at the Woodside [Pasado] [Bones]
#2


Las noches en Samba estaban llenas de sonidos. El canto constante de los insectos, mezclado con el susurro del viento entre la espesa vegetación, creaba una atmósfera misteriosa que envolvía toda la selva. Aquella masa verde se extendía por kilómetros, tan densa que parecía interminable. Sin embargo, nada se comparaba con los amaneceres. Cuando el sol comenzaba a elevarse sobre la flora salvaje de Anozama, bañando todo con tonos dorados y cálidos, el espectáculo se volvía casi espiritual.

Samba ofrecía paisajes que podían quitarle el aliento a cualquiera. Aun así, mucha gente despreciaba aquella isla, reduciéndola simplemente a la pobreza de sus habitantes. Para muchos forasteros, Samba no era más que un punto olvidado en el mapa. Pero esa visión superficial solo pertenecía a quienes nunca se atrevían a abandonar las zonas seguras.
Quienes realmente caminaban sus tierras sabían que la isla escondía maravillas. En la ciudad principal, edificios construidos con roca pulida se alzaban entre calles llenas de comerciantes, viajeros y habitantes locales. El bullicio del mercado, los gritos de los mercaderes y el constante ir y venir de mercancías convertían el lugar en un corazón vivo que latía sin descanso.
El médico brujo llevaba ya tres días en la isla.

Su visita tenía un propósito claro: reabastecerse. La selva de Samba era conocida por su enorme variedad de plantas, raíces y hongos extraños, muchos de los cuales no crecían en ningún otro lugar del mundo. Para él, aquello era un verdadero tesoro.

Durante generaciones, su gente había desarrollado fórmulas tradicionales a partir de esos ingredientes. Pócimas medicinales, remedios extraños e incluso venenos de efectos impredecibles formaban parte de ese conocimiento heredado. Bones comerciaba con ellos en los rincones más oscuros del mercado negro de distintas ciudades. No era precisamente el negocio más limpio del mundo… pero era efectivo.

Su campamento estaba instalado en un pequeño claro de la selva, improvisado con hojas de un árbol local. Aquellas hojas desprendían un fuerte hedor mentolado debido a un químico natural que resultaba nauseabundo para insectos y depredadores. Para los humanos, en cambio, el olor apenas era perceptible.
Era una solución simple, pero eficaz.

Bones conocía bien ese tipo de entornos. Después de todo, había pasado su infancia en Centaura, una isla famosa por albergar algunas de las selvas más peligrosas de los Blues. Comparada con aquellas junglas mortales, Samba era prácticamente un paseo por el parque.

Aquella mañana, el médico se encontraba relajado junto a su campamento. Vestía una camisa blanca ligera, pantalones negros y su característico sombrero de copa. De su cuello colgaba su inseparable medallón de calaveras vudú, que brillaba tenuemente bajo la luz del amanecer.

Entre sus dedos sostenía un cigarrillo oscuro, tan negro como la hiel.
El humo que escapaba de él era rojizo, algo poco común. Aquello se debía a una hierba especial que crecía en Centaura. Al quemarse, producía un humo denso que ayudaba a relajar la mente y a calmar los pensamientos.
Bones exhaló lentamente, dejando que el humo se desvaneciera en el aire mientras observaba el paisaje selvático que lo rodeaba.

Fue entonces cuando lo vio.

En una bifurcación más arriba, cerca de la zona montañosa, se encontraba una figura.
Al principio parecía solo una silueta inmóvil, recortada contra la luz de la mañana. Pero cuando Bones entrecerró los ojos, pudo distinguir mejor los detalles. El desconocido llevaba una chaqueta larga de ala ancha y un sombrero fedora del mismo color. Su postura era tranquila, casi despreocupada, como si caminar por aquella peligrosa región fuera algo completamente normal.

Bones frunció ligeramente el ceño.
Era extraño ver a alguien por esos lugares. Incluso los habitantes locales evitaban ciertas zonas de la selva, especialmente aquellas cercanas a los acantilados.

Durante unos segundos se limitó a observarlo en silencio.
Entonces el hombre comenzó a caminar.
Y no hacia cualquier lugar.
Se dirigía directamente hacia los acantilados.

Los ojos de Bones se abrieron un poco más.

Hacía apenas unos días, una colonia de avispas coloradas cazadoras se había instalado en esa área. Aquellas criaturas eran enormes, agresivas y extremadamente territoriales. Incluso un solo ejemplar podía representar un problema serio.
Un grupo entero era prácticamente una sentencia de muerte.

Bones soltó el cigarrillo y lo dejó caer al suelo.

— Puta madre.

Con rapidez tomó su chaqueta, se ajustó sus botas de escalada y comenzó a avanzar colina arriba. Sus movimientos eran ágiles, acostumbrados a terrenos difíciles.

No sabía quién era ese hombre.

Pero sí sabía exactamente en qué tipo de problema estaba a punto de meterse
.
Cuando finalmente logró acercarse lo suficiente para que su voz pudiera alcanzarlo, Bones respiró hondo y gritó con todas sus fuerzas:

—¡¡ESPERA, COLMENA!!.
  Responder


Mensajes en este tema
RE: Jumpin' at the Woodside [Pasado] [Bones] - por Dr.Bones - 08-03-2026, 05:52 PM

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)