Jumpin' at the Woodside [Pasado] [Bones]
#3
El grito llegó como un latigazo.

Massimo se detuvo en seco. Un pie en el aire, a punto de apoyarse en la siguiente roca, suspendido en ese instante de desequilibrio que precede a cada paso. El fedora le sombreaba la cara, pero bajo el ala sus ojos se entrecerraron un poco más.

La voz venía de atrás. De abajo. De algún lugar entre la maleza y las piedras. Massimo giró el cuello, sin mover el cuerpo, como un animal grande que no necesita darse la vuelta para saber dónde está el peligro.

Vio a un hombre.

Subía por la colina con una agilidad que no pegaba nada con el traje que llevaba. Camisa blanca, pantalones negros, sombrero de copa. Y algo colgando del cuello, unos símbolos raros que brillaban con la luz de la mañana. Un tipo que parecía salido de un entierro de lujo, trepando rocas como si llevara toda la vida haciéndolo todos los días..

Massimo no se movió.

Esperó a que el hombre llegara hasta él. No porque quisiera, sino porque algo en ese grito le había helado el paso. No era miedo. Era... precaución. Esa voz no sonaba a loco ni a amenaza. Sonaba a urgencia. A alguien que sabe algo que tú no sabes y que es de vital importancia el compartir esa información.

El tipo llegó. Resoplando un poco, pero menos de lo que cabría esperar. Se plantó delante de él y Massimo pudo verlo bien. La piel morena, los ojos rojos, los tatuajes asomando por el cuello y los brazos. Y esa sonrisa. Una sonrisa que no sonreía de verdad, que solo enseñaba los dientes mientras los ojos miraban otra cosa.

Massimo esperó.

Tres segundos. Cinco. El silencio se alargó lo justo para que el otro notara que no iba a hablar primero.

-Colmena. -repitió al fin Massimo, con esa voz grave y plana que usaba para todo. -¿Qué colmena? ¿Estás tonto?

No era una pregunta. Era una petición de datos. El tipo había gritado "colmena" como quien grita "fuego" o "corre". Algo pasaba. Algo que él no sabía. Miró hacia los acantilados. Allá arriba, el camino seguía. Las rocas, los arbustos, el liquen que había venido a buscar. Todo parecía igual que siempre. Pero algo en la forma de mirar del desconocido le hizo fijarse mejor.

Nada. No veía nada.

-Avispas, ¿verdad? -dijo, sin apartar la vista de las alturas. -Supongo que hablas de avispas.

Otra constatación. Si el tipo había subido corriendo a gritarle que parara, no era porque hubiera un tesoro más arriba. Era porque había algo peligroso. Y en una selva, lo peligroso solía tener alas y aguijón.

Massimo suspiró con pesadez.

-Las había oído...- Dijo, como si hablara solo -Pensé que eran pájaros.

Y era verdad. Había oído un zumbido rato atrás, un zumbido denso, diferente al de los insectos normales. Pero en la selva todo zumba, todo canta, todo hace ruido. No le había dado importancia. Ademas, cuando Dooti escucha algo extraño, o directamente, peligroso, tiende a marcharse en dirección contraria.

Se llevó la mano a la bolsa. Dentro estaban las plantas, las raíces, los hongos azules. Nada que mereciera morir por ello.

Miró al desconocido. De arriba abajo. Otra vez. Los ojos rojos, los tatuajes, la ropa de entierro, la forma en que se movía. Alguien que sabía cosas. Alguien que conocía la zona tanto, si no es que mas, que él. Alguien que, por la razón que fuera, había decidido evitar que él se metiera en un lío.

-Gracias. -Dijo tajante.

La palabra salió seca, corta, sin adornos. No era un "gracias" cálido ni agradecido. Era un "gracias" de manual, de esos que se dicen cuando alguien te sujeta una puerta. Lo justo para que el otro supiera que no era un desagradecido, pero sin comprometerse a nada más.

Luego se giró. No para irse, no todavía. Solo para mirar de nuevo hacia los acantilados. El liquen estaba allí arriba. A unos cientos de metros. Justo donde el zumbido parecía más fuerte.

-¿Hay otra zona? -preguntó sin mirar al tipo mientras parecía estar buscando algo en el interior de la gabardina. -Donde crezca liquen. El que sirve para heridas.- 

Porque eso era lo importante. No las avispas, no el peligro, no el tipo raro de ojos rojos. El liquen, la señora, el niño con fiebre. Eso era lo importante.
Para cuando terminó la frase, descubrió sus maltrechas manos del interior de la gabardina, una de ellas, sujentando un par de guantes de cuer, los cuales, se colocó con firmeza.

Si había otra forma de conseguirlo, la buscaría. Si no... bueno. Ya pensaría algo.

Mientras esperaba respuesta, se ajustó el fedora. Un gesto automático, de esos que hace la gente cuando no sabe qué hacer con las manos. La gabardina le pesaba en los hombros. El calor apretaba. El zumbido, allá arriba, seguía sonando.

A lo lejos, las avispas coloradas empezaban a despertar.
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RE: Jumpin' at the Woodside [Pasado] [Bones] - por Massimo Dooti - 08-03-2026, 09:12 PM

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