08-03-2026, 07:08 PM
Esta isla es una delicia, como ninguna otra, tropical, con un calor que se puede disfrutar, una brisa marina, mucha fruta refrescante cómo parte del menú. Regresar a una de las islas donde me lo pasé mejor fue algo excelente. De las mejores ideas que se podrían haber tenido. Nunca antes me la había pasado mejor. Claro era el año 15 un año donde los funcionarios no tenían tan en cuenta esta isla. Las cosas habían cambiado, para peor, la cantidad de marines que aquí existe es sofocante sin más una de los mayores defectos que tenía esta isla. Su dependencia de la marina ahora la volvía un lugar no tan disfrutable. Ciertamente tener que recordar la cantidad de veces un oficial puso un arma en pecho o en mi cien por mi aspecto era algo que me había hecho sentir un claro descontento por su presencia en todos los lugares en los que yo podría estar.
Sin embargo, no soy violento, no me pondré a buscar problemas con todo y cada uno de los que aquí están. Sería algo muy agotador y muy molesto, no es mi idea el ser un camorrero. No, mi idea es tomarlo con calma, tranquilidad absoluta. Me había agarrado de la idea de regresar a ese lugar del pasado que ya no existía. Las casas de color blanco y techos rojos, su aire tran tranquílo, solo quedaba la estructura, solo quedaba la estructura de las casas. Ahora está lleno de gente, movimiento, marines, tiene mucha vida y eso la ha hecho cambiar mucho. Me alisté cuidando el estado de mis alas, una limpiada con abundante agua en el baño de aquella posada. El agua en su punto, refrescante para este clima cálido y veraniego.
Tras un buen baño alistar su largo y lunar cabello ajustando en una cola alta. Está un poco más largo de lo usual, un poco pesado, pero creo que luce bien. Me haría un corte de cabello yo mismo al mirarme al espejo, para tener un aire diferente. Esperaba hoy lucir un poco mejor, me miré al espejo mal cortado que había en la posada y me arregle lo suficiente. Unos buenos aretes y el collar que me representa como el campeón de la trifuerza y un pantalón bastante más elegante que los harapos que suelo vestir. Negra, elegante, holgada, cómoda. No había que adornarse nada de manera adicional. Mi mejor prenda era mi propia piel y la exhibirá con orgullo.
Adicional a eso aprovecharía un pequeño presente de una voz del cielo y me pondría unas nuevas guanteras y punteras que bien son nuevas me servirían si algún borracho o pillo me quiere buscar problemas. Una pequeña cangurera en la que portaba algunos utensilios adicionales para el caso de emergencias.
Salir bajo el resplandeciente sol, mis alas expuestas y mi cangurera con mis provisiones bien guardadas. Siempre había que salir preparado. Ya luego de caminar desde la posada hasta donde la muchedumbre está haciendo turismo el calor comenzaba a sentirse acumulado. Movimiento, mucho movimiento, gente aprovechando las atracciones para hacer vida y la gente del pueblo aprovecha para hacer un buen dinerillo ya que las oportunidades muy poco se presentan. Caminé, crucé esquinas, pasé por donde la jefa tenía su cocina, ahí había conocido a Uker, pasé por las tabernas donde había tenido la oportunidad de conocer a runin, miyori, muchas otras visitas casuales que cruzaría en esta isla. Fue una buena época, una muy social. Me sentí un tanto nostálgico, pero fue un segundo efímero que se me escapó al recordar a una buena compañia.
Caminar por el suelo que ya no defino bien si es arena, si es madera, tanta gente caminando en cualquier dirección ya ha vuelto todo un popurrí de huellas. Son demasiada gente y sé que lo único que debes evitar son aquellos de blanco, con gorra y pañoleta azul. Si a los marines. Las atracciones habían hecho que las personas de todas las razas se hubieran hecho presentes y de entre todos había un grandulón que destacaba.
Parece que la altura de las razas había hecho de Baterílla un nido de gente de rasgos variados y eso me encanta. Me hace sentir más fácil de camuflar aunque para ser franco siguen siendo tan distintos a mi que igual tienen el efecto opuesto. Entre los turistas tenía que caminar con el ojo puesto ya que veía que se comenzaba a formar una fila frente a un hombre de bigote. Me gusta su estilo pero admito que me es demasiado peculiar. No comprendía mucho acerca de por qué se hacía la fila se formaba y la curiosidad vino a mi. Curiosidad que fue saciada al ver cómo una publicidad explicaba que era un viaje gratis.
Me quedé mirando con atención y meditando el sí sería una clara oportunidad de aventura. Mi pensamiento me abstrajo un instante hasta encontrar una voz cercana a mi. Me hizo voltear, pero no hacia atrás, no hacia un costado, fue hacia arriba, una voz agradable que me tomó por sorpresa el día de hoy. Sus alas majestuosas, su presencia única. Si, era ella, claramente. —Hola, hola, que sorpresa encontrarte aquí.— Claro, posicionado frente a la publicidad y junto a la fila que avanzaba me dí cuenta de que estaba bastante cerca del centro de atención. Mucha gente quiere ir al parque de atracciones. Siendo sincero me parece un poco extraño un viaje gratuito, pero si es una inauguración lo ideal es traer gente aunque eso te traiga deudas.
—Te ves impresionante.— Agregué con cierta confianza labrada y aprendida. Viendo a mi compañera, deslumbrante, hipnotizante, imponente y angelical con un ademán le solté una pregunta que podría ser bastante elemental en este punto. —¿Tambien te interesa ir al parque de atracciones?— Igual de cotilla en este punto quería saber de ella. —Nunca e ido a los cabos gemelos, creo que estaría interesante anotarse.— Ya que no tengo donde regresar mi brújula me dice que me anote, total, ir de isla en isla por el south suena un viaje sin demasiado propósito y si ella tenía alguna intención de ir allí estaría en una compañía que me agrada mucho.
Con unos pasos hacia el costado me metí en la fila e hice un poco de espacio para mi compañera. Que ella también se pudiera alistar si esa era su voluntad. Me alegra haberla encontrado de nuevo y una sonrisa tranquila se pinta en mi rostro, involuntaria, pero nada que remarcar que fuera algo especial. Si algo aprendí es que siempre hay que tener autocontrol.
Mientras estamos en la fila que avanza me agarré un periodico a ver si había algo de información. Al parecer allí podría haber alguna noticia buena. Ojeé por encima las imágenes y notaría. —¿Has notado que hay mucha marina aquí hoy? Pareciera que en lugar ir a un parque vamos a una guerra.— Pero claro eso es solo una idea que soltaría abierta para saber qué opinaba.
Muchos de los que siguen dando sus datos al hombre uno tras otro, rubios, morenos, altos y chaparros. Hasta que fuera nuestro turno que eventualmente llegó. Cómo todo buen caballero, di mi puesto para que ella pudiera anotarse antes. Mi vista esquiva, poniendo atención a mi alrededor escuchando la información que es más un registro, una asistencia. Que extraño que para entrar a un parque te pidan tu nombre, pero igual, puede ser para un número concreto de cuánta gente vino ese primer día y así hacerse más publicidad. Todos unos genios.
—Heras, oh… hmm… Sorbert? Hmm… No lo sé, ponga Humano.— La verdad que pidan este tipo de información personal y que yo no pueda darles una respuesta es un asunto incómodo y que avergüenza un poco. Solo podría dar la ubicación de la isla de la cual escapé y claro, yo no tengo idea de que raza soy, así que solo apunté a la que más ví de reojo en la lista. Igual y no es algo demasiado relevante, solo deseaba que esto no me fuera a traer problemas. —Asherah—
Clara mi intención de llamar su atención con un tono seguro, claro que estoy me hacía dudar un poco pero si me lo quedaba podrían no dejarme subir. —¿Tu eres la persona más parecida a mi, que raza eres tu?— Tras su respuesta mi atención cambiaría de dirección directamente al viejito del bigote. —¿Podría poner esa raza? Así me anota bien.— Igual y si Asherah no es de mi raza es lo más parecido que he encontrado, no hay mucha gente con alas negras que se me haya cruzado camino.
—¿Todo correcto?—
Ahora si podríamos seguir y abordar por que bastante que hice retrasar la fila. —Sabes, en su momento me gustaría tener mi propio barco.— Le compartí a mi acompañante mientras avanzaba en flujo de personas. —Cón lo que me gusta llevar, espero pronto tener los ahorros suficientes. Será un gran barco y podremos pasear en él.— Claro alguien que estaba acostumbrado a ser pobre un barco era como un sueño inalcanzable.
Sin embargo, no soy violento, no me pondré a buscar problemas con todo y cada uno de los que aquí están. Sería algo muy agotador y muy molesto, no es mi idea el ser un camorrero. No, mi idea es tomarlo con calma, tranquilidad absoluta. Me había agarrado de la idea de regresar a ese lugar del pasado que ya no existía. Las casas de color blanco y techos rojos, su aire tran tranquílo, solo quedaba la estructura, solo quedaba la estructura de las casas. Ahora está lleno de gente, movimiento, marines, tiene mucha vida y eso la ha hecho cambiar mucho. Me alisté cuidando el estado de mis alas, una limpiada con abundante agua en el baño de aquella posada. El agua en su punto, refrescante para este clima cálido y veraniego.
Tras un buen baño alistar su largo y lunar cabello ajustando en una cola alta. Está un poco más largo de lo usual, un poco pesado, pero creo que luce bien. Me haría un corte de cabello yo mismo al mirarme al espejo, para tener un aire diferente. Esperaba hoy lucir un poco mejor, me miré al espejo mal cortado que había en la posada y me arregle lo suficiente. Unos buenos aretes y el collar que me representa como el campeón de la trifuerza y un pantalón bastante más elegante que los harapos que suelo vestir. Negra, elegante, holgada, cómoda. No había que adornarse nada de manera adicional. Mi mejor prenda era mi propia piel y la exhibirá con orgullo.
Adicional a eso aprovecharía un pequeño presente de una voz del cielo y me pondría unas nuevas guanteras y punteras que bien son nuevas me servirían si algún borracho o pillo me quiere buscar problemas. Una pequeña cangurera en la que portaba algunos utensilios adicionales para el caso de emergencias.
Salir bajo el resplandeciente sol, mis alas expuestas y mi cangurera con mis provisiones bien guardadas. Siempre había que salir preparado. Ya luego de caminar desde la posada hasta donde la muchedumbre está haciendo turismo el calor comenzaba a sentirse acumulado. Movimiento, mucho movimiento, gente aprovechando las atracciones para hacer vida y la gente del pueblo aprovecha para hacer un buen dinerillo ya que las oportunidades muy poco se presentan. Caminé, crucé esquinas, pasé por donde la jefa tenía su cocina, ahí había conocido a Uker, pasé por las tabernas donde había tenido la oportunidad de conocer a runin, miyori, muchas otras visitas casuales que cruzaría en esta isla. Fue una buena época, una muy social. Me sentí un tanto nostálgico, pero fue un segundo efímero que se me escapó al recordar a una buena compañia.
Caminar por el suelo que ya no defino bien si es arena, si es madera, tanta gente caminando en cualquier dirección ya ha vuelto todo un popurrí de huellas. Son demasiada gente y sé que lo único que debes evitar son aquellos de blanco, con gorra y pañoleta azul. Si a los marines. Las atracciones habían hecho que las personas de todas las razas se hubieran hecho presentes y de entre todos había un grandulón que destacaba.
Parece que la altura de las razas había hecho de Baterílla un nido de gente de rasgos variados y eso me encanta. Me hace sentir más fácil de camuflar aunque para ser franco siguen siendo tan distintos a mi que igual tienen el efecto opuesto. Entre los turistas tenía que caminar con el ojo puesto ya que veía que se comenzaba a formar una fila frente a un hombre de bigote. Me gusta su estilo pero admito que me es demasiado peculiar. No comprendía mucho acerca de por qué se hacía la fila se formaba y la curiosidad vino a mi. Curiosidad que fue saciada al ver cómo una publicidad explicaba que era un viaje gratis.
Me quedé mirando con atención y meditando el sí sería una clara oportunidad de aventura. Mi pensamiento me abstrajo un instante hasta encontrar una voz cercana a mi. Me hizo voltear, pero no hacia atrás, no hacia un costado, fue hacia arriba, una voz agradable que me tomó por sorpresa el día de hoy. Sus alas majestuosas, su presencia única. Si, era ella, claramente. —Hola, hola, que sorpresa encontrarte aquí.— Claro, posicionado frente a la publicidad y junto a la fila que avanzaba me dí cuenta de que estaba bastante cerca del centro de atención. Mucha gente quiere ir al parque de atracciones. Siendo sincero me parece un poco extraño un viaje gratuito, pero si es una inauguración lo ideal es traer gente aunque eso te traiga deudas.
—Te ves impresionante.— Agregué con cierta confianza labrada y aprendida. Viendo a mi compañera, deslumbrante, hipnotizante, imponente y angelical con un ademán le solté una pregunta que podría ser bastante elemental en este punto. —¿Tambien te interesa ir al parque de atracciones?— Igual de cotilla en este punto quería saber de ella. —Nunca e ido a los cabos gemelos, creo que estaría interesante anotarse.— Ya que no tengo donde regresar mi brújula me dice que me anote, total, ir de isla en isla por el south suena un viaje sin demasiado propósito y si ella tenía alguna intención de ir allí estaría en una compañía que me agrada mucho.
Con unos pasos hacia el costado me metí en la fila e hice un poco de espacio para mi compañera. Que ella también se pudiera alistar si esa era su voluntad. Me alegra haberla encontrado de nuevo y una sonrisa tranquila se pinta en mi rostro, involuntaria, pero nada que remarcar que fuera algo especial. Si algo aprendí es que siempre hay que tener autocontrol.
Mientras estamos en la fila que avanza me agarré un periodico a ver si había algo de información. Al parecer allí podría haber alguna noticia buena. Ojeé por encima las imágenes y notaría. —¿Has notado que hay mucha marina aquí hoy? Pareciera que en lugar ir a un parque vamos a una guerra.— Pero claro eso es solo una idea que soltaría abierta para saber qué opinaba.
Muchos de los que siguen dando sus datos al hombre uno tras otro, rubios, morenos, altos y chaparros. Hasta que fuera nuestro turno que eventualmente llegó. Cómo todo buen caballero, di mi puesto para que ella pudiera anotarse antes. Mi vista esquiva, poniendo atención a mi alrededor escuchando la información que es más un registro, una asistencia. Que extraño que para entrar a un parque te pidan tu nombre, pero igual, puede ser para un número concreto de cuánta gente vino ese primer día y así hacerse más publicidad. Todos unos genios.
—Heras, oh… hmm… Sorbert? Hmm… No lo sé, ponga Humano.— La verdad que pidan este tipo de información personal y que yo no pueda darles una respuesta es un asunto incómodo y que avergüenza un poco. Solo podría dar la ubicación de la isla de la cual escapé y claro, yo no tengo idea de que raza soy, así que solo apunté a la que más ví de reojo en la lista. Igual y no es algo demasiado relevante, solo deseaba que esto no me fuera a traer problemas. —Asherah—
Clara mi intención de llamar su atención con un tono seguro, claro que estoy me hacía dudar un poco pero si me lo quedaba podrían no dejarme subir. —¿Tu eres la persona más parecida a mi, que raza eres tu?— Tras su respuesta mi atención cambiaría de dirección directamente al viejito del bigote. —¿Podría poner esa raza? Así me anota bien.— Igual y si Asherah no es de mi raza es lo más parecido que he encontrado, no hay mucha gente con alas negras que se me haya cruzado camino.
—¿Todo correcto?—
Ahora si podríamos seguir y abordar por que bastante que hice retrasar la fila. —Sabes, en su momento me gustaría tener mi propio barco.— Le compartí a mi acompañante mientras avanzaba en flujo de personas. —Cón lo que me gusta llevar, espero pronto tener los ahorros suficientes. Será un gran barco y podremos pasear en él.— Claro alguien que estaba acostumbrado a ser pobre un barco era como un sueño inalcanzable.
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